Siento una gran presión sobre mi cabeza, como si un camión hubiese pasado por encima de mí.
Sara...
Escucho leves susurros, no puedo responder ni abrir los ojos.
Sara...despierta
Hago un esfuerzo e intento abrir los ojos. Poco a poco, la luz se hace presente y los cierro fuertemente de nuevo. Vuelvo a pestañear y estoy en un salón, concretamente en el de mi casa.
-Dios, ¡que susto me has dado!-Miro a mi izquierda y encuentro a un muy angustiado Izan. Me percato de que me he mareado y me preparo para su cuestionario de preguntas.
-Yo...no sé que me ha pasado...
-Yo sí lo sé-¿Parece enfadado?-No has comido bien y te has desmayado, y a mí, a mi casi me matas del susto.
-Lo siento...
-No pasa nada, pero tienes que decirme por qué no comes bien...
-Si como bien, Izan-Lo interrumpo.
-No comes bien, Sara. No soy estúpido-Dice un tanto enfadado-Al caer, te cortaste un poco en tu brazo derecho por los cristales del jarrón que se ha roto, ahora...¿por qué tienes más cicatrices de cortes? ¿Te has caído más veces así? ¿O te los has hech...
-Izan basta de preguntas. Estoy bien y ya está-Ahora la enfadada y asustada porque cada vez está más cerca de darse cuenta soy yo.
-Intento ayudarte Sara...
-No necesito tu ayuda ni la de nadie, porque no me pasa nada. ¿Entiendes? Solo ha sido un simple mareo, quizá una bajada de azúcar-Digo intentando salir de este tema ya.
-Ya, claro. Por eso cada vez que te hago algo de comer comes a la fuerza, te levantas de madrugada y escucho ruidos en el baño...pero nada, será por el azúcar-Dice con ironía.
-¡Me levanté a hacer pis, te lo dije!
-¡Eres la primera persona que conozco que da arcadas haciendo "pis" entonces!
Es ahí cuando me callo completamente, me escuchó vomitar. Pero si estaba durmiendo, no entiendo nada y me estoy quedando sin respuestas.
-Sara, no te quiero presionar, pero cuando estés decidida a confiar en mí y contarme lo que sea que te pase, y a agarrar mi mano como ayuda, estaré esperándote.
Se levanta y coge las llaves de su bmw, su cartera y sus gafas de sol. ¿Se va?
-¿Te-te vas?-Digo un tanto asustada. Sé que estoy haciendo mal en no contarle. Pero no puedo.
-Sí, cuando decidas contarme algo, llámame-Su enfado es más notable.
Dicho esto sale y lo escucho irse en su coche.
Un gran peso cae sobre mí. Me siento culpable, sola, asquerosa y miles de defectos que no podría describir. Él era lo único que me estaba manteniendo firme hasta ahora, me libraba de esos pensamientos negativos que justo ahora mismo rondan mi cabeza. Me encuentro en el sofá a las 22:13 de la noche, sin cenar ni comer nada desde aquella manzana a medio día. Algunas lágrimas salen de mis ojos sin control, no me había dado cuenta de que desde que salió por la puerta, estoy llorando. Necesito expulsar la culpabilidad y el dolor de mí, sé que tiraré las fases superadas a la basura, pero necesito hacerlo.
Con un pequeño cúter hago varios cortes en mis brazos, quito las tiritas que Izan había puesto en los más recientes debido a la caída y aún están frescos. El dolor es secundario cuando tu cuerpo nota que así te sientes mejor. Mi vida es una completa mierda. Al quitar los papeles con los que he limpiado la sangre decido subir a mi cuarto. Mañana será otro día, otro día que no iré al instituto, que no saldré de mi cuarto y que seguiré con mi reto de dejar kilos.
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El profe de historia.
RomantizmDicen que la vida puede sorprenderte en cualquier momento, pero...¿estamos preparados para ello? Sara cursa su último año en el instituto, a sus 18 años está pasando por uno de los peores momentos de su vida. Un novio acosador, problemas alimentici...
