John, 2

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Ve estupefacto cómo su compañero sale. Nunca había visto al gran Sherlock Holmes escapar de los problemas, y menos aún de una discusión. Es como si le dejase ganar. ¿Pero por qué?

Va a la cocina y coge una taza de té, yéndose luego al sofá parar mirar por la ventana. Al rato, empieza a llover, y observa alicaído el cielo nublado.

— Nunca ha hecho esto antes. Siempre debe tener la última palabra, siempre tiene que salirse con la suya y yo o darle la razón o rendirme. Nunca ha huido de esa forma…

¿Y si Sherlock intentaba evitar algo?

Se termina el té y lo deja encima de la mesa, echando luego la cabeza hacia atrás y mirando al techo. Cierra los ojos. Por primera vez estaba decidido a decirle a Sherlock todo lo que no había podido hacer el día que volvió a su vida, todos los sentimientos reprimidos, las quejas, los gritos y la frustración acumulada con el fin de conservar a Sherlock a su lado. El detective se había dado cuenta y había huido del enfrentamiento. ¿Pero por qué?

Empieza a reírse descontroladamente.

—Ya no puedo más.

Sale de casa a toda prisa. Algo dentro de él se mueve con una fuerza sobrehumana. Todo lo que se había callado desde que Sherlock volvió a su vida brota de manera incontrolada e inunda todo su ser, le agita. Al rato se da cuenta de que ha olvidado su paraguas y que está totalmente calado, aunque ya le da igual. La lluvia era abundante y en poco menos de una hora se había apoderado de las calles.

<<No ha podido ir a Regents Park —piensa—. Demasiado cerca. El muy idiota habrá querido irse más lejos por si salía a por él>>. Da media vuelta y se dirige calle abajo.

Se abrocha hasta arriba el abrigo y se sacude el pelo varias veces. Cuando llega al parque, pasea con paso vivo por el camino principal, buscando entre la cortina de gotas de lluvia alguna oscura figura alta y morena.

Encuentra a Sherlock sentado e inmóvil en un banco, chorreando y mirando al frente, a unos diez metros de distancia de él.

— ¿De verdad, Sherlock? —le grita—. Eres un cobarde —eleva más el tono porque su voz se pierde cuando la tempestad de la lluvia aumenta—. Mírame.

Entrecerrando un poco los ojos, consigue ver que Sherlock ni se ha movido y que no le mira. Acorta un poco la distancia y consigue verlo mejor. Estaba sentado recto y con las manos en los bolsillos. El pelo le caía por la frente, empapado, haciendo que las gotas de lluvia hiciesen un recorrido por su cara desde la nariz hasta la barbilla. El labio inferior le tiritaba un poco. Llevaba lloviendo como dos horas, y él no se habría movido de ahí.

John cierra las manos en puño, furioso ante la pasividad de Sherlock.

— ¡He dicho que me mires! Quiero saber por qué.

— ¿Por qué, qué? —Sherlock gira rápidamente la cabeza para mirarle, haciendo que las gotas de su cara bailasen hacia un lado.

— ¿Ni una carta? ¿Ni un mensaje?

Sherlock sonríe, como si lo que hubiera dicho fuese una tontería.

— ¿Y Molly? —continúa exasperado—. La involucraste. Nos estuvo engañando todos estos años también.

— ¿Entiendes lo que quiere decir ‘’Me fui para protegeros’’? —su tono era seco y severo—. No tenías que saber nada de mí. Nadie debía saber que yo estaba vivo —hace una pequeña pausa y mira hacia otro lado—. Y sobre Molly, ella se limitó a hacer lo que le dije, y me hizo un gran favor. No sería justo que tuvieras sentimientos de rechazo hacia ella. Sólo quería ayudar.

The Man Who Can [Sherlock BBC Fanfiction] (Parte II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora