Capítulo 11

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Capítulo 11 | "Lealtad"

Madison Davis

Bajo de la camioneta, rodeada de los lobos.

Kace tiene una mano en mi espalda baja, guiándome, mientras ingresamos a los grandes almacenes.

Motores de grandes automóviles y motocicletas resuenan en los hangares y en las calles, preparándose para las carreras, veo como Oliver se dispersa, dejándome con Connor y Kace.

Las personas giran a mirarlos, me observan confundidos y puedo imaginármelo, ¿qué hace una chica con los lobos? ¿quién es ella?

Me pego más al cuerpo de Kace quien me guía entre la multitud, aunque no es necesario, la gente se aparta de su camino, o los guardaespaldas se encargan de apartarlos a empujones. Connor también desaparece de mi vista.

Llegamos al centro del hangar, donde Kace sube unas escaleras hasta llegar a una especie de bodega, sus guardias le abren la puerta y él ingresa. Tras la mesa del escritorio se encuentra un hombre gordo y calvo, quien pega un respingo apenas lo ve.

La seguridad del hombre alza sus armas ante el ruido de la puerta y dirigen su mirada hacia Kace, el cual les sonríe de manera sombría, mientras sus hombres ingresan tras él. La seguridad del tipo tras el escritorio baja sus armas, saben quién es Kace y lo que representa, saben que es intocable.

— Kace, amigo mío — dice el hombre, su voz tiembla ligeramente. Está nervioso.

— Déjenlos — exclama Kace a los guardias del hombre, los cuales no dudan en salir, dejando a su jefe a merced de Kace y sus escoltas.

Kace le hace unas señas a sus hombres, los cuales levantan de manera un poco brusca al hombre de su asiento, son máquinas de matar que le rinden lealtad al pelinegro a mi lado, son masas de músculos y dolor que no dudan en seguir cada orden que lancen los lobos.

Cada uno de estos hombres ha jurado lealtad absoluta a los Blackwolf, por ello llevan el tatuaje del lobo en su mano.

Kace tira de mi cuerpo, aparta las cosas que se encuentran en el escritorio de manera despreocupada, coloca sus fuertes manos en mi cintura y me sienta sobre la mesa.

Se acerca hasta que su rostro está cerca del mío, su tacto y cercanía me desestabilizan, aunque no por las razones que debería. Mis mejillas se sonrojan y logra ponerme nerviosa en segundos, lo sabe, porque la burla brilla en su mirada grisácea.

— Mira y aprende, muñeca — susurra.

Kace voltea de nuevo hacia el hombre, mientras recuesta relajadamente su cuerpo en el escritorio, su cuerpo al lado del mío.

— He escuchado que creaste una nueva mercancía, de la cual no me has informado.

El hombre palidece un poco con las palabras de Kace.

— Lo iba a hacer pronto, de verdad.

Kace ríe sarcástico.

— Pero ese no era el trato, ¿o sí, Hank? — el nombre niega rápidamente — Recuérdame, Hank, ¿cuál era el trato?

— Señor Blackwolf, yo le juro que....

— ¿Cuál era el trato? — esta vez pregunta se extiende con un tono más afilado, saca un puñal de su espalda y lo gira distraídamente entre sus dedos, su mirada oscura fija en el hombre de pie frente a él.

— El trato era que yo podría vender tu mejor mercancía en mis bares y, si surgía alguna nueva mercancía en mis laboratorios, te lo haría saber de inmediato — comenta el hombre, con voz queda.

As de CorazonesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora