𝐀𝐥𝐚𝐧𝐚
Tuve que ir a trabajar sin apenas dormir y eso me ponía de muy mal humor. Aunque la carrera hubiera salido como yo quería había algo que no paraba de rondarme la cabeza... Darío, el mejor amigo de mi primo. Ese idiota prepotente que parecía no haberse cruzado nunca con alguien que le parase los pies alguna vez en su vida. Hijo de padres ricos, en pocas palabras un mimado. Y eso que no tuve que hablar con mi primo para averiguarlo.
-Buenos días Alana. -Me saludó mi jefe Bob.
Era un señor mayor, regordete y muy agradable. Es muy buen jefe. Lo más parecido a un abuelo que había tenido desde que me fui de casa de mi madre. Ella me había estado ocultando cosas y una de ellas era que mi primo había estado muy mal hasta hacía poco. Así que decidí escaparme y vivir sola. Pero me estaba costando, incluso con lo que Bob me pagaba y cuando reducía gastos.
-Buenos días Bob. -Dije medio durmiendo y me puse el uniforme. Él se rió sabiendo que la noche de antes había estado compitiendo otra vez. La primera vez que me pilló la policía, él vino a por mí. Ahora era el que había convencido a la policía para dejarnos un espacio durante algunas horas para nosotros sin molestar a nadie. Todo el pueblo lo quería pero nosotros estábamos en deuda con él.
Atender a la gente me irritaba pero era el único trabajo que podía tener. Bob me ofreció este trabajo cuando dejé los estudios al mudarme aquí y me ofreció el trabajo cuando vio que solo traía algo de ropa y la moto. Era lo único que tenía para poder subsistir así que no podía quejarme. Tenía que intentar aguantar lo máximo posible.
Estaba casi terminando mi turno cuando entraron Nathan, Eric y ese chico con el que se quedaba a dormir Nathan.
-¡Primita!
-¿Qué quieres molestia con rizos? -Sonreí al verlo feliz y le moví el pelo.
-Queremos invitarte a cerveza después de trabajar, en mi casa. -Sonrió.
-En realidad es mi casa...da igual. -Dijo Darío y se calló mirando al local. Parecía un poco molesto pero al ver a Bob sonrió y lo saludó. Una sonrisa tranquila.
-Pues esperad sentados, todavía me queda trabajo. -Me di la vuelta y seguí atendiendo intentando parecer amable.
Bob me había reñido más de una vez por, según él, ser demasiado borde con los clientes. Él era como un señor hecho de algodón de azúcar, no era mi culpa ser peor que él.
Llegué a su mesa y el compañero de piso de mi primo me paró.
-Tráenos algo de picar. -Me sonrió pero se notaba que lo hacía para molestarme. ¿Eso era por lo de ayer?
-Estamos casi cerrando, dejad de dar por culo y acabaré antes. -Lo miré mal.
Me miró sonriente y negó haciendo un ruido muy molesto con la boca. No sabía porque mi primo era amigo de un idiota tan grande como él, eran el día y la noche completamente. Pondría la mano en el fuego por qué no tienen nada en común. Seguramente Darío no pasaría tiempo en casa y Nathan podía hacer lo que quisiera.
-Así no se le habla a los clientes. -Escuché como los demás se reían y lo miré sonriente. Estaban muertos.
-Los clientes pagan. -Me di media vuelta y pasé de ellos hasta terminar.
-Todavia ni he pedido. -Le escuché decir.- Que arisca es tu prima.
Cuando terminé de cambiarme me despedí de Bob, quién también se despidió de los chicos con una gran sonrisa, y salí para encontrarme con los chicos. Estaban apoyados en la furgoneta de Eric que por cierto llevaba solo dos asientos. Para ir a las competiciones estaba bien pero ahora éramos 4 y no había donde meterse.
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Siempre fuimos nosotros
Fiksi RemajaUn libro donde el mundo del motor y el boxeo se unen. Todo el mundo tiene secretos pero... ¿Todo el mundo está preparado para saber los de su pareja? Bueno, o casi pareja... Darío llega a una carrera ilegal a la que lo invitó su mejor amigo, allí c...
