Seb, 3

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Los gritos de lo que parecían albañiles diciendo palabrotas porque uno de sus compañeros había dejado caer la pesada carga del montacargas sobresaltan a Seb. La luz que salía deslumbrantemente de la ventana le da de lleno en la cara y le obliga a llevarse una mano a la cara. Mira a su alrededor con dificultad.

— ¿Qué cojones…? Este es mi piso. ¿Qué hago en mi piso?

Vuelve a derrumbarse en la cama y suspira profundamente. Cierra los ojos y se pone de lado, dándole la espalda al borde la cama. Vuelve a abrir los ojos muy despacio. << ¿Qué…?>>, piensa aún con los ojos entrecerrados. Veía un bulto enorme al otro lado de la cama. <<No recuerdo haberme traído a nadie… Pero tampoco recuerdo haber llegado aquí>>.

Se incorpora despacio para intentar averiguar quién hay debajo de las sábanas. Con dos dedos, las retira lentamente mientras bosteza. Al ver quién es, casi se ahoga dentro del bostezo y abre de manera desmesurada los ojos; parecía que se le iban a salir de las cuencas. <<No… No, no, no. Imposible>>.

El pelo oscuro y corto, aunque algo alborotado si se comparaba con cómo solía llevarlo normalmente, y sus enormes ojos negros que ahora estaban cerrados, además de la naciente pelusilla de barba, lo delataban: Jim. Suelta las sábanas y vuelve a taparle la cara. Sale con cuidado, mucho cuidado para no despertarlo, de la cama, coge unos calzoncillos de uno de los cajones de la mesita de noche y va a la pared, en la que se apoya mientras mira ese bulto en su cama que es Jim.

Se lleva las manos a la cara, intentando desvanecerse en la oscuridad que le proporcionan e ignorando el ruido de la calle. La noche anterior Jim y él fueron a celebrar que el detective había caído en el juego. Jim estaba bastante contento, y Seb llevaba tiempo sin verlo así. <<Richard era el que solía sonreír>>, pensó cuando lo vio esbozar una curiosa y simple sonrisa que dejaban al descubierto sus dientes blancos y perfectos cuando se presentó en su casa. Fueron a un bar cerca del piso de Seb. A Jim se le ocurrió la locura de hacer un curioso juego con chupitos de whisky, una locura que luego llevaría a dejarlo bastante indispuesto. Seb tampoco estaba muy bien, pero puso el freno a tiempo para poder llevar luego a Jim a su casa.

Fueron al piso del francotirador. Jim no paraba de reírse y decir cosas evidentes por el camino, como ‘’ ¡Mira qué coche más pequeño! Ahí no cabe ni un enano’’ o gritarle cosas a la gente por la calle, y no especialmente cosas bonitas. Seb se reía porque no podía controlarse, pero intentaba estar todo lo sereno que el alto nivel de alcohol en su organismo le permitía. Al llegar al piso, Jim hacía como que era la primera vez que estaba allí, y todo le entusiasmaba. Los sofás, la televisión, los cojines, las lámparas... Seb estaba de pie observando cómo el crío recorría la tienda de juguetes emocionado, y sonreía. Ese entusiasmo le recordaba a cuando Jim era Rich, a esos felices días que no volverían, a esas idílicas pero cortas vacaciones. Eso lo entristece por un momento y decide acostar a Jim de una vez. Los despertares que tenía después de haber bebido no eran muy agradables. A Seb le empezaba a doler la cabeza y todo se volvía más borroso; razonar cada vez le costaba más.

Se acerca a él por detrás y apoya las manos en sus hombros.

—Vamos, Jim. Será mejor que nos vayamos a la cama.

—No —respondió dándose la vuelta. Tenía una tonta sonrisa permanente en la boca y le apestaba el aliento a whisky, un olor que mezclado al aliento a vodka de Seb, hacía una combinación extraña, un olor fuerte y dulce a la vez—. Qui-quiero jugar. ¿Un reto? ¡Venga sí, un reto!

— ¿Un reto? —preguntó Seb. Jim le contagió su risa, pero pronto sacude a cabeza—. No, de verdad. Vamos a dormir. Mañana será un infierno co-como no descansemos unas horas.

The Man Who Can [Sherlock BBC Fanfiction] (Parte II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora