Capítulo 48

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Capítulo 48 | "Sucia"

Madison Morosova

Los hombres de Egor forman varias hileras y emprenden en varios grupos hasta donde han detonado las explosiones mientras mi padre ladra órdenes y sus hombres restantes lo escoltan hacia un lugar seguro.

Varios hombres vestidos de negro empiezan a disparar hacia los hombres que intentan retenernos, uno de ellos cae muerto a los pies de Alek, quien no pierde el tiempo en desarmarlo, también le quita la camiseta y me la entrega.

— Póntela — me ordena.

Tomo la camiseta entre mis manos temblorosas, las lágrimas siguen bajando por mis mejillas, no puedo moverme, trato de hacerlo, pero me encuentro paralizada, mis pechos se sienten pegajosos y me siento asquerosa.

Sucia.

Sucia.

Estoy sucia.

Alek maldice por lo bajo y me ayuda a colocarme la camiseta, cubriendo mi desnudez nuevamente.

— Cazaré a esos hijos de puta — gruñe Alek con una furia atroz, sin embargo, su tacto es delicado cuando alza mi mentón y limpia las lágrimas de mi rostro con sus pulgares. No dice las palabras solo por hacerlo, son una maldita promesa.

Tira de mi mano para ocultarnos tras uno de los pilares mientras una ráfaga de balas casi nos intercepta, lo primero que hace es cubrir mi cuerpo con el suyo.

— Tengo cinco balas — murmura mientras observa en el cargador de la pistola que robó del cadáver.

Vuelve a tirar de mi cuerpo cuando las balas se detienen, encaminándonos al pasillo.

— ¡La salida es hacia la izquierda! — lo guío, recuperándome momentáneamente, ya tendré tiempo para sentirme mal luego — Son dos izquierdas y luego a la derecha.

— ¿Lo memorizaste?

— Claro que lo hice.

Alek corre conmigo mientras tratamos de no toparnos con ningún hombre de Egor que nos vuele la cabeza, mis pies duelen al estar corriendo sobre el concreto, dado que seguimos descalzos y asumo que a Alek le pasa lo mismo.

— ¡Abajo! — tiro del brazo de Alek que cae al suelo conmigo cuando los hombres de Egor nos encuentran en uno de los pasillos, de esa manera nos arrastramos hasta la entrada que se encuentra en nuestra derecha y Alek cierra la puerta, frente a nosotros se encuentra una pequeña bodega con suministros, entre ellos, varias botellas de agua y comida empaquetada.

— Sólo cinco balas, cinco tiros — Alek se repite — No puedo fallar.

Nos colocamos detrás de los suministros, dos hombres y una mujer ingresan al lugar, Alek no pierde el tiempo en dispararles a cada uno en la cabeza, aunque chillo cuando una bala me roza en la pierna.

Me trago el dolor e intento levantarme, pero veo que Alek aún no se mueve, por el contrario, con sus manos rasga las cajas de las botellas y saca una de ellas.

— No es momento para tomar agua, Alek — digo mientras cierro la puerta de nuevo, los disparos se han alejado, pero debemos seguir alerta.

— Ven aquí.

— Alek...

— Que vengas.

Camino hasta estar frente a él, quien ha destapado la botella y con su otra mano levanta ligeramente mi camiseta.

— ¿Puedo? — pregunta.

Mis ojos se llenan de lágrimas mientras asiento, dejo que termine de levantar la camisa. Alek, sin despegar sus ojos de los míos y, sin inmutarse por mi desnudez, se encarga de derramar el agua sobre mis pechos, la misma que termina por salpicar nuestros pies. Borra todo el rastro de lo que los Corella dejaron en mi cuerpo, de lo que esos hombres hicieron conmigo, luego baja mi camiseta de nuevo, la cual se adhiere a mi cuerpo por la humedad de mi piel.

As de CorazonesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora