Prólogo II

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Ese aroma a papel caliente recién impreso, mezclado con el olor a viejo, a antiguo, a libros llenos de recuerdos y fantasías, era lo que reinaba en la pequeña y coqueta librería Koreander's de la calle New Cavendish. Un sitio anticuado, nada en armonía con el resto de la calle, dándole ese toque nostálgico de una Londres victoriana a la fría y distante modernidad. Poca gente se fijaba en ella, aunque tenía establecida una clientela fija. Sería por el hecho de estar en el lugar equivocado, en la época equivocada; llamaba la atención.

Los libros más antiguos, piezas de coleccionista, se amontonaban en una mesa central de la librería además de en una pequeña estantería donde estaban bien ordenados para que su acceso no fuera dificultoso, mientras que los más actuales estaban en las estanterías más amplias. A Paul Doyle siempre le había gustado cómo tenía organizada su tienda. Sobrevivía por ella, y la había mantenido desde hacía años. Fue bautizada como Koreander's se lo puso en un acto de homenaje a La historia interminable, que siempre le había fascinado, y la librería del Sr. Koreander le gustaba mucho: lúgubre, antigua, pequeña, llena de polvo... Tenía su encanto, y de no ser porque la estética en los tiempos que corren es algo vital, a Paul le habría gustado tener su librería exactamente igual.

La mantenía él solo, aunque su nieto le hacía compañía. Al pequeño le encantaba estar allí, leer, pasar el rato, ayudar en el inventario... El señor Doyle era el único dependiente, el que hacía todos los trámites con las distribuidoras y limpiaba la tienda. Algún día necesitaría ayuda si el destino no se topaba antes con él; su nieto era demasiado joven para encargarse de ella, y si a él le pasara algo, dejaría al pequeño desamparado, sin nadie. Normalmente intentaba no pensar en esas cosas. Todavía tenía varios años por delante; era fuerte, decidido, amable, sensato... Una persona que podía eludir fácilmente los problemas. Su bondad resplandecía en estos tiempos en los que tanto escasea.

Al lado del mostrador había un ventanal donde además de tener las publicaciones más recientes, había un antiguo tocadiscos que le acompañaba en sus horas laborales, siempre con música clásica, relajante. La música agradaba también a los clientes, haciendo que su estancia en la librería no fuera silenciosa ni aburrida. Aquello no era una biblioteca. Se podía hablar, tener un rato ameno ojeando libros, debatiendo sobre estos y pidiendo consejo, y la música, con su poder divino, ayudaba a que se quedasen más tiempo, porque estaban a gusto allí.




Su nieto, de mirada seria pero traviesa, distraída y con una diminuta sonrisa sale del pequeño almacén al fondo del local y se para a mirar unos cuantos libros de la mesa central. Era un chico muy inteligente, avispado, dulce y atento. Su abuelo lo quería muchísimo y lo cuidaba y educaba lo mejor que podía. Paul Doyle cada día estaba más seguro de que lo estaba haciendo bien, y se sentía orgulloso del pequeño.

— ¿Has dibujado algo interesante últimamente? —Le pregunta el anciano librero.

—Un par de palomas que se posaron en el alfeizar de la tienda hace unos días. Y empecé un boceto de esta mesa. —El niño abre su bloc de dibujo y se lo enseña.

Paul sonríe. Para su corta edad, dibujaba maravillosamente. Tenía un manejo impresionante y personal, y se le daba muy bien hacer retratos. Los ojos que dibujaba tenían vida propia. Apenas había recibido clases. Todo lo aprendía por su cuenta.

— ¡Está muy bien!

—Si quieres, cuando lo termine, lo puedes colgar en esa pared. —El pequeño le señala la pared que estaba detrás de Paul, un hueco iluminado por la luz que entraba por la ventana del mostrador. Sonríe—. Podría quedar bien.

—Quedará muy bien —dice Paul devolviéndole una arrugada sonrisa—. ¿Vas ya a casa?

—Sí... Tengo deberes.

El niño mete en la mochila el bloc, se la coloca en la espalda y sale de la librería.

— ¡Hamish! No olvides cerrar la puerta de casa. Voy dentro de un ratito, cuando cierre.

El pequeño se detiene al otro lado de la ventana y afirma con la cabeza después, despidiéndose con una sonrisa antes de desaparecer.




N.A. ¡Sorpresa! No sé si lo leísteis hace unas semanillas que os daría una sorpresa relacionada con este fanfic, y aquí está, ¡el prólogo de la segunda parte! No es nada del otro mundo, pero bueno.

Sólo decir que he estado liadísima con los estudios; no he tenido ni un momento para revisar algún capítulo o seguir escribiendo, pero la idea de empezar a publicar en junio en cuanto acabe el curso sigue en pie. Quizás no pueda publicar con tanta regularidad como anteriormente (cada fin de semana, e incluso si me atrasaba algún día, poner dos capítulos el mismo fin de semana), pero intentaré hacerlo lo mejor posible.

¡Nada más! Quienes me leáis y estéis con los estudios, mucho ánimo, que ya queda poquito. ¡Ciao!

The Man Who Can [Sherlock BBC Fanfiction] (Parte II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora