✴ Capítulo 58 ✴

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Clearing the air, i breathed in the smoke
Everyone looked worse in the light
It's brighter now, now
All of you, all of me, intertwined.

Hubo un momento justo en el que la aparición de una pequeña curva fue creada, desplazándose desde la esquina de sus finos labios motivada por el deseo de llegar hasta la otra, acaparando cada tramo en la extensión de ellos con una mueca de sincera plenitud al reconocer el toque cuidadoso, casi efímero, que los dedos de Joel estaban dibujando en pequeños espacios de su espalda, dejando un cosquilleo tras el empleo de tanta delicadeza puesta en los roces. Era como si quisiera grabar cada pedacito de piel en la memoria de sus yemas, marcando en tatuajes, un camino sedoso de amor. Líneas que acompañaban el suspiro que, tranquilo y por poco, profundo, chocaba contra su pecho en un llamado atrayente, solamente el sonido sordo, casi insonoro del tono único de su voz. Llevándolo hipnotizado hasta un espacio en el que podría recostarse entre las sábanas suaves de sus emociones y regocijarse en el abrazo que le daban, como si quisieran llenarlo de ellas hasta hacer a su estómago cosquillear.

Lazos desiguales, sin rumbo, atolondrados y que por poco no lo tocaban, pero que en esa casi inexistencia, desataban hormigueos picosos y gentiles en su aventura de idas y vueltas. Lazos que podían o no conectarse, atravesarse y mezclarse entre sí, esos que desprendían brillos que se verían dorados, viajando como tinta en el lienzo que le otorgaría su piel. Tinta que se escondía de los cuerpos que no reconocían como el que albergaba el alma a la que eran devotos. De cualquiera que no fuera la mente en la que está su imaginación compartida. Su idea creada por la percepción de su amor.

Aquel pigmento albergando la calidez en la que se envolvía cada tacto sólo perteneciente a ellos, hayando origen en sus palmas, sus auras y esencias cuando estaban a un lado del otro. Cada lapso de tiempo en la irrelevancia de la duración, en la que tenían su compañía. Estaba allí el químico de constelaciones luminosas que cargaban en su mirar porque en los momentos en los que las combinaban, buscaban componer las galaxias impropias. Comprender la veneración a sus cuerpos y corazón, encontrarse en ella y fusionar su entrega con la otra. Mismas centellas en los iris que se encendían más que nunca cuando podían divisar su figura en el mismo campo de hogar. Coloreándose en dorado apacible y vertiginoso porque guardaban su amor en ellos.

Mientras, las hebras rulosas de Joel, contentas, descansaban algunas contra el pecho que su mejilla derecha no quería abandonar, como si quisieran escuchar la sinfonía que, cerca, en una parte específica, se estaba dejando tocar en acordes de latidos. Otras intentando enredarse en los falanges tibios que pasaban por ellas con caricias tranquilas, queriendo obtener un poquito de esa suavidad en su piel. Las raspaduras en su corazón estaban siendo atendidas por el parche de esos mismos dedos sanadores.

Sus brazos pretendiendo ubicar un soporte en ese sostén enredado que conservaban en la espalda curva ajena, se acompañaban con el toque husmeante de sus caricias doradas y la parte inferior de sus piernas eran acogidas en el atrape de las otras, como si las sostuvieran y acobijaran en el manto de su piel, dando pausa a su caída al edredón verde agua, sólo permitiendo un roce que no llegaba a saciar la codicia por sentir su textura.

Y, como si fuese la medicina que terminaría por ahuyentar el dolor, se juntaron pedacitos de amor en la finura y ligereza de los belfos ajenos con intención de posarlos en él cuando tomaron descenso hasta alcanzar el espacio de su nuca. Erick contactó a su dermis anhelando que en su caricia a ojos cerrados, se transfirieran el dulzor de un tranquilo comenzón que en su titilar, recorrería un bulevar hasta el punto de apaciguar sus murmullos internos. Tal cual líquido mieloso dado los niños para hallar el núcleo de su dolor y atenuarlo hasta su exiliación. Y tan sólo en esa colisión, Joel pudo al fin ser presa del experimentar de la calma arrullando su magullado interior. Las manos atándose en las cuerdas rulosas del monte de su cabello con una afición tierna.

Incorrecto. | Joerick |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora