Hace 27 años, el Oráculo del Bosque de los Siete Sabios habló por primera vez después de siglos en silencio:
"La primera niña nacida en Luna Nueva no será hija de la Luna. Ella tendrá su propia magia, y esa magia será la Luz en la Oscuridad. El fin...
Salí a la puerta de mi cabaña. El aire fresco de la mañana acariciaba mi rostro y se sentía agradable. Me había despertado temprano y me había dado tiempo a preparar algo de comida. Hoy Dante y yo iríamos a ver a Los Sabios, y no sabía cuánto tiempo estaríamos fuera, así que prefería ir preparada.
Estaba nerviosa. No sabía conocía a los Sabios, pero según decían, eran los únicos que podían ayudarme a conocerme más y aclarar muchas cosas. El día anterior había sido largo, sí, pero me había dado respuestas a muchas de mis preguntas, pude averiguar de dónde venía la profecía, quién era mi familia y por qué de la magia había despertado en mí. Y esperaba que el día de hoy fuera igual.
― Todavía no entiendo por qué Dante te ha dado esta cabaña a ti. ―La voz de Lucil me sobresaltó.
Estaba ahí delante mía, tan guapa y espectacular como siempre, mirándome con ese aire de superioridad, como si yo fuera tan poca cosa, como si no pudiera compararme con ella.
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― ¿Perdón?
― Lo que has oído. A veces puede parecer protector y cercano. ―Se empezó a reír―. Pero no te hagas ilusiones, alguien como él jamás se fijaría en algo como tú. Eres tan poquita cosa.
Me observaba como si fuera un insecto y ella pudiera aplastarme en cualquier momento. Pero yo no iba a consentir que me pisoteara.
― Creo que no eres tú quien para decidir en quién se fija Dante, ¿no crees?
― ¡Ay, qué ilusa! Conozco a Dante de maravilla... Entre nosotros han pasado muchas cosas. ―Me seguía mirando y estaba disfrutando, mientras intentaba humillarme y llenar mi cabeza de dudas e inseguridades. Quería provocarme y lo estaba consiguiendo―. Hemos pasado muchas noches y muchas lunas juntos. Siempre venía a buscarme, y yo estaba ahí, para él. Créeme, no eres su tipo.
― Cállate.
Pero no se callaba. Disfrutaba viéndome dudar, mientras las inseguridades crecían dentro de mí. Sabía muy bien la ventaja que le daba su belleza, y que cualquiera se volvería loco por tenerla. Eso es lo que estaba utilizando para jugar con ventaja.
― A él le gustan las mujeres de verdad. Y tú... solo eres una cría. Una cría que encima da lástima. ―Se tocó el pelo con aire de superioridad―. ¿Dónde crees que pasa todas sus noches? ¿A quién te crees que viene a buscar? ¿De qué brazos busca calor? Solo es cuestión de tiempo que se dé cuenta de que estamos destinados... de que yo soy su Luna.
Fue oír esas palabras y algo explotó dentro de mí. Un torrente de energía salió disparado de mis manos e impactó contra Lucil, lanzándola por los aires hasta tirarla al suelo.
Ella me miraba confundida, sin entender lo que acababa de suceder. Me observaba muy fijamente. Mi cuerpo brillaba, resplandecía igual que la noche que había curado a Dante, y aunque era de día, se podía apreciar perfectamente el resplandor que emitía mi cuerpo.