55. Aparición I - Caleb

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Caleb – Philadelphia
Fabrica, Dic 10:00am

El ruido del motor se escucha tan claro como si lo tuviera delante, aunque soy incapaz de determinar a qué distancia se encuentra. Solo sé que lo oigo y que se acerca rápidamente. Cinco pares de ojos me contemplan de golpe, la mayoría sin entender nada, pero uno de ellos resalta sobre el resto. La bola de nieve que Byron sostenía en su mano resbala por sus dedos hasta perderse en el suelo lleno de pisadas y el ceño de su frente contrasta con la perplejidad con la que me contempla. La boca se le entreabre lo justo para terminar de dar forma a una expresión que revela que es el único que sabe algo.

Desde mi posición al otro lado del improvisado campo de batalla puedo escucharle murmurar apenas imperceptiblemente:

— No me jodas...

Antes de que pueda echar a andar hacia él o preguntar algo, el rugido del coche se escucha con más fuerza, haciéndole perder el color del rostro, y esta vez los demás también lo oyen, pues levantan las cabezas al unísono hacia el sendero, por el que no tarda en aparecer un deportivo plateado súper bonito, levantando polvo con las ruedas traseras y que llega hasta la entrada de la fábrica en apenas un parpadeo, derrapando elegantemente sobre la nieve y deteniéndose limpiamente a unos pocos metros de nosotros. Abel retrocede y se abraza a su hermano, intimidado por el ruido y la brusquedad de los movimientos del coche, Cassie se acerca a mí sin dejar de observar con curiosidad el vehículo y Nevi se mantiene de pie contemplándolo con cautela. Y Byron se ha quedado blanco.

Entonces, la puerta del conductor se abre, revelando a un fantasma.

La imagen me deja paralizado en el sitio pero, al mismo tiempo, me dispara el pulso como si fuera un terrorífico sueño. O un recuerdo. Su cara fina, sus ojos glaucos, su pelo pelirrojo... Es ella. Está viva. No puede ser.

— ¿Quién es? — me pregunta Cassie en voz baja.

Su voz me devuelve al presente.

— Ch.. Chels... — empiezo, en un hilo de voz, empezando a hiperventilar.

El corazón me palpita tan rápido que siento que se me va a salir del pecho y, durante unos instantes, veo borroso. Un calor cada vez más intenso me empieza a recorrer el cuerpo, desde los dedos de las manos hasta las puntas de los pies, y aún a pesar del frío glacial de la mañana, creo que estoy sudando.

Entonces, la diminuta mano de Cassie se clava en mi antebrazo con fuerza, devolviéndome a la realidad. Poso mi mirada en ella, y la suya está fija en la mía con una urgencia casi suplicante.

— Caleb — me llama.

Sus ojos bailan en sus cuencas, y me doy cuenta de que su mano tiembla en contacto con mi brazo. Está asustada y entonces entiendo por qué.

— No es Chelsea — me asegura con firmeza, aunque su voz todavía tiembla producto de su miedo latente. — Mírala bien. No es ella. No te transformes, por favor.

Todavía con el corazón retumbándome en la garganta, me fijo mejor en la chica que acaba de bajarse del coche. Tiene el cabello rojo como Chelsea, los ojos de un color mezcla del verde y el azul, y lo que parece un cuerpo de infarto aún bajo de la gabardina de cachemir, debajo de la cual asoman dos botas negras de tacón de varios centímetros. Y, a pesar de la distancia, puedo distinguir el maquillaje de su rostro. Es guapísima, como Chelsea.

Pero no. Cassie tiene razón. Se parece a Chelsea, pero no es ella.

Porque Chelsea está muerta. Yo la maté. 

HUNTERS ~ vol.2 | COMPLETAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora