El amanecer se filtraba entre las pesadas cortinas de la habitación, tiñendo de un dorado cálido los muebles y la ropa desordenada sobre la silla. Rebekah despertó lentamente, sintiendo el peso de la noche anterior sobre sus hombros y el vacío al otro lado de la cama, una vez más. Se giró, deslizó los dedos sobre las sábanas y confirmó lo que ya sabía: Cipriano se había ido.
Pero su ausencia no traía alivio. No significaba libertad. Era apenas la extensión de una jaula más grande, una que se expandía a su alrededor sin importar cuánto intentara ignorarla. No hacía falta su presencia para sentirlo allí, acechante, como un espectro que jamás la abandonaba. Todo lo que había sucedido en aquella cena de aniversario, cada palabra dicha con la cadencia de quien narra un destino inalterable, había sido su verdadera advertencia. Un recordatorio calculado de que no había escapatoria. No importaba cuántos años pasaran, cuántos pensamientos prohibidos intentaran abrirse paso en su mente, cuántas veces intentara convencerse de que su vida podría haber sido distinta. Todo lo que Cipriano había hecho, cada hilo que había tejido alrededor de ella, no era solo para reclamarla, sino para asegurarse de que nunca pudiera imaginarse lejos de él.
El pensamiento se deslizó en su mente como una idea prohibida, como una revelación tardía y punzante. Nunca se había permitido cuestionarlo. Nunca había imaginado siquiera que pudiera existir un mundo donde Cipriano no la rodeara, no la reclamara, no estuviera allí moldeando cada decisión antes de que siquiera pudiera considerarla suya. Durante años, había creído que la intensidad de su amor era lo único que importaba, que esa posesión inquebrantable era la prueba definitiva de lo que sentía por ella. Pero ahora, por primera vez, se preguntaba si realmente había sido amor. O si había sido otra cosa. Algo mucho más oscuro. Algo que nunca antes se había atrevido a nombrar.
Y, sobre todo, por primera vez, comprendía lo que significaba para Harry.
Un escalofrío le recorrió la espalda cuando la imagen de la noche anterior invadió su mente con una claridad insoportable. No fue solo la violencia silenciosa de Cipriano lo que la atormentó, ni su manera de clavarle las garras sin necesidad de tocarla siquiera. No fue solo el dolor de sentirse atrapada, sino la revelación más cruel de todas: Cipriano no solo la había reclamado para sí. También se había asegurado de que nadie más pudiera hacerlo.
Las palabras de su amigo, las burlas entre risas amargas, la manera en que se había divertido con la angustia en los ojos de Harry... todo cobró un nuevo sentido. Harry nunca se había alejado porque no la quisiera. Nunca la había apartado porque le era indiferente. No había sido su imaginación lo que había visto cuando era más joven, cuando su mirada parecía decir más de lo que sus labios jamás pronunciarían. No había sido una ilusión suya la calidez oculta detrás de su frialdad posterior. Harry la había amado. Siempre la había amado.
Pero nunca había tenido la oportunidad de decírselo.
Porque Cipriano se la había robado, tal como lo habia dicho la noche anterior. Porque el creia que se la merecia, como un trofeo, algo que Harry no podia tener y el si.
El aire pareció volverse más pesado a su alrededor mientras cada recuerdo se reescribía en su mente, mostrándole lo que durante tanto tiempo había sido incapaz de ver. No era que Harry nunca hubiese intentado acercarse a ella. No era que su cariño hubiese sido efímero o que con el tiempo se hubiese esfumado. Fue Cipriano quien se interpuso, Cipriano quien reclamó su lugar antes de que Harry pudiera hacerlo, Cipriano quien dejó claro que ella le pertenecía, incluso antes de que ella misma lo entendiera.
Ahora todo tenía sentido.
Ahora entendía por qué Harry la había tratado con lejanía, por qué había construido una muralla entre ambos, por qué la miraba como si luchara contra algo que no podía permitirse sentir. No había sido cobardía. No había sido frialdad. Había sido impotencia. Había sido resignación. Porque él siempre supo lo que ella ignoraba. Siempre supo que no tenía una oportunidad. Que no había espacio para él en una historia que Cipriano había escrito antes de que pudieran escribirla juntos, incluso antes de que ella pudiera saberla.
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illicit affairs | Harry Styles
FanfictionNo me llames infantil, no me llames bebe. Mira este desastre en el que me haz convertido. Me mostraste colores que sabes no puedo ver con nadie más. No me llames infantil, no me llames bebe. Mira esta maldita idiota en la que me convertiste. Me en...
