La ciudad eterna los recibía con su aire cálido y su cielo teñido de un azul perfecto. Roma se extendía ante ellos como un sueño tangible, uno en el que podían perderse sin miedo, como si el pasado y el futuro no existieran, como si Londres fuera un mundo demasiado lejano como para alcanzarlos.
Rebekah se quitó las gafas de sol y dejó que la brisa jugueteara con su cabello mientras Harry, con su mano entrelazada a la suya, la guiaba por las calles empedradas. No había prisa. No había relojes marcando los minutos que les quedaban. Solo eran ellos dos, devorando la ciudad como si pudieran encapsularla dentro de sus recuerdos.
Comieron helado sentados en la escalinata de la Plaza de España, riendo como dos adolescentes, con los labios manchados de dulce. Harry se burló de su torpeza con la cuchara y ella lo empujó suavemente con el hombro, pero en sus ojos brillaba algo más: una felicidad genuina, una que se había creído incapaz de sentir desde hacía años.
Rebekah se llevó la cucharilla de helado a los labios y cerró los ojos, disfrutando del sabor dulce y frío derritiéndose en su lengua. Harry, a su lado, la miró con una sonrisa ladina antes de inclinarse y robarle un poco del helado con su propia cuchara. Ella abrió los ojos de golpe y lo miró con fingida indignación.
—¡Eres un ladrón! —exclamó, frunciendo el ceño mientras él se encogía de hombros con falsa inocencia.
—Solo quería probar si sabía mejor en tu copa —bromeó, lamiéndose los labios, divertido por la expresión de ella.
Rebekah, sin pensarlo demasiado, tomó su cucharilla y la llevó a los labios de Harry, dejando un poco de helado en la comisura de su boca. Él la observó con esos ojos verdes que siempre parecían desnudarla por completo, y en un movimiento lento, desafiante, pasó la lengua por sus labios, recogiendo el dulce sabor con una expresión de puro deleite.
—Sí, definitivamente sabe mejor contigo —murmuró, su voz más baja, más grave.
Ella sintió un estremecimiento recorrerle la espalda antes de acercarse, con la excusa perfecta del juego entre ellos. Sus labios se encontraron con los de él, primero con una risa entre dientes, ligera y despreocupada, pero en segundos, el beso se volvió algo más. Un roce profundo, lento, cargado de todo lo que no podían decir en voz alta. Harry deslizó sus dedos por su nuca, sosteniéndola con la urgencia de un hombre que sabe que el tiempo se les escapa entre los dedos.
Cuando se separaron, aún con el sabor del helado en sus labios, Rebekah lo miró con una sonrisa suave y susurró:
—Creo que sí... sabe mejor contigo.
Harry no respondió. Solo la besó de nuevo, sin importarle la gente, sin importarle el mundo. Porque en ese instante, bajo el sol de Roma, solo existían ellos dos.
Cuando terminaron el helado, Rebekah se recostó sobre los escalones de piedra, estirando las piernas con un suspiro de satisfacción. Sentía el calor del sol en la piel, el eco de las risas de los turistas a su alrededor y la mano de Harry sobre la suya, entrelazando sus dedos con los de ella de manera distraída.
—No quiero moverme de aquí nunca —murmuró con los ojos cerrados.
Harry la observó en silencio por un momento, grabándose la imagen de su cabello revuelto por la brisa, de su sonrisa sin preocupaciones, de lo feliz que lucía cuando se permitía olvidar.
—Sabes que podrías hacerlo —dijo finalmente.
Rebekah abrió los ojos y lo miró con una mezcla de ternura y tristeza.
—Sabes que no.
Harry no insistió. No era el momento de recordarle que su vida real estaba a kilómetros de distancia, esperándola con sus cadenas listas para sujetarla de nuevo. En cambio, se puso de pie y le tendió la mano.
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illicit affairs | Harry Styles
FanficNo me llames infantil, no me llames bebe. Mira este desastre en el que me haz convertido. Me mostraste colores que sabes no puedo ver con nadie más. No me llames infantil, no me llames bebe. Mira esta maldita idiota en la que me convertiste. Me en...
