8. Experimento: Día uno II - Caleb

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Caleb – Philadelphia

Fábrica – Nov, 8.00pm


Estoy soñando.

Sueño que estoy atrapado en un lugar frío y mojado. Mi piel lo nota, pero yo no. Sueño que buceo en un mar pequeño y oscuro, con olor a metal y a óxido. Sueño que me quedo sin aire, y que cuando trato de salir a la superficie, algo me lo impide. El agua se empieza a introducir en mis pulmones. Golpeo, me agito, trato con todas mis fuerzas de salir de allí... Pero no puedo.

Pero, ¿cómo es posible que esté soñando, si yo no duermo?

No, no es un sueño. Es un recuerdo.

Abro los ojos de golpe, con un jadeo, y me incorporo a una velocidad tan rápida que en cualquier otra situación me hubiera mareado. Puedo notar cómo el pulso se me ha disparado, producto de recordar todo lo ocurrido con el barril de agua: la angustia, la impotencia, el miedo...

— Caleb...

Me giro hacia mi derecha, siguiendo la voz que hubiera podido distinguir si no estuviera tan afectado. Es Nevi. Está sentado a mi lado, sobre el colchón en el que me han recostado. Su rostro parece aliviado y me distiende una sonrisa al tiempo que me coloca la mano en el hombro, tratando de tranquilizarme.

— Tranquilo, estás bien – me asegura. — Tan solo te desmayaste.

Le contemplo, abro la boca, pero ninguna palabra es capaz de superar los jadeos que no evito soltar en lo que mi respiración trata de volver a acompasarse.

— ¿Qué pasó? — pregunto, preocupado, y me sorprende que mi voz no suena tan cansada y ajada como para alguien que casi se muere ahogado. — Solo recuerdo quedarme sin aire y...

No puedo seguir hablando, porque los recuerdos vuelven a mí al instante. La sensación de no poder respirar, de golpear e intentar desesperadamente encontrar una salida, escapar de ahí, respirar aire... Trago saliva y me obligo a mi mismo a intentar inhalar por la nariz para no hiperventilar.

— Te quedaste inconsciente y te sacamos.

Le contemplo. Una respuesta demasiado corta para todo lo que pretendían averiguar con ese experimento.

— ¿Y ya está?

Nevi hace una mueca con la boca, como debatiéndose sobre qué decir. Y quiero saber más. Merezco saber más.

— ¿Superé la prueba o no? — exijo saber.

Finalmente, Nevi suspira.

— No – confiesa.

Cierro los ojos y suspiro. Debería sentirme más ansioso y agobiado, pero, sin saber muy bien por qué, me siento algo más tranquilo. Quizás porque, en el fondo, sabía que no sería tan fácil. O porque Nevi ha sido honesto y me lo ha contado.

— ¿Qué pasó? — repito, y el hecho de que Nevi no me responda me pone al instante en alerta, y otra clase de miedo me invade. — ¿Me transformé? — pregunto, con voz temblorosa. — ¿Hice daño a alguien?

Rezo porque la respuesta vuelva a ser negativa. Para mi tranquilidad, Nevi niega con la cabeza.

— No. — Respiro aliviado. Nevi me contempla. — Aunque...

Le miro, con los ojos abiertos, y de nuevo con el corazón en vilo.

— ...casi – termina él.

Abro la boca, pero la cierro enseguida. Aunque hay algo que necesito saber.

— ¿Casi me transformo o casi hice daño a alguien?

— Ambas.

La respuesta de Nevi me deja derrotado. Siento cómo me vuelve a faltar el aire, y necesito tomar una gran bocanada para evitar que mi ritmo cardíaco se dispare de nuevo.

— Tranquilo, Spike – vuelve a apaciguarme Nevi. — He dicho "casi". No pasó nada, gracias a Dios. Estabas demasiado débil por la falta de oxígeno.

Niego con la cabeza. Sé que quiere tranquilizarme, pero no es eso lo que me preocupa.

— Si esto ha pasado ahora, ¿qué pasará cuando me transforme por completo? — pregunto.

No estoy seguro de que quiera saber la respuesta.

— Nada – me asegura él. — Por eso estamos haciendo estas pruebas. No pasará nada.

Contemplo a Nevi, y aunque agradezco sus intentos de tranquilizarme y asegurarme de que todo irá bien, algo me dice que no es solamente a mí a quien trata de convencer. Pero antes de que pueda preguntar o hacer algún comentario al respecto, Nevi se levanta.

— Bien, debo ir a buscarte otra bañera – me informa. — Mañana tendremos que repetirlo.

Le miro. Y aunque no hay enfado en mi cuerpo —porque, en el fondo, sabía que con una sola prueba no iba a ser suficiente— no puedo decir lo mismo del miedo. Pero debo dejar este a un lado, por el bien de todos. Al fin y al cabo, si quedo en coma, al menos no podré hacer daño a nadie más. Pero, antes de que Nevi se marche, hay algo más que debo preguntarle.

— Nevi... — Este se vuelve. — ¿Quién fue? Al que casi hago daño...

— Nikolas – responde este.

Asiento y no digo nada más. Nevi tampoco lo espera.

— Descansa — me recomienda antes de marcharse.

Y no es hasta que me ha dado la espalda que mi rostro de desfigura en una mueca previa al llanto: primero Byron en la hamburguesería, después Nevi en los laboratorios, ahora Nikolas... ¿Quién será el próximo cuya vida peligre por mi culpa?

HUNTERS ~ vol.2 | COMPLETAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora