Capítulo 59

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Capítulo 59 | "Gemelos Morosov"

Madison Blackwolf

Caminaba de un lado para otro mientras mi teléfono se encontraba sobre la mesita de centro de la sala, donde su pantalla se encontraba encendida mientras brillaban tres puntos rojos en el centro de ella. La ubicación de los hermanos.

No se movían, habían pasado dos horas y un poco más y ellos seguían sin moverse de ese maldito punto, en el cual, sabía que Francisco y Mirella se encontraban.

— Si sigues caminando en círculos, harás un hueco en el suelo — se burló mi hermano.

Estaba sentado al fondo de la habitación mientras tomaba despreocupadamente un vaso de whiskey, sobre sus piernas se encontraba Yulia, la cual deslizaba sus manos por el corto cabello rubio de Alek, desordenándolo, y a él parecía no importarle en absoluto.

Se veían lindos juntos, pero ni así podía concentrarme.

— No se mueven de ahí — me quejé.

— Eso he visto.

— Llevan mucho tiempo ahí.

— El lapso que nos dieron fueron de tres horas, Annika — comentó — Debemos esperar a que pase ese tiempo y luego actuar.

— Falta sólo un cuarto de hora para ello — me quejé de nuevo.

— Sí, pero hasta que no se cumpla ese plazo, no nos moveremos de aquí.

Yulia me dedicó una pequeña sonrisa comprensiva, pero tampoco le llevó la contraria a mi hermano.

¿Y si algo les había pasado?

¿Y si estaban en peligro?

Eran los hermanos Blackwolf de quienes estábamos hablando, claro que no corrían peligro con nada, mucho menos aquí en España, gobernaban toda la ciudad. Pero había una remota posibilidad de que las cosas salieran mal, podrían salir heridos, las cosas con Francisco podrían voltearse en nuestra contra y crear una guerra, había que evitar escenarios negativos a toda costa, más cuando ya estábamos tan cerca de alcanzar nuestro objetivo final, atrapar a Egor.

Los minutos pasaban de una manera bastante lenta, aún más de lo normal, o al menos así me parecía, hasta que llegó, tres horas.

Tres horas exactas.

Sin noticia de los hermanos, la ubicación marcando exactamente el mismo punto que hace unos minutos, sin cambio alguno.

— Alek...

— Ordena, Annika.

— ¡Frank! — llamo a la mano derecha de sus hombres.

— Dígame, barbie.

— Partimos en diez minutos, quiero a los mejores hombres en el operativo — ordené — Quiero que salga un grupo inmediatamente y comiencen a peinar la zona antes de que lleguemos para saber cuál es el panorama, quiero inhibidores de frecuencia en la zona que eviten que los colombianos se comuniquen entre ellos.

— Sí, señora.

Iría por mis lobos y los traería de vuelta, con el premio de traer a Mirella para cobrarme cada una de las cosas que sufrí en el encierro.

Mis hombres rápidamente rodearon el muelle en Barcelona, francotiradores en lugares cercanos informándome sobre la situación, entre ellos mi hermano. Yulia había decidido quedarse en la mansión aguardando por nosotros.

As de CorazonesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora