Capítulo 50

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Capítulo 50 | "Pesadillas"

Kace Blackwolf

Madison duerme tranquilamente en la habitación de la casa en la que nos hemos hospedado, es nuestro segundo día aquí. Luego de ella quedarse dormida la otra noche no pude conciliar el sueño, me embargaba una sensación de tranquilidad que no podría explicar, el finalmente sentirla entre mis brazos fue algo embriagador, me perdí en el lento ritmo de su respiración, en lo tranquilo que se veía su rostro mientras finalmente conseguía descansar luego de tantos días, en cómo sus pestañas hacían sombra en sus pómulos por lo largas que eran, cómo sus mano se aferraban con fuerza a la camisa de Connor mientras la otra se aferraba fuerte a mi pecho, me perdí en cómo parecía que cuando algo la perturbaba en sueños, ella se aferraba más a nuestros cuerpos, borrando cualquier espacio entre nosotros.

Y también estaba malditamente aterrado.

Nunca había experimentado nada de lo que Madison me hacía sentir, sabía que sentía un enfermo deseo de posesión hacia ella, me mataba la idea de pensarla con alguien más que no fuéramos nosotros, me mataba la idea de pensar en otras manos tocándola, en otros labios besándola, en otra persona escuchando esos deliciosos sonidos que hacía cuando se encontraba en el limbo del placer y otros ojos viendo como su cuerpo se contorsionaba en éxtasis. Como su rostro se contraía en muecas placenteras ni como sus ojos adquirían esa tonalidad oscura cuando se excitaba, odiaba la idea de pensar en otra persona adueñándose de cada gemido e impregnándose de sus fluidos, tenía una peligrosa posesión sobre ella.

Pero ya no era algo plenamente carnal, porque también comencé a odiar la idea de que alguien más fuese testigo de la sonrisa tierna que nos dirigía, de cómo sus ojos parecían brillar cuando veía algo que le gustaba, cómo se sonrojaba cuando mis hermanos o yo le hablábamos sucio, cómo su cuerpo encajaba perfectamente con el nuestro cuando dormíamos y su respiración acompasada se sincronizaba con la nuestra, odié pensar que alguien más escucharía esa risa ligera que la caracterizaba, o que quizás alguien más amaría el olor a vainilla y frutos secos que siempre desprendía su piel, la manera en que su mano encajaba perfectamente con la mía.

Estaba jodido, realmente jodido.

Las dos semanas que no pude tenerla conmigo fueron una maldita agonía, me mataba la idea de que le hicieran daño. Estaba esperando con todas mis fuerzas poder llegar a casa pronto y encargarme personalmente de cada maldito ser que se atrevió a tocarla, la rubia era un ser de luz que estaban tratando de apagar y yo me encargaría de aniquilar a cualquiera que osara perturbarla.

Las heridas que presentaba en su cuerpo no hacían más que aumentar mi furia.

No dejaba de mirarla mientras ella dormía tranquilamente, había logrado conciliar el sueño nuevamente luego de la terrible pesadilla que la embargó. Comenzó a sacudirse con fuerza mientras en sueños suplicaba a alguien que se detuviera, que no la miraran, que dejaran de tocarla, gritó mientras con sus manos raspaba con fuerza su torso como si intentaba borrar el rastro de manos ajenas y finalmente logramos despertarla, se aferró a nuestros cuerpos con fuerza mientras sollozaba y su cuerpo temblaba en terribles espasmos por el pánico que sentía, luego de eso se encargó de ir a la cocina con Oliver donde devoró todo lo que tenía en frente, lo que me hizo volver a observar su cuerpo, se veía aún más frágil que antes por el peso que había perdido estas dos semanas a falta de comida. Luego de eso volvió a quedarse dormida.

— Una parte de mi quiere saberlo, la otra cree que es mejor si no lo sé — exclamó Oliver mientras también miraba a la rubia.

— Tengo que saberlo, así sabré de qué manera aniquilarlos — difirió Connor.

As de CorazonesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora