Eli, 8

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Con la prueba por fin hecha, Eli sentía como si se hubiera quitado un gran peso de encima. A pesar de ello, seguía nerviosa (apenas se separaba de sus pastillas); no superaba el asesinato de Dean Crowe, ni tampoco esa horrible pesadilla con su madre. Pero ahora había una cosa que, de alguna manera, aunque era peligroso, le levantaba el ánimo: Sherlock Holmes.

Fue después de la prueba. Estaba hablando con unas amigas a la salida cuando oyó detrás suya que alguien se aclaraba la voz. Se dio la vuelta y lo vio: un hombre joven, de treinta y pocos, alto, imponente, con unos ojos azules hipnóticos y preciosos, el pelo negro como el carbón y rizado, alborotado pero manteniendo cierto orden en ese caos. Había oído que tenía la apariencia de alguien serio y firme, pero en ese momento lo notaba desconcertado, más bien nervioso. Eli intentó disimular su asombro al verlo.

-H-hola. Soy Sherlock Holmes -dijo extendiéndole la mano.

Eli esbozó una diminuta sonrisa que no duró más de una milésima de segundo.

-Sí... le conozco. El detective asesor.

Sherlock sonrió con esa sonrisa falsa de la que Eli tanto había oído hablar; la utilizaba para acercarse a la gente, para sonsacarle cosas. Puro interés. ''Es una fachada'', pensó.

- ¿Llevas mucho bailando?

Eli podía sentir su mirada penetrante y sabía que él notaba que estaba nerviosa.

-Varios años... Por mi madre. También era bailarina -dijo seca. Eli vio que Sherlock, al nombrar a su madre, tenía un pequeño tic en el ojo derecho. ¿Quizá el detective de alguna forma sospechaba quién podía ser ella?-. ¿Qué hace usted aquí?

-Me... Me aburría en casa -sonrió, más relajado.

Para ella, ese hombre era peligroso. Jim se lo había dicho una y otra vez, una advertencia, como ''Fumar mata''. Pero sentía demasiada curiosidad como para dejar escapar la ocasión.

-Entonces le gusta el ballet, ¿no, señor Holmes?

-Sí. Y por favor, no me hables de usted.

''No, gracias...'', pensó. Cuanto menos se acercara a él, mejor. Y a pesar de ello, la admiración que sentía hacia él no mermaba.

-Bueno -prosiguió el detective-, no quiero entretenerte más. Será mejor que me vaya. Espero que tengas mucha suerte. Hace tiempo... -Eli notó que Sherlock, aunque la miraba fijamente, se sumergía en sus recuerdos sin perder el contacto visual- fui a un ballet, el único al que he ido (hasta ahora), y créeme cuando te digo que tú bien podrías estar entre profesionales pronto.

Sherlock hizo un gesto con la mano a modo de despedida.

''Mamá... Vio a mamá''. Eli no sabía ese dato. Cuando el detective ya se había alejado unos escasos metros, corrió hacia él.

- ¡Espera! -Sherlock se dio la vuelta y frunció los labios al volver a mirarla a los ojos-. Gracias.

-No... hay de qué. -A Eli le dio un escalofrío cuando sintió nuevamente sus penetrantes ojos mirándola. Sherlock soltó una risita-. Perdona la indiscreción. No sé si lo que voy a decirte es muy impertinente por mi parte, o inapropiado. -Volvió a reír. ''Todo es falso'', se recordó Eli-. Tienes unos ojos preciosos. Tu madre debe tenerlos igual.

Hablaba en presente de ella, así que no sabía absolutamente nada.

-Mi madre los tenía marrones -contestó Eli casi sin percatarse.

Sherlock no pudo ocultar su sorpresa, y Eli cayó en la cuenta de que había cometido un fallo: le había aportado información a quien mejor sabía usarla.

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⏰ Última actualización: Jun 21, 2015 ⏰

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The Man Who Can [Sherlock BBC Fanfiction] (Parte II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora