33. El ring - Byron

196 43 21
                                        

Byron – Richmond, Virginia
Club Kabana, Dic 23:48pm

El golpe del puñetazo contra mi mejilla me hace soltar un gemido de dolor y retroceder un par de pasos. Durante unos segundos, veo blanco, pero cuando mi espalda se topa de súbito con un montón de brazos que me empujan de vuelta al cuadrilátero, comprendo que no puedo darme el lujo de descuidarme ni un segundo. Trato de no perder el equilibrio y levanto la vista de nuevo, nublada por las gotas de sudor que me corren por el rostro y el pecho descubierto.

A un par de metros de distancia, mi oponente me contempla con semblante agresivo y los dientes apretados. También él va sin camiseta, y también él refleja en su cara y cuerpo las secuelas de varias patadas, puñetazos y golpes. Los clamores de los demás corean la pelea y alientan al tipo, que suelta un grito para devolverles el ánimo. Yo, por mi parte, me limpio con el dorso del pulgar la sangre que mana de mi nariz y aprovecho para tomar aliento. El tipo se gira de nuevo hacia mí. Es alto y fornido, incluso más que yo, con la cabeza rapada y el tatuaje de una serpiente en el bíceps derecho, que de por sí ya tiene el tamaño de un melón. De su ceja partida en el anterior asalto mana un hilo de sangre que se pierde en sus labios y que parece no molestarle. Le sostengo la mirada en lo que habla haciéndose oír sobre los abucheos.

— Última oportunidad. Da media vuelta y lárgate.

Ignorando su advertencia, vuelvo a ponerme en guardia.

— No me voy a ninguna parte hasta no ver a Méndez.

El tipo calvo se ríe, contagiando al resto de matones que nos rodean en este ring de boxeo improvisado. Quieren provocarme, pero no lo van a conseguir.

— Tienes cojones, lo admito, — dice su guardaespaldas — pero Méndez no recibe a cualquiera que solicite verlo.

— ¿Me recibiría si te parto las pelotas? — Esta vez, le provoco yo.

Y parece que surte efecto, pues el tío gruñe y se lanza a por mí. Me preparo para recibir su golpe deteniéndolo con mi antebrazo izquierdo, y cuando va a contratacar con la otra mano, retrocedo un paso elevando mi pierna derecha y le planto la suelta de la bota en el pecho propinándole una fuerte patada que lo hace recular con un quejido de dolor pero sin llegar a caer. Sin perder tiempo, avanzo hacia él dándole otra patada pero que él logra detener cruzando ambos antebrazos frente a su entrepierna. Sin dejarle adelantarse, le lanzo otra serie de puñetazos que frena con rápidos movimientos, atenazándome la muñeca en uno de ellos, pero antes de que pueda aplicarme ninguna llave, retuerzo el brazo hacia abajo haciendo que me suelte. Sin embargo, él es más rápido en contraatacar y vuelve a golpearme con su izquierda, pero no dejo que eso me haga retroceder otra vez y rápidamente lo agarro por los hombros con fuerza y lo empujo en una brutal carrera hasta lanzarlo contra los suyos.

El choque hace que un par de matones más se vayan con él al suelo, pero entre los demás no tardan en levantarlo. El tipo no parece mucho más afectado que yo hace un momento, pero no sería muy buen guardaespaldas si cayera solo con eso. Sin embargo, lo que sí hace es enfurecerse, pues se lanza hacia mí en un brutal placaje. Me preparo para la embestida y cuando su cuerpo impacta contra el mío, lo agarro de la cintura con ambas manos, agachándome y levantándolo, usando su propia fuerza, para después estamparlo contra el suelo. Una vez allí, le propino sendas patadas en el estómago. La primera impacta, pero la segunda consigue detenerla tomando mi pie con sus brazos, retorciéndolo y haciéndome perder el equilibrio, cayendo al suelo con él. Recupero el aliento justo a tiempo de moverme rápido y evitar un puñetazo directo a la cara que de haberme alcanzado, me hubiera hecho rebotar la cabeza contra el suelo y perder el sentido. Trato de incorporarme para retroceder, pero el hombre se alza más rápido sobre sus rodillas y sus manos vuelan a mi pescuezo, el cual empieza a apretar. Noto cómo el aire se me corta ante la presión que su agarre ejerce contra mi garganta, y sé que apenas cuento con uno o dos segundos para contraatacar. Echo la cabeza hacia atrás y luego con fuerza hacia delante, propinándole un potente y seco cabezazo que le hace soltarme y caer de nuevo sobre sus espaldas. Toso y jadeo tratando de recuperar el aire, pero el tipo parece algo conmocionado por el fuerte golpe, pues todavía no ha hecho el amago de levantarse. Tambaleándome un poco yo también por la falta de aire, avanzo hacia él y este, al notarme tan cerca, alza la vista, pero no logra moverse a tiempo de esquivar un potente puñetazo directo a su nariz que lo tumba de bruces, haciéndole escupir sangre y dejándole inconsciente.

Me doy un momento para respirar otra vez y luego me giro hacia sus matones, que contemplan el resultado de la pelea con sorpresa y clara incredulidad.

— Llevadme hasta Méndez — ordeno.

HUNTERS ~ vol.2 | COMPLETAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora