Cap. 6

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𝐃𝐚𝐫𝐢𝐨

Estuve la mayor parte de la tarde aburrido, era la primera vez que estaba solo en casa y no estaba aliviado. Nathan se fue con Eric y Gabi a no se donde, no le presté mucha atención y Alana estaba trabajando así que no podía ir a buscarla para hacerla rabiar. Últimamente me divertía ver como se enfadaba y me mandaba a la mierda o insultaba, aunque acabábamos siempre discutiendo.

Estuve un rato jugando a la play pero me cansé, miré mi móvil en busca de un mensaje de mi padre para que fuera con él a la empresa, o de alguien. Pero nada, así que bajé al garaje y cogí los guantes de boxeo. Las peleas ya habían acabado, volveríamos en unos meses y pensaba darme un descanso después de la lesión pero ya que no tenía nada que hacer podría aprovechar. Casi todo el resto de la tarde me la pasé allí. Estaba tan concentrado que no me di cuenta de que ya era de noche y de que Nathan y Alana habían vuelto. Llevarían allí una hora o así pero como no pasaron por el garaje no me enteré.

-Prima se te cae la baba. -Escuché decir a Nathan.

Cuando me di la vuelta extrañado y vi a Alana apoyada en la pared mirándome. No sabía cuánto tiempo llevaba allí pero parecía que un buen rato. Nuestras miradas se cruzaron, vi pánico en sus ojos y como se ponía roja. Se giró hacia su primo molesta.

-¿Eres imbécil? Solo iba a ver mi moto. -Lo empujó y se fue.

Agarré una toalla y me quité el sudor mientras que Nathan se acercaba.

-Se que es tu casa y todo eso pero con mi prima delante no te pongas así. -¿Qué acababa de decir?

-¿Así como?

-Sin camiseta. -Me señaló.- Estás bueno y Alana no está ciega. Ya conoces la regla.

-No escuché que volvieron, y me da igual. Sí crees que lo hago para impresionarla vas mal encaminado.

-Lo sé, te conozco pero solo quiero que mantengáis las distancias. Tienes fama de rompecorazones y mi prima también. No quiero estar en medio de todo eso. Y menos que mi prima y tú hagan algo.

-Tu primita sabe exactamente con quién habla o a quien mete en la cama, ya es mayorcita.

-Para mi no, es como si fuera mi hermana pequeña y tú eres mi mejor amigo, mantén las distancias Darío.

Rodé los ojos y salí del garaje, parecía más una amenaza que un consejo. Subí directamente y fui a ducharme, me puse el pantalón del pijama al terminar. Me tumbé en la cama y llamaron a mi puerta. Al abrir vi a Alana en la puerta, con su distintiva trenza y un pijama de verano muy corto. ¿A ella no la regañaba?

-¿Porque llevas un pijama de verano?

-Porque tengo calor, pones la calefacción a tope ¿Que te importa? Tú estás sin camiseta.-Se cruzó de brazos. Llevaba razón.

-¿A qué venías?

-Ya mismo estás bajando a arreglar el garaje. Lo dejaste hecho una porquería. -Gruñó.

-Solo dejé los guantes.

-Y las vendas, las zapatillas apestosas y la toalla. Cómo mañana baje y lo vea todavía por medio te quemo el saco. -Me miró.

No podía tomarla en serio así, con ese pijama tan infantil. Me di cuenta de que me estaba mirando y sonreí. Se le notaba cansada y seguramente los chicos habrían ido a molestarla por la mañana.

-Como usted diga. -La mire. -¿Quieres pasar?

-No, recoge. -Se dio media vuelta y se fue.

Cerré la puerta y sonreí sin quererlo. Me volví a tumbar sobre la cama y me volvió a venir la conversación con Nathan. Claro que no quería nada con Alana, vale, era mona pero a veces sacaba lo peor de mí, casi siempre. Tanto ella como su primo. Di vueltas en la cama y como no podía dormir baje a recogerlo todo porque no quería que la amenaza fuera capaz de pasar, aunque no me había concretado nada. Cuando ya estaba todo limpio miré un poco las cosas que había traído Alana. Había muchísimas herramientas y me di cuenta de que había una foto. La cogí, era una foto de ella con Nathan y un señor que intuí que era el padre de ella. Estaban en un restaurante y los tres hacían caras raras para la foto.
No había cambiado nada físicamente... Aunque en la foto parecía con mejor carácter que ahora. ¿Qué había pasado?

𝐀𝐥𝐚𝐧𝐚

Escuché ruido abajo y no pude evitar bajar. Llegué al garaje y vi a Darío con una foto, era la que tenía con Nathan y mi padre y él la miraba mientras sonreía, más bien pensativo.

-¿Qué haces con eso?

Se dio la vuelta y me miró. No pensó que estaría allí así que pegó un pequeño salto y casi tira la foto.

-Perdón, solo estaba...

-No te preocupes -Lo paré.- no importa.

Sonríe y movió la foto.

-¿Porqué nunca me has hablado de tu padre?

-Creo que sí lo hice es por algo.

-¿Te llevabas bien con él?

-Él fue el que me enseñó todo lo que sé de mecánica. -Me acerqué, era lo único que lograba decir de él.

Me miró y sonrió. Nos quedamos así un rato hasta que miré la hora.

-Dario es muy tarde, deberíamos irnos a dormir ya.

-¿Justo cuando mejor estábamos? Por fin te habías callado.

Lo golpeé pero el no paraba de reír, creo que era la primera vez que lo había visto reír sinceramente, sin importar el ruido. Fuimos a las habitaciones intentando no hacer ruido entre risas para no despertar a Nathan.

-Buenas noches temeraria. -Me sonrió.

-Buenas noches chico pijo. -Entré a la habitación y cerré por completo. Aún estaba pensando en como había tardado tan poco en ir a recoger lo que le había pedido. A lo mejor no podía dormir ¿Pero porque? Parecía tener la vida resuelta, era casi imposible que algo le quitase el sueño, pero ahí estaba, a las dos de la mañana.

Siempre fuimos nosotros Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora