𝐃𝐚𝐫𝐢𝐨
Resoplé y me tomé el café mientras la escuchaba hablar sin parar .
Nathan entró con los ojos pegados y se sentó al lado de Alana, puso la cabeza sobre la encimera y ella le acarició el pelo. Parecía hasta simpática y todo, obviamente con los demas. Conmigo solo cuando estábamos solos. Los escuché hablar, bueno, Nathan lo intentaba y ella seguía acariciándolo. Alana me miró y le di otro sorbo a mí café, le había echado demasiado azúcar.
-Hazle un Cola-cao. -Dijo a modo de orden.
-¿Es que tú no puedes? -La miré mal, a mí nadie me daba órdenes, menos ella.
-Después de eso ¿Me ves capacitada?-Señaló la sartén negra y todavía con humo.
-Siempre puedes aprender. -Sonreí y ella bufó. -Es solo echar leche en un vaso, el Cola-cao está en el estante de arriba.
Me miró tan mal que pensé que me escupiría pero se bajó de la encimera y fue al frigorífico.
La seguí con la mirada.
Sacó la leche, la echó en un vaso, abrió el cajón para sacar la cuchara y fue al estante donde estaba el Cola-cao, al ver a la distancia que estaba se puso de puntillas. Intentó cogerlo pero estaba muy atrás y no pude evitar reírme al verla así. Como una niña pequeña que necesitaba ayuda. Me reí tanto que acabe haciendo que Nathan alzara la cabeza y la mirara también.
Me acerqué por detrás para ayudarla y me pegué a ella para cogerlo. Nuestros cuerpos se rozaron, nuestras pieles se pusieron de gallina. Miré hacia abajo un poco y vi como ella alzaba la mirada y me miraba preguntando que estaba haciendo.
Al alejarme Nathan me miró y susurro.
-¿Qué cojones estás haciendo tío? Te estabas arrimando mucho. -Estaba muy molesto.
-Solo quería ayudarla no me di cuenta.
-Si te cae mal ¿Para que quieres ayudarla? Ya te dije que te alejes.
Cada vez se estaba volviendo más pesado con el tema. Me estaba empezando a molestar. Miré de nuevo a Alana y la vi buscando en el cajón de los cubiertos un cuchillo.
¿Iba a apuñalar el Colacao?
Lo metió entre las rendijas de la parte de abajo del estante y acercó el bote hasta que cayó. Lo agarró antes de que tocara el suelo y echó dos cucharadas a la leche que después le dio a su primo. Me miró orgullosa y rencorosa. A veces me parecía insoportable.
-Eres una enana. -Se rio Nathan aún medio dormido.
-Y tú un vago, como me vuelvas a agradecer un favor así será la última vez que te lo haga. -Bufó.
Me terminé el café mientras los escuchaba discutir. Dejé la taza en el lavavajillas y bajé al garaje para entrenar un poco. Tenía una pelea esa noche. No era legal, pero algunos de los que competíamos necesitábamos quitarnos el mono de vez en cuando así que le alquilábamos el Rin a los dueños de un gimnasio y de vez en cuando íbamos allí, para recuperarnos de las lesiones o las nuevas técnicas.
Llevaba un buen rato cuando Alana bajó y se puso a desmontar su moto. Intenté concentrarme pero notaba sus ojos en mí, lo raro era que cada vez que volteaba estaba de espaldas, y él tintineo de las herramientas contra las piezas. Pensé que me estaba volviendo loco por el ruido que hacía y que lo estaba haciendo a posta. Paré el saco con una mano furioso y la miré.
-¿Puedes para?
Se dio la vuelta para mirarme. Tenía las manos negras y las mejillas rojas de la calor que tenía que estar pasando tan cerca del motor de la moto. Aunque no estaba en marcha. El pelo lo tenía revuelto y me miraba sería.
-No. -Se agachó y siguió desmontándola.
Bufé y la observé.
Parecía que sabía perfectamente lo que hacía. Pero si verdaderamente lo sabía ¿Para que me necesitaba a Gabi? Las partes que le quitaba a la moto las dejaba a un lado y las ponía en línea. Lo ordenada que era para estas cosas contrastaba totalmente con como tenía su habitación. Cuando ya estaba casi desmontada del todo se levantó, fue al lavabo y mojó un paño.
-¿Tienes pensado dejar de mirarme en algún momento o tengo que llamar a Nathan para que se enfade?
-Tu primo no me da miedo. -Me crucé de brazos.
-Lo sé. -Se giró para mirarme e hizo lo mismo con el paño en un hombro y la trenza apoyada en el otro. -Pero algo de respeto te da.
-¿Para qué es el paño? -Intenté cambiar de tema.
-Para limpiar algunos plásticos de la moto antes de montarla no todo es cambiar o tirar porque estén rotas. Eres curioso eh. -Sonrió y me volvió a dar la espalda.
Miré al suelo evitando la sonrisa y me puse a su lado. Me miró con una mezcla de confusión y asco. No sabía que le pasaba conmigo pero tampoco que me pasaba a mí con ella.
-Hagamos un trato, yo te ayudo a limpiarlo todo, así acabas antes y me dejas entrenar ¿Quieres?
Me miró confusa y sonrió ligeramente.
-No te estoy obligando a que dejes de hacerlo.
-Lo sé, pero el ruido me molesta.
-Y a mí tú y no te saco a patadas. -Me sonrió falsamente.
-Es mi casa, no puedes. -Me acerqué.
-Rétame. -Se acercó ella más y sonreí sabiendo que todo esto era solo un juego de tira y afloja que nos empezaba a parecer entretenido, pero no siempre. -Anda vamos, o no terminaré nunca.
-Eres mandona.
-No lo soy.
-Una mierda, si solo te escucho decir órdenes. -Reí al ver si cara de enfado.
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Siempre fuimos nosotros
Teen FictionUn libro donde el mundo del motor y el boxeo se unen. Todo el mundo tiene secretos pero... ¿Todo el mundo está preparado para saber los de su pareja? Bueno, o casi pareja... Darío llega a una carrera ilegal a la que lo invitó su mejor amigo, allí c...
