Cap. 15

18 0 0
                                        

𝐃𝐚𝐫𝐢𝐨

Al día siguiente en la mañana Nathan nos organizó una excursión, nos llevó a una pista de patinaje sobre hielo donde claramente ninguno sabía patinar, o eso pensaba.

Alana estuvo todo el día intentando evitarme, cosa que me resultaba gracioso ya que se le notaba molesta porque no la había vuelto a besar desde el día del juego. Era como una cría con un berrinche porque sus padres no le compraban lo que quería, una niña mimada.

Nathan pidió los patines mientras nosotros esperábamos y me tomé mi tiempo para mirarla. Llevaba la ropa de siempre, pantalón y sudadera. El pelo recogido en su trenza aunque algunos de los pelos rebeldes se le escapaban por todas partes.

Se dio cuenta de que la miraba y se levantó para ir con Nathan. Efectivamente, era una niña mimada.

Al cabo de un rato todos nos pusimos los patines y al ver cómo ella entraba sin dificultad y patinaba un poco intenté hacer lo mismo pero caí de culo contra el duro y frío hielo. Nathan a mi lado se empezó a reír a carcajadas.

-Esto no es tan fácil idiota. -Me ayudó a levantarme. -Ella patinaba cuando era niña, por eso para ella es coser y cantar.

Miré como Alana nos miraba de lejos y se reía de mí. Me enfureció pero a la vez me avergonzó así que me terminé de levantar rápido.

-¿Por eso nos trajiste?

-En parte sí, y porque me gusta pasar tiempo con vosotros aunque siempre discutan. Antes ella casi siempre estaba ocupada con el trabajo, las carreras y Gabriel.

-¿Gabriel?¿El que le ayuda con la moto? -Lo miré raro y él asintió.

-Eran novios pero lo dejaron hace poco. Ninguno nos dijo el porqué, pero se veían muy bien juntos y quedaron como amigos. 

No pude evitar mirarla. Así que su ex y ella eran amigos, y se la pasaban en mi garaje arreglando la moto de ella.

Juntos...

Solos....

Durante horas...

No sé porqué pero me sentí molesto y Nathan lo notó.

-Oye ¿Qué pasa?

-No nada, solo me duele el golpe.

Estuvimos toda la tarde allí. Nathan y yo no parábamos de caernos y reírnos al ver cómo el otro se caía, lo que estuvo haciendo que evitara pensar lo que me contó.

Alana, aunque pasó tiempo con nosotros y nos intentó enseñar, finalmente desistió y fue con los niños pequeños.

La miraba de vez en cuando, cuando Nathan se distraía.

Verla con los niños pequeños me encantaba, ella se negaba a pensar en tener uno pero se le daban de lujo por mucho que dijera que no. Vi como los enseñaba, los cogía en brazos para que se sintieran confiados y les daba besitos en la rodilla cuando se caían...Por un momento quise ser ellos pero al recordar lo que me dijo su primo volví a lo mío.

Cuando acabamos nos quitamos los patines mientras ella se quedaba un poco más con uno de los pequeños. El enano era rubio y con ricitos en el pelo.
Nathan se acercó a decirle que teníamos que irnos así que cargó al pequeño, lo llevó con sus papás y volvió con nosotros

-Se te dan bien los niños primita. -Rio Nathan.

-Cállate idiota. -Dijo ella.

Había vuelto la Alana de siempre. Y muy a mi pesar me hizo sonreír un poco.

Siempre fuimos nosotros Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora