Irene, 4

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— ¿Kate? —pregunta elevando la voz y canturreando. Consigue dar con ella en la cocina; estaba preparando el desayuno—. Hoy tenemos visita.

— ¿El señor Moriarty, otra vez?

—No. —Se echa a reír—. Recuerda: Jim no avisa nunca cuando viene. A este le he invitado yo.

— ¿Y quién es? —pregunta la pelirroja mientras se da la vuelta, dejando desatendido el té un segundo para mirar a su jefa.

—Sherlock Holmes.

— ¿No dijo usted que quedaría con el señor Holmes siempre en algún restaurante? ¿Vendrá el doctor Watson con él?

—No, tranquila. —Se acerca a ella y le pone unos mechones de su cabello llameante detrás de la oreja—. Johnny no va a venir. Y sí, se suponía que cuando quedara con Sherlock sería fuera, pero hoy no me apetece salir.

—Oh…

Irene ladea la cabeza.

—No te preocupes. No pretendo llevármelo a la cama a no ser que él quiera, y créeme, no querrá. —Le da un pequeño pero dulce beso en los labios y sale de la cocina—. Y háblame de tú cuando estemos solas, ya te lo he dicho más de una vez.

Irene sube las escaleras hacia su cuarto. Quedaba mucho hasta que Sherlock llegara a casa, así que se da un placentero baño y al terminar se tumba en la cama a leer algo. Esta era su segunda y puede que última oportunidad de intentar conseguir esa alianza. Se suponía que la respuesta de Sherlock fue un sí, pero estaba un poco tocado por el vino, y a Irene no le gustaba dejar nada a medias, así que debía asegurarse. Por otro lado rezaba para que Jim no se presentara en casa mientras Sherlock estaba allí. Sería su perdición.

Necesitaba ese acuerdo con Sherlock. Necesitaba seguridad, y la que le ofrecería Sherlock era muy diferente a la que tenía ya con Jim; no era peligrosa. Iba a jugar a dos bandas, al bien y al mal por igual, y podría costarle caro si el mal se enteraba de que estaba coqueteando con el bien. <<Debo ir con cuidado…>>.

— ¿Irene? —la voz de su compañera hace que se incorpore de la cama y deje de darle vueltas al asunto. Se asoma por las escaleras—. ¿A qué hora llegará el señor Holmes? ¿Preparo algo?

—Dentro de media hora. Haz un té y saca algún aperitivo para acompañarlo.

Kate desaparece y ella se introduce en su habitación. Busca algo sencillo que ponerse. <<Podría no ponerme nada, aunque no, está muy visto>>, piensa esbozando una coqueta sonrisita. Coge un vestido azul marino de corte sencillo de mangas francesas y los tacones negros y baja a sentarse en el sofá del salón a esperar a que el detective hiciera su entrada.

Por fin es la hora e Irene oye el timbre. Kate se aproxima a la puerta.

—Buenas tardes, señor Holmes. —Kate se hace a un lado y extiende el brazo—. La señorita Adler le espera en el salón. Por favor. —Le invita a pasar, y cuando Sherlock entra, cierra la puerta y le acompaña hasta el salón—. Enseguida traigo el té —dice antes de dirigirse a la cocina.

—Sherlock —suspira La Mujer a la vez que se levanta y se cruza de brazos—. Es un inmenso placer que hayas venido.

El detective se queda en el sitio, quieto, mirándola fijamente

—Todavía no sé por qué he venido.

Irene chasquea la lengua, divertida.

— ¿Acaso John no quería que vinieras y por eso estás de ese humor de perros?

—John no sabe que he venido. Le he dicho que… que iba al hospital un momento.

<<Un momento, o sea, que tendrá que volver pronto. Eso hace que no podemos hablar dando rodeos…>>.

The Man Who Can [Sherlock BBC Fanfiction] (Parte II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora