Capítulo 24

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Capítulo 24 | "Primer encuentro, Parte II"

Madison Davis

El sorprendente parecido que manejo con Alek me encuentra desconcertada, pese a verlo por la pantalla de la habitación de al lado, tenerlo frente a mi es aún más impresionante. Mi corazón se encoje ante la mirada anonadada y llena de dolor que me devuelven sus ojos azules idénticos a los míos.

Cuando intenta acercarse no logro soportarlo por lo que me encuentro buscando refugio en el cuerpo de Kace, aunque también logro sentir como la ira se apodera de cada parte de mi cuerpo queriendo reprocharle cómo es posible que él supiera de mi existencia todo este tiempo y yo desconociera la suya. Quiero reprocharle de por qué creyó que estaba muerta y tampoco se molestó en comprobarlo. Reprocharle cómo puede trabajar con una basura como lo es Egor.

Veo su rostro sorprendido cuando le hablo en ruso con un tono de voz que podría confundirse con el frío de los inviernos rusos.

Sus ojos pasan de estar sorprendidos mínimamente a estar de nuevo furiosos, la chispa en sus ojos azules compitiendo con la mía. Alza su mentón de manera imponente y no pierdo el tiempo igualando sus acciones mientras cuadro los hombros en una posición defensiva.

Dos pueden jugar a este juego, hermanito.

¿Crees que yo te abandoné? — su voz es incrédula, aunque suena un poco más oscura y grave al utilizar el ruso.

Pues eso parece, ¿no?

¡Te vi morir frente a mí! — enfurece — ¡Diablos, lloré tu maldita muerte!

¿Mi muerte?

¿Qué? ¿Mi muerte? ¿Qué cojones estás diciendo?

¡Moriste frente a mis ojos, Annika!

¡Si ni siquiera sabía que existías hasta hace unos días!

Parece descolocado con la afirmación, piensa refutarme de nuevo hasta que Connor interfiere.

— Muy bonito el reencuentro familiar, pero será mejor que empiecen a hablar en un idioma que todos manejemos o esta conversación terminará aquí.

Alek y yo nos perforamos con la mirada, ambos molestos el uno con el otro, vuelve a tomar asiento en su lugar con sus dos hombres flanqueando su espalda, Kace toma asiento en el lugar que estaba y tira de mi cuerpo hasta que me encuentro sentada sobre sus piernas.

Una de las manos de Kace se coloca sobre mi muslo, mientras que coloca la otra demasiado cerca de mi trasero. Alek frunce el ceño al ver el gesto, pero se muerde el interior de su mejilla sin opinar nada al respecto, Connor y Oliver toman asiento en las sillas al lado de Kace.

— ¿Mamá no te habló de mí? — cuestiona finalmente Alek.

— Melissa no era muy comunicativa al parecer — hablo refiriéndome a mamá por su nombre.

— Mamá siempre me habló sobre ti, Annika — veo como pasa las manos por su rostro con frustración — Joder, me hablaba de ti siempre, me enseñaba fotografías tuyas cada vez que iba a visitarme.

— ¿Y dónde se supone que estabas?

— Egor me llevó a una de sus propiedades en Córdoba y me dejó ahí para que sus más letales hombres me criaran — sus ojos se vuelven sombríos ante la mención de mi padre — Para que me convirtieran en un arma viviente. Al fin y al cabo, yo era su primogénito.

— Mamá nunca te mencionó, me enteré de ti hace poco.

Una sonrisa triste inunda sus facciones.

— Mamá no venía a verme mucho, pero cuando Egor la dejaba hacerlo, eran las mejores horas de mi vida. Siempre me hablaba de ti. Llevaba fotografías siempre, las cuales Egor nunca dejaba que conservara y terminaba rompiéndolas frente a ella, pero las grababa a fuego en mi memoria — explica — Egor nunca me dejó verte, cada vez que hablaba de ti con él o me escuchaba preguntando sobre ti sabía que me esperaba una paliza de sus hombres.

As de CorazonesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora