✴ Capítulo 56 ✴

56 2 1
                                        

You showed me a power.

Un gran suspiro abandonó sus labios, analizó la mezcla de pensamientos que tuvo y notó que eran tantos que casi no supo que hacer con ellos. Creyó estar estancado y fue como si de repente, todo lo pensado no tuviese valor alguno. El lado positivo y el negativo se juntaban y hacían uno nulo, ¿Serviría de algo continuar con una posición positiva?, ¿Y con una pesimista?

Estaba siendo tan difícil de comprender, un pánico inexplicable apareció de golpe y se adueñó de él, haciendo que no supiera que hacer, teniendo una leve noción del cambio abrupto en sus emociones. Casi como si a penas pudiera distinguirlo entre la bruma aplastante del océano de sus pensamientos. Y sentía su nariz picar porque se asustó de ellos, quizás a razón de que toda la conciencia que había guardado para sí, enjaulada en su juicio, comenzaba a caer sobre sus hombros como nunca había ocurrido antes. Era abrumador y no entendió como es que de un momento a otro tuvo que mirar de un lugar a otro en el techo, buscando algo que pudiera salvarlo de eso porque una sensación horrenda comenzó a subir por todo su pecho. Fue como un miedo inexplicable que apareció de repente, comenzando a afligirlo de más. No tenía sentido y la confusión hizo que se desesperara más, que no quisiera que continuara, pero lo único que hacía era crecer y querer tomarlo todo.

Miró a un costado y al otro, tratando de encontrar a qué sostenerse. Si algún objeto que permanecía ahí pudiera hacerlo rememorar algo a lo que pudiera aferrarse. No encontró nada. Lo único que había era terror recorriendo su cuerpo, logrando su intención de toma. Entonces no quiso, pero se adentró a su mente nuevamente, buscando algún recuerdo en el que pueda apoyarse, que lo acaricie y con delicadeza, vaya juntando las piezas que lo componían, porque se estaba rompiendo tanto. Una ironía si es que se tomaba en cuenta que era, justamente, su propia mente de la que quería escapar en el último tiempo. Pero sólo logró ver que entre la oscuridad se pintaban palabras que tenían intención de herirlo. Y esos pedazos rotos de sí mismo quedaban en la nada misma, sin esparcirse ni moverse, porque no veían necesario utilizar más espacio debido a lo insignificante que él resultaba. Ni siquiera tenía importancia que saltaran cual vidrios rotos a herir o hacer algún ruido para evidenciar su caída porque sencillamente, no era tan importante para eso.

Se estaba destruyendo.

El golpeteo de su corazón era tan errático y fuerte que podía escucharlo martillar en sus oídos, eligiendo ponerse así de un momento a otro. Entonces cerró los ojos, porque ya no quería escucharlo. Era tan ruidoso que, aunque sabía que era imposible, temió que se exteriorizara de tal modo que retumbaría en la habitación y atravesara las paredes. Ella lo escucharía y sería su perdición. Quería que se detuviera tanto como quería escapar de las largas tiras de sus pensamientos, las que lo rozaban incesantemente. Sentía como si estuviese huyendo de ellas, estando detrás de él, siguiéndolo y torturándolo con su manoseo tan sólo por el morbo que les causaba, porque eran más rápidos que él y podían atraparlo en tan sólo un segundo, si así lo deseaban.

No se dio cuenta de cuando sus lágrimas dejaron de ser algunas cuantas, y se transformaron en un río en su rostro, que lo empapó de una manera desafortunada y lamentable. Su boca se abrió y de allí salió un sollozo que no pudo retener, cerrando sus ojos fuertemente porque a pesar de apretar las sábanas entre sus dedos, nada podía devolverlo a la calma. Su realidad era esa, estando en medio de un torrente oscuro que no quería dejarlo escapar. Y él, sin poder darle más lucha de la que constantemente le daba, se estaba dejando atrapar.

Se preguntaba si es que en algún momento, su existencia pudiera valer tanto para que algo tuviera compasión por él, y le otorgara una pizca de la fuerza que le faltaba. Si pudiera recopilar lo necesario para hacerse notar, y ser merecedor de una oportunidad para aclamar por eso que necesitaba para salir. Porque sencillamente, ahora era tan miserable que no era capaz de hacerlo por sí mismo. Ya no lo creía.

Incorrecto. | Joerick |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora