Sherlock, 3

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Las paredes de la casa cada vez se comprimían más en su mente. Lo ahogaban, lo asfixiaban. Llevaba días sin salir de casa. Ni un caso. La policía apenas contactaba con él, pero Lestrade se las apañaba para pedirle ayuda de manera discreta, aunque hacía días que no le daba noticias, y eso lo frustraba.

Esa sencilla nota con el nombre del cuarto mes del año en ella de Irene era otra de sus principales frustraciones. Ya eran semanas dándole vueltas y no sacaba nada en claro.

<<Demasiado tiempo libre —piensa mientras pasea por el salón. Se aproxima a la ventana y mira por ella—. Ese es el problema. Tiempo libre en abundancia. Qué horror>>.

—John… Me aburro —comenta en un murmullo.

El doctor levanta la vista del periódico y clava sus ojos en él.

— ¿Acaso eso es algo nuevo?

Sherlock suelta una pequeña carcajada sarcástica mientras se da la vuelta y camina hacia él. Vuelve sobre sus pasos y empieza a dar vueltas nervioso y eufórico por el salón.

—Necesito tabaco. ¿Me has vuelto a esconder los cigarrillos? ¡Los necesito! No tengo casos, no salgo de casa, y ahora no puedo fumar… ¡Me aburro!

—Sherlock, no voy a darte tus cigarrillos —vuelve a prestar toda su atención en el periódico—. Lo dejaste hace mucho, e ibas muy bien. No decaigas ahora. Ya llegarán los casos.

Sherlock le mira furioso.

— ¡Está bien! —se desploma en el sillón y empieza a tamborilear con los dedos en el reposabrazos. Poco a poco se calma. John tenía razón—. Está bien… ¿Te apetece ir a cenar?

— ¿Cenar? —John cierra el periódico y le mira—. Estoy cansado. No he parado de trabajar en todo el día…

—Pues entretenme. Si no salimos de casa, tendrás que aguantarme así… O mejor, juguemos al cluedo —dice desafiante.

John le mantiene la mirada muy serio.

—Vamos a cenar.

Tras un paseo a la luz de las farolas, llegan a Angelo’s. Hacía tiempo que no iban allí, y a ambos les traía viejos y buenos recuerdos. Sherlock mira un momento a sucompañero.

—‘’Estudio en rosa’’, ¿verdad? —le pregunta a John mientras pasa al restaurante.

John sonríe. Le reconfortaba saber que su ‘’estúpido blog’’ seguía en la memoria del detective a pesar de tantos años.

—Sí. Había mucho rosa —dice riéndose.

El ambiente era ligero, a pesar de la cantidad de gente que había esa noche. La gente hablando, susurrando, chocando sus cubiertos en el plato y sus risas suenan de fondo de forma armoniosa.

Después de saludar a Angelo y mantener una pequeña conversación con él, ya que hacía tiempo que no se veían, cogen la misma mesa en la que se sentaron por primera vez. Un camarero se acerca a pedirles nota y luego coloca en el centro de la mesa una vela.

—No, no… No somos… —John corta la frase con un bufido al ver que la vela ya está encendida y que el camarero se aleja con los pedidos tomados. Susurra—: Siempre igual.

Sherlock sonríe de medio lado al verlo molestado por una tontería como una vela.

—Oh, cállate. Borra esa sonrisa de la cara —bufa John, fingiendo que le molesta verle sonreír.

—Llevo días sin salir de casa, aburriéndome. No me prives de algo de diversión.

— ¿Te hago gracia? Porque parece ser que soy el único aquí al que le molesta que todos crean que somos… pareja.

The Man Who Can [Sherlock BBC Fanfiction] (Parte II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora