Capítulo 64

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Capítulo 64 | "Rubia tonta"

**Momentos sucedidos mientras Madison seguía sin despertar**

Madison Blackwolf

No sé dónde estoy, camino por un hermoso camino rodeado de piedras blancas. Mis pies se encuentran descalzos, sin embargo, el suelo no lastima mis pies, es como si las piedras no pudiesen hacerme daño.

Porto un hermoso vestido blanco largo, mis pies se mueven solos mientas continúo caminando, hasta que finalmente reconozco donde me encuentro.

Es una de las propiedades de los hermanos Blackwolf, la cual destinaron específicamente para mí. El hermoso camino de piedras blancas finalmente me lleva a la hermosa fuente de mármol, que parece resplandecer con el atardecer en el cielo. Hay hermosos árboles a cada lado de la lápida blanca frente a mí

Leo el nombre escrito en la piedra, aun cuando me lo sé de memoria.

Olivia Marriot.

Es la tumba de Livvie.

Los hermanos Blackwolf hicieron todo esto, es un hermoso lugar rodeado de árboles frondosos, un pequeño lago al fondo y varias estatuas hermosas. Es el lugar perfecto para que Livvie finalmente pueda descansar en paz, ellos construyeron esto justo para ella, lo recuerdo, me trajeron aquí hace unos días.

Entonces, ¿qué hago aquí?

— Esa misma pregunta me hago en este momento — susurra una voz a mi lado que me petrifica completamente — ¿Qué haces aquí, rubia tonta?

— Livvie — susurro, atónita.

— ¿Qué? ¿No vas a darme ni un solo abrazo?

No pierdo el tiempo en rodear su cuerpo con mis brazos, ella ríe levemente, devolviéndome el abrazo. No sé en qué momento las lágrimas comienzan a bajar por mi rostro, se convierten en una catarata de llanto que no sé cómo controlar.

Inhalo su aroma, esperando que mi cerebro pueda grabarlo a fuego en mi memoria. Palmeo su cuerpo con mis brazos como si necesitara confirmarme que ella es real, que está aquí, conmigo.

Aunque no lo es.

Su tumba sigue frente a mí.

— No tenemos mucho tiempo — susurra Livvie, rompiendo nuestro abrazo — Aún no es tiempo de que estés aquí, Mady.

— El tuyo tampoco lo era — sollozo — Tú deberías estar ahí, conmigo.

— Al menos puedes tener la oportunidad de despedirte, ¿no? — Livvie sonríe — No pudimos despedirnos antes.

Rompo a llorar de nuevo, ella se encarga de abrazarme, tal como lo hacía cuando éramos adolescentes. La vista de su lápida solo me hace estremecerme aún más.

— Sabes que no te culpo de nada, ¿verdad? — insiste Livvie — Nada de lo que pasó fue tu culpa.

— Te asesiné.

— Fue en defensa propia, Madison. Yo ni siquiera sabía lo que hacía, estaba muy perdida en mi nube de drogas. Yo tampoco quise lastimarte. Y tú ni siquiera sabías que se trataba de mí.

— Tendría que haberme detenido — me lamento.

— Hubiera muerto de todas formas, Madison — se queja Livvie — Las drogas terminarían matándome. Lo tuyo fue piedad, fue rápido. Era la mejor muerte que podría haber imaginado para mí.

As de CorazonesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora