La puerta de la casa se cerró con un leve chasquido tras ellos. La ciudad, bulliciosa y despiadada, quedaba allí afuera, pero en ese espacio amplio y elegante que Harry llamaba hogar, el mundo pareció suspenderse en una tregua silenciosa. Rebekah se quitó los tacones y dejó escapar un suspiro, recorriendo con la mirada la sala en penumbra. Había estado allí muchas veces antes, pero nunca sola. Siempre acompañada de Cipriano, de su familia, de las sombras que parecían observar cada uno de sus movimientos. Pero esa noche era diferente.
—Es extraño estar aquí de esta manera —murmuró ella, recorriendo las paredes que habían sido testigos de cenas llenas de silencios incómodos y miradas furtivas.
Harry sonrió, ayudándola con su chaqueta y besó su frente. No había mucho que decir; demasiado se había dicho minutos antes, en aquel estacionamiento. Todo había quedado al descubierto: su frustración, su pena y sus sentimientos. Sentimientos que habían sido tratados como objeto de burla por parte del hombre que le había robado su felicidad.
—Iré por algo de beber, creo que ambos lo necesitamos —murmuró, justo antes de besar la frente de Rebekah y dirigirse a la cocina.
Los pasos de Rebekah resonaron en la sala. Recordaba cada conversación, cada momento allí. Recordaba cómo había sido reducida a nada, obligada a hablar solo cuando le era permitido, a opinar siempre para darle la razón a su esposo y a vestir las prendas que decoraran la grandiosa vida de Cipriano. Sin embargo, esta vez era diferente. Estaba allí por voluntad propia, vistiendo lo que a ella le gustaba y escribiendo la historia que le habían arrebatado.
Se sentó en el sofá y miró por los enormes ventanales de la casa, observando cómo la ciudad se veía a lo lejos y cómo la naturaleza que envolvía aquel lugar parecía alejarla de su bullicio personal.
—Aún tienes ese gesto —dijo de pronto.
Rebekah lo miró con curiosidad, alzando una mano para tomar la copa que él le tendía.
—¿Qué gesto?
—Cuando te concentras demasiado en algo. Frunces el ceño de una forma muy sutil, pero si alguien te conoce bien, lo nota. Lo hacías cuando estudiábamos para los exámenes.
Harry pasó un brazo por el respaldo del sofá, dejando que su mano rozara sutilmente el hombro de ella. No dijo nada, pero el gesto habló por sí solo. Se quedaron en silencio, bebiendo el vino, observándose en intervalos, sintiendo cómo las barreras que los habían separado durante años se desmoronaban sin prisa.
—¿Te acuerdas de aquella noche en la universidad? —preguntó ella de pronto—. Joe casi nos mató cuando nos quedamos dormidos en la mesa de su bar.
Harry soltó una carcajada ronca.
—¿Cómo olvidarlo? Joe nos despertó a golpes en la mesa y nos lanzó café hirviendo para que llegáramos al examen.
—Nosotros solo queríamos estudiar unas horas... —dijo Rebekah con un brillo travieso en los ojos.
—Y terminamos acurrucados en una mesa pegajosa, compartiendo un abrigo.
Rebekah lo miró de soslayo y bajó la copa. Los recuerdos la envolvieron de repente, tan nítidos que pudo verlos como si hubieran sucedido apenas ayer.
El bar de Joe olía a café viejo y a madera gastada. Eran las tres de la madrugada y, entre libros abiertos, papeles garabateados y tazas frías, Harry y Rebekah seguían estudiando para el examen de la mañana siguiente. Rebekah apoyó la cabeza en la mesa por un segundo, solo para descansar los ojos, y cuando volvió a abrirlos, la luz del amanecer teñía las ventanas de un tono dorado. Frente a ella, Harry seguía con la cabeza apoyada en su brazo, respirando de manera pausada. Estaban tan cerca que podia saborear el cafe en sus labios y casi lo hace, pero Joe tenia otros planes
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illicit affairs | Harry Styles
FanfictionNo me llames infantil, no me llames bebe. Mira este desastre en el que me haz convertido. Me mostraste colores que sabes no puedo ver con nadie más. No me llames infantil, no me llames bebe. Mira esta maldita idiota en la que me convertiste. Me en...
