John, 6

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El traqueteo del motor del taxi parando enfrente del portal 221B despierta a John. Conforme baja del taxi y coge sus maletas, sólo puede pensar en una cosa: Sherlock.

El muy despistado ni se acordó de que se había ido a Oxford, y cuando recibió el mensaje del detective en el que suponía que él estaba en casa, John se enfadó un poco, pensando que seguía sin prestarle atención muchas veces, pero a la vez sonrió; quizás no cambiaría nunca, pero él le quería así, aunque le sacara de quicio. Pensaba que su pequeño viaje habría servido para enfriar las cosas entre ellos después del beso, lo que sería genial para su relación.

Entra en casa y charla un rato con la dulce señora Hudson, que se alegraba de que John hubiese vuelto. Luego sube a su habitación para deshacer la maleta, y cansado, se tumba un rato en la cama. Mirando el techo de su cuarto, piensa que cuando ha pasado por el salón no ha visto a Sherlock, lo cual era extraño.

Decide bajar a investigar. Todo seguía igual que siempre; papeles por todos lados, el violín de Sherlock en su butaca, listo para ser tocado en cualquier arrebato de locura de su compañero, tazas de té en el fregadero, más cartas apiñadas en la chimenea y agujereadas por un cuchillo… Su hogar.

Dirigiéndose a la habitación de Sherlock para comprobar que efectivamente no estaba en el piso, pasa al lado del baño, y cuál es su sorpresa al encontrarse a Irene Adler saliendo de él, completamente desnuda y con una sonrisa de oreja a oreja al toparse de repente con el doctor. John se queda paralizado e inconscientemente baja la mirada, examinando su cuerpo durante un segundo, aunque rectifica al momento y aparta sus ojos del cuerpo de La Mujer.

— ¡¿Pero qué…?! —Se aclara la garganta y la mira a los ojos, ruborizado—. ¿Qué haces tú aquí?

—Soy la invitada de honor de Sherlock Holmes —contesta ella con toda naturalidad, encogiéndose de hombros.

<< ¡¿Cómo se le ocurre traerla aquí?!>>.

— ¿Dónde está él?

—Tranquilo. No se ha duchado conmigo, si es lo que te preocupa. Ha ido a Scotland Yard.

—Vale…  ¿Te importaría? —Mira el techo mientras que con la mano hace un barrido señalando todo su cuerpo—. Esta no es tu casa.

—Pero Sherlock me ha dicho que me sienta aquí como si lo estuviera —responde con una voz infantil mientras se da la vuelta y desaparece en la habitación de Sherlock.

John se va al salón refunfuñando, pasándose las manos por la cara y dando vueltas de un lado a otro. Habla consigo mismo usando un tono sarcástico mientras se pone el abrigo y se dispone a salir del piso:

—Genial. Perfecto. ¡Fantástico! Lo que me faltaba. Qué regalo de bienvenida. Oh, Sherlock, muchas gracias por traer a Irene Adler a nuestra casa. Es todo un detalle.

La paz que sentía por haber vuelto a su casa se vio alterada por la visita inesperada de Irene. Pensaba que por fin Sherlock se había olvidado de ella, ya que no volvió a mencionarla ni a ella ni su nota. Viendo lo bien que se había acomodado y la tranquilidad con la que se paseaba desnuda por el piso, John deducía que llevaba ya unos cuantos días en Baker. No quería ni pensar en qué había pasado durante su ausencia.

Lo mejor sería salir del que ahora era un entorno hostil. Pasear, ver gente y observar el ajetreado tráfico podría ayudarlo a pensar, meditar, aunque de nada serviría alejarse de todo un rato; Irene estaba ahí y no podía evitarlo.

Cuando volvió a casa, hubiera deseado tener una máquina del tiempo para no llegar hasta la noche. Irene y Sherlock estaban sentados uno enfrente del otro, a la luz de la chimenea y cogidos de la mano. Sherlock le acariciaba las muñecas con suavidad y hablaban en susurros. John se puso rojo de rabia y celos. Carraspea para hacerse notar.

The Man Who Can [Sherlock BBC Fanfiction] (Parte II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora