Capítulo 44

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Voy a vomitar. ¿Es que no puede haber un día tranquilo en mi maldita vida? Miro a mi alrededor varías veces sin éxito de entender que ha pasado con la persona que estaba aquí hace unos minutos. Izan no está y mi corazón, por enésima vez, está dejando de latir.

Papá y Eli no tardan en venir a la habitación a causa del grito ahogado que salió de mí.

—¿Qué pasa, hija?—Suena nervioso, alterado.

Las lágrimas no me dejan contestarle.

—¿Dónde está Izan?—Pregunta Eli alarmada.

—No lo sé—sollozo.

En ese instante una enfermera entra a la habitación, parece sofocada.

—Señores, tuvimos que llevarnos al paciente a causa de una alteración cardíaca. Sus pulsaciones empezaron a ser demasiado elevadas y lo trasladamos a la unidad de cuidados intensivos de nuevo, en cuanto tenga noticias, volveré a informales. Ahora se encuentran inspeccionándolo.

Estos últimos seis meses no he sido precisamente el colmo de la positividad, es por eso que me encuentro llorando sin control al pensar que Izan está despidiéndose de mí.

—Sara...por favor, tranquilízate. No des nada por hecho—Las palabras de papá suenan lejanas mientras intento controlar mi respiración.

—Se va a marear—Esta vez es Eli quien avisa a mi padre de lo que está por venir.

Segundos más tardes todo se ve oscuro y dejo de sentir la ansiedad que me consume día tras día. Un momento de paz...

Narra Eli

He perdido la cuenta de las veces que Sara se ha desplomado inconsciente a causa de la tensión que tiene. La situación que está viviendo cada vez la supera más.

—Tranquilo, despertará en un rato—Acaricio la espalda de Héctor de manera repetida mientras este se encuentra con los codos apoyados en sus rodillas y la cabeza entre sus manos, mirando al suelo.

—Debí haber acabado con él cuando tuve la oportunidad—se lamenta.

—No digas eso, hiciste lo que cualquier buen padre hubiese hecho. Nos protegiste a todos.

—Todo esto no estaría pasando...

—Tú estarías en la cárcel, ¿te parece poco?—contesto alterada, captando su atención y haciendo que ponga su mirada en mí.

—Preferiría eso, antes que ver a mi hija sufriendo de esta manera—mi corazón se encoge. Hace una pequeña pausa—Antes de haber visto, también, tu vida irse por unos segundos.

Dos lágrimas enormes escapan por mis mejillas.

—Te estás culpando injustamente de algo que hiciste en ayuda de todos, no deberías de castigarte así...yo, personalmente, te estaré eternamente agradecida por ese acto que hiciste por mí.

Justo en ese momento su mirada cristalizada me encandila de nuevo. Una mirada que desprende tristeza y rabia, y me atrevería a decir que algo de ternura.

—Gracias, Eli.—Me dedica una media sonrisa y vuelve a clavar su vista en el suelo.

Los minutos pasan y cada uno de ellos pesa como si fueran horas, espero que después de estos meses por lo menos lo de Izan sea una buena noticia, deseamos que despierte tanto como Sara, se merece un final feliz después de todo.

Me recuesto sobre la incómoda silla de la sala de espera y suelto un suspiro, tampoco dicen nada de Sara y estoy empezando a ponerme nerviosa. Héctor sigue con la vista clavada en el suelo, no hace ningún tipo de movimiento y me atrevería a decir que no pestañea tampoco.

El profe de historia.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora