Abraza deliberadamente con una mano el delicado, fino y suave brazo de la chica que tiene a su lado, una joven de ojos verdes penetrantes y dulces pero a la vez traviesos y fieros que conoció la noche anterior en un pub, y que se acurruca a su lado al notar un poco de movimiento, presionando su pecho desnudo contra el de Seb. Acaricia con las yemas de los dedos de manera casi superficial su hombro. Tenía una piel rosada, un poco tostada, que hacía contraste con sus rasgos suaves y su salvaje pelo oscuro y ondulado. Ella lo abraza, aún dormida, y suelta un leve gemido, como pidiendo que se quedara cinco minutos más en la cama.
Seb cierra los ojos. Llevaba unas semanas sin ver a Jim, viviendo en su piso y sólo contactando con su jefe mediante escuetos mensajes en el móvil. Ve aquí, mata a este, encárgate de tal persona… Trabajo, tal y como le había dicho Jim. Sebastian estaba frustrado, odiaba la aburrida rutina a la que estaba sometido ahora. Pero lo que más odiaba era no ver a Jim, que este no le sorprendiera por las noches metiéndose en su cama. <<Eso se acabó. Asúmelo>>, decía para sus adentros.
Decide levantarse con cuidado de no despertar a su acompañante. Se pone una camisa y baja a la cocina a preparar algo de desayunar, tanto para él como para la chica. Vuelve al cuarto y deja un plato con un vaso de leche y unas tostadas en la mesita. Él se sienta en el borde con su taza de café esperando ver nuevamente esos grandes ojos verdes a la luz del día.
Por fin la chica se despereza y se aparta unos cuantos mechones de la cara, sonriendo al ver el desayuno a su lado. Tenía una sonrisa hechizante.
—Buenos días —susurra Seb. Ella le contesta con una pequeña risita mientras se incorpora en la cama, le mira y coge el plato que le ha traído—. ¿Qué tal?
—No me puedo quejar —dice ella con voz melodiosa. Alza el plato con el desayuno—. No hacía falta. Me voy a ir enseguida, ¿no?
—No me gusta echar a la gente nada más levantarse —contesta Seb llevándose la taza a los labios. Termina de beber y la señala con la taza—. Cortesía de la casa.
Ella le lanza una mirada sugestiva de agradecimiento y empieza a comer en silencio. Seb deja su taza en la mesa y empieza a acercarle algunas prendas de ropa.
—No hagas de asistenta porque esté yo. Ya he visto que eres un poco desordenado. No tienes que intentar impresionarme.
Seb no le hace caso y sigue recogiendo su ropa para dejársela en la cama. Sonríe. La chica era graciosa, de ingenio feroz, con un cuerpo impresionante y una cara angelical. Todo el conjunto era como hielo y fuego a la vez.
—No es para impresionarte. Es para que luego no tardes en irte. —Continúa con la broma de ella de antes.
Ella suelta una carcajada.
—Tocada y hundida.
A la vez que se viste, Seb va a su armario y se pone unos vaqueros y la chaqueta. La verdad es que también tenía prisa. Más bien, trabajo. La mira otra vez, ya vestida.
—Vaya, mírate. Impecable otra vez.
Por su aspecto, trabajaría en unas oficinas, en publicidad, o tal vez era periodista; no lo sabía a ciencia cierta. Llevaba una blusa azul cielo y una falta gris ajustada por encima de la rodilla, además de la americana negra y unos tacones altos. La chica sonríe.
— ¿Es que antes no lo estaba? —pregunta acercándose lentamente hacia él.
—Lo estabas, en otro sentido.
Ella se le queda mirando largo rato, esbozando una leve y misteriosa sonrisa. Seb le indica la puerta y la acompaña hasta el piso de abajo. La joven saca de su diminuto bolso un bolígrafo y le coge la mano sin dejar de mirarle. Luego se centra en lo que escribe, parando en algún momento para quitarse de en medio el pelo y llevárselo detrás de la oreja. Tenía unas manos delicadas y suaves, con unos dedos largos.
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The Man Who Can [Sherlock BBC Fanfiction] (Parte II)
FanfictionParte II. La historia continúa...
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