John, 8

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Cierra la última cremallera de la maleta. Por una parte estaba encantado de volver a casa; por otra no sabía cómo enfrentarse a Sherlock cuando le viera.

La idea que se había metido en la cabeza era simple: Sherlock seguiría como hasta ahora, siendo una persona fría, meticulosa y dejando en un cajón cerrado con llave sus sentimientos y emociones, y él no iba a hacer nada al respecto, ya no. No había conseguido que el detective se interesase por él, o por lo menos que le tratase mejor. Lo mejor era seguir con la vida que llevaba hasta ahora: vivir con Sherlock, ayudarle en algunos casos y trabajar en el hospital. Una vida normal y corriente.

Mira el móvil y ve el mensaje que un mes atrás le había mandado Sherlock preguntando cuándo volvería. No le contestó, aunque algo saltó dentro de él al ver un pequeño atisbo de interés y preocupación por su parte. Controlar esas mariposas que saltaban en su estómago... Iba a ser una tarea difícil. Si no lo conseguía, su vida en Baker sería insufrible, y tarde o temprano tendría que irse de allí...

Le esperaba un trayecto largo de vuelta a casa. No espera un recibimiento a lo grande, ni una buena noticia, ni un ''John, siento todo lo que ha pasado, la cantidad de veces que te he despreciado y...''. No esperaba nada de eso. Intenta pensar en otras cosas, en lo mucho que ha echado de menos su cama, a la señora Hudson, tan amable y familiar, en la ciudad llena de gente... Hasta echaba de menos trabajar, estar ocupado, ayudar a los demás.

Harry no quiso que cogiera un taxi, así que ella misma lo llevó de vuelta a Londres en un viaje en coche silencioso e incómodo. John se despide de ella cuando le deja en la puerta de su casa y le desea que se cuide, si es que era capaz de hacerlo por sí misma. Su relación no era la mejor entre hermano y hermana, pero Harry le había apoyado mucho después de la Caída y John no dudó en recibir esa empatía. En esos días ya lejanos aunque todavía dolorosos necesitó todo el cariño posible, y Harry, Lestrade y sus más allegados se encargaron de dárselo.

''Cinco años ya...''. Vuelve atrás en el tiempo. Se sintió la persona más vulnerable y desprotegida de la faz de la tierra sin Sherlock, pero no mostraba esa faceta en público. La gente se le acercaba, le daba el pésame, le hacían infinidad de preguntas los periodistas pesados que no paraban de llamar farsante a Sherlock. Mandó al infierno a unos cuantos cuando no pudo más, y a los demás los ignoró.

Ya enfrente del 221B, deja escapar un largo suspiro. ''Que sea lo que Dios quiera'', piensa. Abre la puerta y ve la señora Hudson en el rellano.

-Señora Hudson -dice con una sonrisa, dejando las maletas en el suelo-. He vuelto.

La anciana se da la vuelta y lo recibe con bendiciones y risas.

- ¡Oh Dios mío, John! ¡Por fin has vuelto! -Se abalanza hacia él y le da un fuerte abrazo que John corresponde con ternura-. Qué alegría que estés aquí. Te hemos echado mucho de menos.

- ¿Hemos? Lo dudo -dice con una sonrisa-. Bueno, ya sabe lo que quiero decir. Sé que usted me habrá echado de menos.

-No te engañes, querido. Ha estado muy raro estos días. Apenas ha salido de casa.

- ¿Y eso qué tiene de raro?

-Los primeros días estaba... ¿Triste? Sólo dejaba que yo o el inspector Lestrade subiéramos a verle. Tuve que regañarle para que saliese del piso, y lo conseguí, pero de verdad John... Hace unos días que no le veo, pero... -Sonríe tímida y sinceramente-. Te ha echado de menos. A su manera, pero lo ha hecho. No me cabe la menor duda.

La mira con gesto interrogativo. La señora Hudson, aunque no lo pareciera, era de las que calaba desde el primer momento a las personas, aunque Sherlock fuese la más extraña del mundo. Deducir algo emocional de él resultaba más que imposible y no acababa de creérselo.

The Man Who Can [Sherlock BBC Fanfiction] (Parte II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora