Cap 1.

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𝐃𝐚𝐫𝐢𝐨

Nathan me había invitado a una carrera clandestina. Era mi mejor amigo desde hacía unos años y me había convencido para ir a la carrera porque quería que viera a dónde se iba todas esas noches en la que no me molestaba haciendo bromas o con su desastrosa vida, llevaba tomando malas decisiones desde que lo conocía y siempre decía que era el único que le ponía los pies en la tierra. Llegué cuando todo el mundo estaba ya aunque estuve a punto de no ir. Sabía que siendo Nathan no sería un plan tranquilo pero no me imaginaba que hubiera tanta gente en la calle. Millones de motos y coches en fila como si fuera una exposición, el ruido me taladraba la cabeza y la gente me miraba como si ese no fuera mi sitio. Claramente no lo era.

-¡Darío! -Nathan se acercó a mí y me saludó. Parecía nervioso y contento a la vez.-¿Porqué llegas tan tarde?

-La pelea se alargó ¿Ya ha empezado? -Hace tiempo tuve una lesión que me impedía competir en más peleas profesionales pero de vez en cuando me apuntaba a alguna que otra de manera clandestina. Solo para quitarme el mono.

-Está a punto, primero van las motos y luego los coches.  -Una carrera ilegal, no había otra cosa, otro plan que impidiera que mi cabeza explotase.

-Pues avísame cuando acaben. -Rodé los ojos y volví a cruzarme de brazos mirando hacia todos lados. Sentía que me observaban pero no de donde venía.

-¿Para qué vienes entonces? -Me miró molesto.- Anda vamos. Si no haces cosas nuevas no podrás experimentar cosas nuevas, y tú vida necesita algo que sea digno de contar.

-Soy boxeador, mi padre es uno de los mejores empresarios del mundo y tengo un amigo loco ¿Qué más quieres?

Lo seguí hasta una curva donde había mucha gente apiñada, estábamos como sardinas en lata y aunque fuese al aire libre sentía que no tenía suficiente oxígeno. Esperamos un rato hasta escuchar los motores y un poco después empezaron a llegar las motos. Una detrás de otra con una velocidad que apenas llegabas a ver de qué color eran, solo líneas de colores una seguida de otra. Al terminar la carrera seguí a Nathan hasta encontrarnos con un grupo de pilotos, todos gruñendo por no haber ganado. Todos hablaban de la carrera y de las motos con rabia pero nadie decía nada sobre el otro piloto que los había machacado.

-¡Me ha fallado la cadena! -Gritaba uno.

-Por lo menos no te has caído, Mike no puede decir lo mismo. -Dijo otro medio riéndose.

-Yo no me río, voy a tener que cambiar todos los plásticos. ¿¡Sabes lo que me va a costar eso!? -Supuse que el que lo dijo era el tal Mike.

Todos parecían unos niños ricos o mínimo con mucho dinero que necesitaban un entretenimiento a parte de sus clases de golf. Nathan no parecía ser de ese mundo, miré a mí lado y mi amigo ya no estaba. Nathan estaba a un lado con otro grupo de chicos. Estos parecían mucho más de su estilo. Cuando me acerqué una moto pasó casi rozándome, del susto se me callo el móvil y me eché hacia atrás .

-¡Mira por donde vas! -Le grité .

-Oye -Me frenó Nathan. -Alana controla, relájate.

-¿Alana? -La miré.

Se quitó el casco y me miró mal. La chica tenía rasgos parecidos a su primo.Tenía el pelo rubio recogido en una trenza, los ojos oscuros y una mirada de muy pocos amigos. Parecía que tenía pecas muy claras pero en la oscuridad de la calle y con la poca luz que había no pude visualizar mucho más. Solo que me miraba como si quisiera arrancarme las cuerdas vocales por gritarle, tenía carácter.

-¿Tanto te sorprende ver a una tía aquí?

-Claro que no, he visto muchas aquí. -La miré igual de mal. No podía decirle que pensaba hasta hacía un rato que era un tío. Aunque mirándola bien era obvio que no.

-¿Te refieres a las de allí? -Señaló a varias chicas, eran guapas pero se notaba que no tenían muchas neuronas. -Son las putitas de los demás, ellas no compiten solo se los tiran en la parte de atrás de sus coches.-Todos los demás se rieron.

Me quedé callado y seguí observándola, era obvio que ella había sido la que ganó. El resto de la noche pasó rápido, un chico se acercó a Alana para darle el dinero del premio en billetes pequeños, Nathan y sus amigos me introdujeron en su grupo y después de la carrera fuimos a un bar. Todos parecían más o menos majos pero Alana era la única que me causaba interés. Pasaba de todos y antes de venir al bar fue a ingresar su dinero al banco. Tenía la costumbre de gustar a todas las chicas que conocía pero ella parecía que como máximo me tenía desprecio.

-Chicos yo me voy, mañana tengo que trabajar de mañanas. -Dijo Alana media hora después de haber llegado y la vi alejarse.

-Está buena eh. -Dijo Eric dándome un codazo. -Creo que le pediré salir así que alejado.

Nathan se rio a carcajadas junto con los demás. Eric se había dado cuenta de que la miraba mucho pero siempre podría decir que era por curiosidad.

-Te aplastará como a una colilla. -Dijo y le dio un trago a su cerveza. -Tantos años con nosotros y todavía no conoces la regla.

-¿Qué regla? -Pregunté curioso. ¿Tenían una regla para Alana?¿Solo para ella?

-No te enamores de Alana -Me miró.- y mucho menos te declares, es un suicidio. -Sonrió.- Tú ni de coña que es mi prima. -Me advirtió.

Me reí un poco y seguimos bebiendo.

-Tranquilo, eso no pasará.

Nathan se emborrachó tanto que tuve que llevarlo a mi casa, donde desde hacía meses se estaba quedando a dormir. Bueno, meses no, ya llevaba dos años y medio viviendo conmigo. Pero él seguía diciendo que eran meses.

Eran las tantas de la mañana cuando llamaron a la puerta y al abrir vi a Alana con cara de enfado. Está vez, con la luz de la entrada pude verla mejor, sus pestañas largas, las pecas que al fin pude apreciar. Sus ojos y los míos se cruzaron. Brillaban con una luz intensa y cuando frunció más los ojos me di cuenta de que la estaba mirando de más y que la luz era la que entraba de la casa.

-¿Qué haces aquí? -Dije por fin.

-Vine a ver al idiota de mi primo. -Pasó empujando mi hombro y fue hacia Nathan. Si, era la misma que hacía un rato. Que carácter.

Estuvieron hablando durante un tiempo, fui a la cocina para darles su espacio aunque escuchaba a Alana regañar a su primo por haber bebido tanto y luego ella se fue sin despedirse. La miré salir y rodé los ojos apoyado en el marco de la puerta. Esa chica sería una cabezota y solo con estar con ella media hora ya no era capaz de aguantar la. Acosté a Nathan y me fui a la cama.

Menudo día.

Siempre fuimos nosotros Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora