Capítulo 45

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Capítulo 45 | "Asesina"

Madison Morosova

Han pasado cinco días, según mis cálculos, desde que llegué a este pútrido lugar, dos días desde que torturaron a Alek de esa manera tan atroz, tres días desde que me hirieron la espalda a latigazos.

Mis heridas duelen, duelen cuando me muevo o cuando realizo esfuerzos, aun cuando ya parecen estar cicatrizando, sin embargo, me preocupan las heridas de Alek. La herida de bala en su brazo parece estar sanado bastante bien al igual que el corte en su espalda, sin embargo, las heridas de su mano son otra historia.

Los cortes en su mano no están sanando como corresponden, la piel a su alrededor está empezando a oscurecerse, la herida no ha dejado de supurar y la última vez que cambié sus vendas, un mal olor ha empezado a desprenderse de sus heridas. No ha bajado su fiebre ni tampoco el dolor.

Ya no sé si rogar para que alguien nos saque de aquí o, por el contrario, para que nos asesinen de una buena vez.

No nos han alimentado lo suficiente y he tratado de disminuir mis raciones de comida para entregárselas a Alek, sin que él se percate, claro, dado que él es quien se encuentra más débil de los dos en este momento. Nos han cortado el suministro de agua, por lo que ducharse ha sido imposible. Apestamos, física y mentalmente, además que sin el uso del agua se dificulta poder mantener limpias las heridas de mi hermano.

— ¿Crees que ellos estén buscándome? — cuestiono hacia Alek, quien tiene su cabeza apoyada en mis muslos mientras su cuerpo se sacude ligeramente con temblores a causa del dolor, paso mis manos por su cabello tratando de tranquilizarlo.

— Claro que lo hacen.

— ¿Cómo estás tan seguro? Puede ser que sólo les haya quitado un peso de encima cuando me fui.

Una parte de mí, la que no está siendo nada racional, mantiene la esperanza de que las palabras dichas por los hermanos Blackwolf no fueran más que palabras expresadas desde su boca, no desde su corazón. Sin embargo, sé que una parte de estos pensamientos son producto de la pequeña esperanza por salir de aquí.

La parte rencorosa de mi interior no deja de repetirse una y otra vez todas las palabras que dijeron sobre mí, sobre nosotros. Se repiten como una grabadora vieja en mi memoria, haciendo que continúen lastimándome con sus acciones.

— Estoy seguro de que ellos estarán poniendo a toda España en un completo caos para encontrarte — habla Alek, cerrando sus ojos y relajándose bajo las caricias de mis manos — Es lo que yo haría por ti.

— Pero tú eres mi hermano.

— Annika, ¿realmente dudas del impacto que tienes sobre ellos?

— Nunca fueron honestos conmigo sobre lo que sentían hacía mí, más allá de posesión y dominio.

— Que no hayan dicho que te quieren, no significa que no lo hagan.

Dudo un poco sobre las palabras de Alek, pero ruego en mi interior que sean verdaderas, que los Blackwolf estén buscándome, que no se rindan conmigo, que me saquen de este horrible agujero.

También, ruego para no rendirme con ellos.

— ¡Muévete!

Tironean de mi brazo con fuerza, esta vez no pongo resistencia por miedo a que lastimen aún más a mi hermano, quien cada vez se encuentra más débil.

Vislumbro la jaula mortal alzarse frente a mí y un escalofrío recorre mi espalda, en el suelo aún hay manchas de mi sangre tras los latigazos, de la sangre de los tipos que Alek masacró y de su sangre cuando ingresó su mano en repetidas ocasiones en la caja llena de cuchillas.

As de CorazonesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora