Sherlock, 6

559 28 3
                                        

Después de unos cuantos días de descanso total, desayunos en la cama y baños calientes, Sherlock mejoró hasta el punto de poder levantarse de la cama y averiguar lo que le había pasado. John había pedido unos días libres en el trabajo para ocuparse de él; después de que Sherlock le dijese que no se fuera, no se apartó de su lado ni un solo momento. Parecía que ya no estaba enfadado con él, que la nota de Irene, los reproches por su desaparición y todo aquello había desaparecido, por lo menos en apariencia. Sherlock sabía que era un tema difícil de olvidar, y más para John.

Después de haberse vestido, sale del cuarto y va a un cajón de la encimera de la cocina. Se coloca unos guantes y una mascarilla que le cubra la boca y la nariz. En los días que estuvo descansando llegó a la conclusión de que los guantes estarían cubiertos de alguna sustancia tóxica y/o venenosa, así que tenía que tomar precauciones antes de examinarlos.

John no estaba en casa; se le acabó el permiso esa misma mañana. A Sherlock le alivió; su compañero no paraba quieto mientras él estaba en cama, aunque en el fondo prefería tenerlo en casa. Siempre se acordaba de esa frase que le dijo ya tiempo atrás: ‘’Me gusta la compañía cuando salgo, y pienso mejor cuando hablo en voz alta’’. Hacer monólogos le aburría.

Se pone manos a la obra. Con la mesa de la cocina algo menos desorganizada, coge del salón la caja y saca los guantes. Los mira con más detenimiento que la otra vez, ya que su vista estaba perfectamente. Cuero negro brillante por fuera, pero por dentro también en los bordes. No solían serlo, sino que tienen otro tipo de tacto. Era menos brillante, pero saltaba a la vista el detalle bastante curioso.

Pasa el dedo índice y lo frota luego con el pulgar.

—Sustancia verdosa, oscura… Pegajosa. —Abre un poco más el guante y lo ve a la luz—. Parece recubrir sólo los bordes de la muñeca en el interior, y también hay un poco en la punta de los dedos por fuera…

Coge un bastoncillo y extrae un poco de sustancia. La pone a examinar mientras mira la caja.

<<Sal a jugar>>. Acerca la cara a la caja y coge el pequeño monopatín. Tenía pequeñas motas amarillas en la superficie.

—Polen.

Un pitido avisa a Sherlock de que el análisis ha concluido. Se acerca al portátil y clickea varias veces, abriendo un par de pestañas con los resultados.

— ¿70 por ciento… extracto de conium maculatum? El resto es una combinación de dos sustancias desconocidas. Deben producir algún efecto secundario al combinarlas con el extracto de cicuta… Espera, también hay restos de ADN, un porcentaje bajo. Tendré que ir al Barts más tarde.

Se va al sillón del salón y se abraza las piernas, apoyando la cabeza en sus rodillas. Tenía la nota de Moriarty en la mano. Por una parte no le interesaba empezar un juego con él. Por otra estaba tremendamente aburrido, y si no daba el paso, Moriarty pondría la primera piedra del camino. Escogiendo una opción u otra, estaba obligado a jugar, y el peligro en ambas estaba asegurado. <<Así es nuestra vida: no se puede hacer nada para evitarlo>>. Piensa en John, que merecía una vida tranquila después de todo lo que había pasado, pero era decisión del doctor quedarse. Era su amigo, Sherlock lo respetaba y correspondía, y no podía obligarle a irse, y tampoco quería por nada del mundo que se fuera. Era John, le necesitaba…

Justo cuando iba a empezar a atar cabos, John aparece por la puerta. Arruga la nota y la mete en un hueco del sillón. <<Perfecto. Me libro del monólogo>>.

John le sonríe algo cansado. Sherlock suspira.

—No tenías que haberte esmerado tanto en mí, John.

The Man Who Can [Sherlock BBC Fanfiction] (Parte II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora