Unos diminutos rayos de sol penetran por la ventana, se arrastran por el suelo hasta acariciar la piel de Irene Adler. Se despereza un poco, y al estirar el brazo, nota a su lado a Kate.
—Kate, hay que levantarse. Hazme el desayuno, por favor —le da un cariñoso codazo en el brazo y se levanta.
La chica obedece y, quitándose de encima el sueño con un bostezo, se pone la bata y sale de inmediato de la habitación.
La Mujer volvió a Londres hacía ocho meses, dos meses antes que el detective. Ella había sido su contacto en el extranjero, quien le facilitó los papeles para poder desaparecer sin problemas de Inglaterra el tiempo que hiciese falta. ‘’Un favor por otro favor’’, le dijo en un mensaje sin firmar. Siempre desde el anonimato, Irene tenía la sensación de que Sherlock perfectamente sabía quién era. Ese mensaje lo dijo todo, pero aun así no se identificó. Su pequeño juego.
Irene se enteró de incidente en la azotea del hospital St. Bartolomé por los medios de comunicación internacionales. En esos momentos se encontraba en París. Mentiroso, falso, impostor. Todos los periódicos y programas de actualidad no hablaban de otra cosa. No podía creérselo, y pidió a uno de sus contactos en el Reino Unido que buscase al detective, y que fuera discreto en su misión. Tras pasar una semana a las afueras de Londres, Sherlock recibió la visita de un hombre trajeado que no se identificó y que ni siquiera dijo si iba en nombre de algún amigo o conocido. Se limitó a extenderle un maletín que dentro llevaba carné, pasaporte y todo tipo de papeles que pudiese necesitar falsos, además de un billete de avión.
Se adentra en la ducha, dejando que los innumerables chorros de agua empapasen su cuerpo y la relajasen. Hoy tenía citado a varios banqueros y un político, y necesitaba estar lo más despierta y activa posible.
Justo cuando sale del baño, oye la voz de Kate desde las escaleras.
—Señorita Adler. Ha venido el señor Moriarty. Va ahora mismo hacia su cuarto.
Irene se pone una fina bata de seda, aún con el cuerpo humedecido, mientras ve a Jim entrar.
—Querida, si sabes que subo, ¿por qué te tapas? —se acerca a ella y le baja la bata lentamente hasta que cae al suelo, sin apartar sus ojos de los de La Mujer, que sonríe pícaramente.
—No te esperaba, no hasta mañana. Hoy tengo mucho trabajo. ¿Qué quieres? —susurra más cerca de él mientras delinea lentamente con un dedo las costuras de su traje.
—Sabes de sobra que Sherlock Holmes ha vuelto, ¿verdad? Quiero información, de lo que sea. Qué ha hecho, qué no ha hecho, todo lo que puedas recopilar.
—Eso puedes hacerlo tú perfectamente —se aparta enseguida y se da la vuelta, moviéndose sensualmente hasta al armario y abre las puertas de este—. ¿Por qué me lo pides a mí? —pregunta mientras ojea un par de conjuntos atrevidos. Oye cómo Jim suelta una pequeña carcajada con cierto tono sarcástico.
—Porque sí —dice tajante. Cambia un poco el tono de su voz a uno divertido, agudo—. Venga Irene, por mí, por favor. Y cuanto antes, mejor. Hoy. Cancela las citas con tus clientes. Pueden esperar —Irene se da la vuelta y le mira neutral. Él se dirige a la puerta de espaldas sin dejar de mirarla—. Además, cuanto más esperen, más ansiosos y deseosos estarán que les des en las posaderas con la fusta, y eso quiere decir que tú disfrutas más de tu trabajo, ¿no?
Se despide haciendo un movimiento seco con la mano y desaparece de allí.
Irene sabía perfectamente por qué se lo pedía a ella. Era Sherlock Holmes, y Jim sabía de sobra que Irene sentía algo por él, no algo romántico, sino algo menos superfluo. Los años cambiaron toda esa pasión y ansias de posesión hacia el detective; había madurado en ese aspecto. Él la salvó, y luego ella le devolvió el favor. Pura cortesía habría sido para una persona normal, pero para Irene no. Para ella fue algo especial. Toda su ‘’relación’’ había sido especial desde un principio. Había confianza, pero no la suficiente, no la que le gustaría a ella tener. Irene seguía jugando a dos bandas, e Irene cree que todavía debe haber resentimientos por parte del detective por lo que pasó.
Ahora tenía que engañarlo y sonsacar información para Jim. La idea no le entusiasmaba; de no ser por Sherlock, ella estaría muerta en esos momentos. Ni siquiera Jim movió un dedo por ella en esa época, y a pesar de ella ahí estaba, a los pies del criminal asesor.
De todas formas, Jim era Jim. No sentía nada por él, pero de alguna forma lo necesitaba. Cuando estaba con Jim, además de ser realmente divertido el tira y afloja de superioridad entre ambos, se sentía segura. Él era poderoso, tenía a todos a su merced, e Irene necesita a alguien así, por mucho miedo que pueda dar a veces Moriarty. Seguridad y temor eran las cosas que Jim le ofrecía. ¿Qué podría darle el bando de Sherlock? Nada, porque no podía abandonar el de Moriarty. Irritarle u ofenderle supondría un castigo doloroso.
Se para frente a la mesa que tiene al lado del ventanal de la habitación y observa su móvil. Se lleva los dedos a los labios y sonríe. <<Cuanto antes, mejor. Además, tengo ganas de verlo. Tendré que ser juguetona y misteriosa, y eso le encanta a él y a mí. Puede divertirme sacándole la información, aunque me fastidie tener que ser yo quien lo haga>>.
— ¿Kate? —alza la voz para que su asistenta apareciera en su habitación lo antes posible. Oye sus zapatos de tacón resonar por el parqué y pararse en el marco de la puerta—. Cancela mis citas para hoy y dile a los clientes que la semana que viene las sesiones serán el doble de placenteras.
Cuando Kate se va, La Mujer coge el móvil.
— ¿Cenamos? –IA.
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The Man Who Can [Sherlock BBC Fanfiction] (Parte II)
FanfictionParte II. La historia continúa...
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