62. Misión fallida II - Byron

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Byron – Philadelphia
Fábrica, Dic 04:30am

Conduzco en silencio de vuelta a la fábrica con Micah en el asiento del copiloto haciendo tremendos esfuerzos por mantenerse despierto... y por no vomitar. Se lleva la mano a la cabeza con frecuencia, suelta pesados suspiros, cierra y abre los ojos y, ocasionalmente, su cuerpo se sacude con repentina brusquedad, haciéndole llevarse la mano a la boca.

—¿Quieres que pare? — le pregunto, cuando le viene la cuarta o quinta arcada.

El niega con la cabeza.

—Si vas a vomitar, prefiero que sea en el arcén y no en el salpicadero — insisto.

El muchacho me contempla con vergüenza y puedo ver el rojo encendido de sus mejillas incluso a través de las manos con las que se medio tapa el resto del rostro, blanco por el mareo. No hay enfado en mi voz, sino toda la tranquilidad que puedo transmitirle.

—Estoy bien... — asegura el muchacho.

—Estás borracho, Micah — discrepo, y el chico me mira muy asustado de pronto, con la culpabilidad brillándole en los ojos como farolas en medio de la noche. — Eh, está bien — Trato de tranquilizarle. — Imagino que nunca antes habías bebido alcohol, es normal que te haya afectado.

A la salida del Euphoria no quise decir nada porque el muchacho se estaba esforzando soberanamente porque no notara los efectos que la noche había tenido con él, pero ahora en el coche, estos no dejan de manifestarse en forma de violentas arcadas; y aunque no me haga ninguna gracia que vomite dentro del coche, sé que lo mejor para él es que pare.

Así pues, amaino poco a poco la velocidad, deteniendo el coche en el costado de la carretera. El cese del movimiento del coche hace que Micah levante la cabeza para comprobar que, efectivamente, estamos parados, tras lo cual abre la puerta de la camioneta, se apea y se aparta unos metros, internándose entre los arbustos que flanquean la carretera, dejando la puerta abierta. No tardo en escuchar desde mi sitio el inconfundible sonido de alguien devolviendo, pero no hago ninguna mueca y espero pacientemente a que termine con la vista puesta en los pocos metros de carretera que iluminan los faros de la pick-up.

Al cabo de casi diez minutos, Micah regresa tambaleándose y limpiándose la comisura de la boca con la manga de la camisa. Tiene los ojos vidriosos, pero su rostro luce algo menos pálido, valga la ironía, aunque viene cabizbajo.

—Mejor fuera que dentro, créeme — lo animo.

—Perdón — se disculpa él, entrando de nuevo en el vehículo y cerrando la puerta.

—Tranquilo.

Vuelvo a poner el coche en marcha y retomamos el camino. Pasamos un rato más en silencio hasta que finalmente, decido preguntar aquello que me quema en la lengua desde que salimos del Club.

—¿Cómo se llamaba? — Micah me contempla si entender, y me veo obligado a añadir: — La chica del Euphoria.

La rapidez con la que el mucho levanta la cabeza y lo mucho que abre los ojos me sorprenden incluso a mí. Es el gesto de alguien al que acaban de pillar haciendo algo que no debía.

—¿Qué? Te dije que te vigilaría, ¿recuerdas?

Micah vuelve a bajar la cabeza, avergonzado y escarmentado.

—Iseth — responde en un murmullo.

Ladeo la cabeza.

—Bonito nombre.

HUNTERS ~ vol.2 | COMPLETAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora