Rebekah no recordaba la última vez que había sentido tanto poder sobre su propia vida. En los últimos días, el peso de las cadenas invisibles que la ataban a un matrimonio opresivo había comenzado a aflojarse. La calidez que ahora sentía al regresar a su casa contrastaba con la frialdad que había dominado ese lugar durante años. Harry había logrado transformar cada rincón con su presencia: su risa resonaba entre las paredes, sus caricias dejaban rastros que ella no podía borrar, y la pasión que compartían encendía la chispa que había creído extinta en su interior.
La oficina, siempre su refugio profesional, ahora era también un espacio donde se sentía admirada, valorada y, sobre todo, segura. Harry la empujaba constantemente a superarse, a creer en su talento y a reclamar el lugar que le correspondía en un mundo que tantas veces le había cerrado puertas. Era su jefe, sí, pero también su amante, su cómplice y el hombre que, poco a poco, la ayudaba a reconstruir su autoestima.
Había algo liberador en su rutina. Se levantaba temprano, disfrutaba de una taza de café caliente y se vestía con ropa que ahora sentía como una extensión de su nuevo yo: elegante, pero llena de vida. Salía de casa con una sonrisa que no podía ocultar, sabiendo que el día estaría lleno de miradas furtivas y momentos robados con Harry.
En esas mañanas, cuando los primeros rayos de sol iluminaban su dormitorio, Harry a menudo se inclinaba para besarla suavemente en el cuello, su barba dejando un cosquilleo que la hacía sonreír. "Eres hermosa", le decía, como si las palabras fueran un secreto compartido entre ellos. En las tardes, cuando el trabajo lo permitía, él aparecía por su oficina con alguna excusa para verla, y las noches que compartían juntos en su hogar eran un remanso de ternura y deseo.
Por primera vez en años, Rebekah sentía que el amor no era una palabra vacía, sino algo tangible, algo que podía sentir en la forma en que Harry la miraba, se interesaba, la tocaba y la hacía reír.
Pero el espectro de Cipriano seguía presente, acechando en las sombras. A pesar de que él estaba fuera del país por negocios, sus llamadas constantes eran un recordatorio de que todavía tenía poder sobre ella. "¿Dónde estás?", preguntaba con tono casual, pero cada palabra estaba cargada de sospecha. "¿Por qué no contestaste antes?", insistía, como si cada minuto sin respuesta fuera un acto de desafío.
Rebekah aprendió a manejarlo, a ofrecer respuestas cortas y calculadas, lo justo para mantener las apariencias sin revelar nada de su verdadera vida. Pero incluso con toda su cautela, nunca imaginó que Cipriano aparecería de repente.
Fue una mañana aparentemente normal. Rebekah estaba revisando unos documentos en su despacho cuando la puerta se abrió de golpe. Levantó la vista y su corazón se detuvo. Cipriano estaba allí, de pie, con una mirada que ella conocía a la perfección y solo tenía una palabra que la describiera: peligro.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Rebekah, incapaz de ocultar el temblor en su voz.
—Eso debería preguntarlo yo, cara. Mi secretaria me informó que llevas días viniendo aquí, desobedeciendo mis instrucciones.
Su mirada era glacial, y Rebekah sintió cómo el miedo comenzaba a apoderarse de ella, aquel que había desaparecido en unos días y había vuelto tan sorpresivamente como una tormenta no pronosticada.
—Harry me pidió ayuda, él necesita que yo... —comenzó a hablar, pero su esposo avanzó, obligándola a callar casi de inmediato.
Antes de que pudiera reaccionar, él la tomó del brazo con fuerza. Su agarre era firme, casi doloroso, y la arrastró hacia él.
—¿Qué crees que estás haciendo? —susurró, su aliento caliente en su oído.
—Cipriano, aquí no, por favor, aquí no —suplicó ella, luchando por soltarse, con las lágrimas comenzando a acumularse en sus ojos.
Justo en ese momento, la puerta volvió a abrirse y Harry apareció. La tensión en la habitación era palpable. Puso su mirada en la mujer al borde del llanto y en aquel toque que su amigo suavizó.
—Cipriano —dijo Harry, su tono sorprendentemente calmado a pesar del brillo de furia en sus ojos—. No sabía que estabas en la ciudad.
Cipriano soltó a Rebekah al instante, como si el simple hecho de ser observado lo despojara de su poder. Dio un paso atrás, componiendo una sonrisa que no alcanzaba a ocultar la incomodidad mientras Rebekah se levantaba, intentando disimular su estado.
—Harry, amigo mío. Vine a sorprender a mi esposa. Hoy es nuestro aniversario de bodas, ¿lo sabías? —le restregó, dando una nalgada en el trasero de Rebekah, que la hizo saltar en su lugar.
Harry apretó los puños, pero mantuvo su expresión neutral.
—No lo sabía. Felicitaciones a ambos.
—Gracias, amigo. —Cipriano se giró hacia Rebekah y la tomó por la cintura con una dulzura que parecía tan falsa como su sonrisa—. Espero que no te importe que me la lleve. Tenemos planes, llevamos días sin vernos, sin tocarnos —dijo el italiano con una voz que erizó a la bestia dentro de Harry, sobre todo cuando escondió el rostro en el cuello de la mujer y lo besó, justo donde él solía hacerlo cuando estaban a solas.
Harry no respondió, simplemente asintió, aunque su mirada permaneció fija en Rebekah. Cuando Cipriano la condujo hacia la salida, ella miró a Harry por encima del hombro. Sus ojos verdes, normalmente cálidos, ahora estaban llenos de impotencia y rabia contenida, mientras que sus propias piernas temblaban por el miedo al llegar a casa y las consecuencias de los actos que había tomado casi sin pensar, impulsada por la necesidad de ser libre, libre alrededor del hombre que estaba empezando a amar.
El trayecto de regreso a casa fue un silencio tenso. Cipriano mantenía una sonrisa arrogante mientras conducía, pero Rebekah sabía lo que venía. Apenas cruzaron la puerta, él la arrastró hacia el salón, tomándola firmemente por el codo.
—¿Qué diablos crees que estás haciendo? —rugió, su voz llenando el espacio.
—Cipriano, todo está perfectamente bien. Él necesitaba ayuda, es todo. Yo estaba aburrida, sin ti en casa, sin nada que hacer hasta que volvieras. Por favor, entiende —respondió ella, suplicando mientras comenzaba a llorar.
Cipriano avanzó hacia ella, cara a cara. Por un momento recordó a Harry. Cuando él solía estar así, era para besarla. Sin embargo, allí estaba, con el hombre que se suponía debía estar, cara a cara, para ser cruelmente amenazada.
—He sido muy condescendiente contigo. He permitido que te rías de mí estos días, pero ya no más. Si tengo que arrastrarte conmigo fuera del país o encerrarte con llave, lo haré, ¿me has escuchado? —le gritó, tan fuerte y enfermizo que Rebekah cerró los ojos con miedo, tapando su rostro con los brazos para protegerse.
El hombre la soltó tan bruscamente que casi cae en el tambaleo, por lo que se apoyó en el sofá, intentando sentarse y aliviar el temblor de su cuerpo.
Se quedó en el salón y dejó que el aroma que Harry había dejado en el sofá la reconfortara. Tomó una manta y miró su jaula personal. Lujos por doquier, pero nada que significara tanto como aquel aroma que la ayudó a caer dormida.
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illicit affairs | Harry Styles
FanficNo me llames infantil, no me llames bebe. Mira este desastre en el que me haz convertido. Me mostraste colores que sabes no puedo ver con nadie más. No me llames infantil, no me llames bebe. Mira esta maldita idiota en la que me convertiste. Me en...
