41. Buenas intenciones II - Nevi

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Nevi, Philadelphia
Aquelarre de las Brujas, Ene. 13:00pm

Distraído por un momento en los pliegues del dosel de raso color borgoña que cuelga sobre la cama, los cuales bajan en la forma de largas cascadas de tela drapeada hasta el suelo a los costados de la cama, me fijo en que Morgan ha sumado un par de amuletos a las protecciones que cuelgan detrás de esta, desde la última vez que estuve aquí.

—¿Problemas para dormir? —pregunto, alargando el brazo para tocar uno de ellos.

La uña afilada de Morgan se desliza por mi pecho trazando círculos. Tendida sobre su costado, con la mejilla en su mano, noto que me contempla con atención.

—Podría hacer uno para ti. —Sus dedos viajan desde mi pecho a mi mentón y afianzan mi barbilla para girar mi rostro y obligarme a mirarla de frente—. Luces cansado.

Enarco una ceja y tuerzo una sonrisa por una comisura:

—¿Te parece poco?

—Soy mayor que tú; yo debería estarlo más.

—Y sin embargo tienes la energía de una veinteañera.

Morgan sonríe jactanciosa y se tiende de espaldas sobre la cama con los brazos extendidos detrás de su cabeza.

—Solo han sido muchas cosas el último tiempo —bostezo—. Una detrás de otra...

—Eso no es todo —replica ella—. Ya te lo he dicho, Nevent, no juegues a esto conmigo. Estás preocupado. Comiendo mal, durmiendo menos que de costumbre... —Vuelve a deslizar sus dedos por mi barbilla—. Y no te has afeitado últimamente.

—Quizá solo quiero dejarme la barba.

Me río de mi propia broma, pero ella permanece seria, aún con una sonrisa en los labios rojos con el maquillaje corroído.

—¿Tiene que ver con el muchacho?

La diversión se borra paulatinamente de mis rasgos y con ello le indico que ha acertado.

Morgan se yergue y se apoya nuevamente de costado en las sábanas revueltas con la vista fija en mí. El pelo le cae como un enjaretado sobre el pecho descubierto, adornado solo por sus múltiples collares.

—Así que es eso. Bien, hablemos de él ahora.

—¿Lo de hablar iba en serio? —inquiero, entornando los ojos—. Pensé que era un eufemismo para-...

—Iba en serio. Lo demás ha sido un bonus. No esperaba oír de ti tan pronto, pero te dejaste caer en un buen momento. He estado algo tensa estos días... —dice, encogiendo los hombros como si no tuviera la menor importancia.

Finjo ofenderme.

—Me siento usado.

Después vuelvo a acomodar la cabeza en la almohada mirando al techo y vacío el pecho en un suspiro.

—Veamos, respecto al chiquillo... Es posible que todo haya comenzado con él.

Morgan escucha atenta y yo intento hacer un recuento lo más fiel posible de todo lo sucedido hasta ahora.

—El primer incidente ocurrió por las Navidades. Micah y yo tuvimos una especie de... altercado. Su hermano menor, Abel, es bastante posesivo con él. Sobreprotector, a pesar de ser más joven. A mitad de la trifulca se metió en medio y... —sacudo la cabeza y me siento sobre la cama, mirando a los pies de la misma—. Nunca sentí nada similar. Le bastó con tocarme una vez, y todo se volvió negro. Recuperé la conciencia poco después. Y desde entonces... No he sido el mismo. Estoy débil, me canso con facilidad... No sé qué fue lo que hizo; no creo que lo sepa él tampoco, pero aunque el efecto va remitiendo, aún no siento que lo haya hecho del todo. O quizá todo se haya amalgamado como una bola de nieve... Tendría razones de sobra para creer que se trata únicamente de eso, y que lo que pasó con Abel no fue sino una coincidencia muy extraña. Pero no ha sido el único incidente.

HUNTERS ~ vol.2 | COMPLETAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora