La risa de Leo se pierde en el pasillo mientras corre con su capa de superhéroe arrastrando por el suelo. Tiene tres años y medio de pura energía y carácter, igual que su maravilloso padre.
—Izan, ve tú. Yo no puedo más...—le digo, sin poder ocultar la sonrisa.
—Voy—responde desde la cocina, mientras apaga la luz y camina hacia mí con esa calma suya que siempre precede al caos.
Pero cuando me alcanza, no va tras Leo.
Va directo hacia mí.
Me toma por la cintura con una lentitud peligrosa, como si su objetivo no fuera la crianza de nuestro hijo en estos momentos.
—¿Sabes que cuando te pones así...agotada, despeinada, en pijama...me dan ganas de arrancártelo con los dientes?—susurra contra mi cuello.
—¿Sabes que eso suena como una amenaza?—respondo, sintiendo como el calor sube por mis muslos.
—Es una promesa.
Y cuando su mano baja por mi espalda y sus labios se curvan apenas en mi clavícula, escuchamos a Leo gritar desde su cuarto:
—¡Papááá, el dragón volvió!
Izan cierra los ojos y suspira. Yo me río.
—Ve a salvar el mundo, héroe—le digo.
Pero antes de irse, se inclina hacia mi oído. Su voz es ronca, baja, cargada de algo que ya me tiene encendida.
—Esta noche...sin capa. Sin tregua. Sin prisa. Vas a rogar por rendirte.
Y se va.
Y yo me quedo ahí, ardiendo, con el corazón golpeando como si acabáramos de empezar.
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El profe de historia.
RomanceDicen que la vida puede sorprenderte en cualquier momento, pero...¿estamos preparados para ello? Sara cursa su último año en el instituto, a sus 18 años está pasando por uno de los peores momentos de su vida. Un novio acosador, problemas alimentici...
