La luz del amanecer se filtraba a través de las cortinas pesadas, iluminando la habitación con un resplandor dorado. Rebekah entreabrió los ojos, sintiendo la calidez del cuerpo de Harry junto al suyo, completamente desnudo. Él todavía dormía, su respiración acompasada, el cabello revuelto sobre la almohada y una pequeña mueca de lo que había sido una sonrisa. Por un momento, lo observó en silencio, grabando en su mente esa imagen de tranquilidad, sabiendo que aquellos momentos estaban contados hasta que su marido volviera.
—No me mires así —murmuró él sin abrir los ojos.
Ella sonrió, apoyando la barbilla en su mano.
—No estaba mirándote —susurró, mintiendo sin convicción.
Harry sonrió de lado, sin molestarse en abrir los ojos antes de atraerla hacia él, enterrando el rostro en su cuello, respirando su aroma entremezclado con el suyo.
—Siempre has sido una pésima mentirosa, Beck. Eso me encanta.
Rebekah dejó escapar una risa ligera y se estiró con pereza antes de deslizarse fuera de la cama. Harry la siguió con la mirada, observándola en ese instante íntimo donde aún parecía suya, antes de que la realidad volviera a recordarle que no lo era. Un minuto después, él también se incorporó, con la expresión adormilada pero satisfecha de quien no tiene prisa por abandonar la calidez de las sábanas.
El desayuno transcurrió en una atmósfera distendida. Harry, con su habitual arrogancia disfrazada de elegancia, se sirvió café mientras Rebekah lo observaba con un aire burlón.
—¿Qué? —inquirió él, levantando una ceja.
—Nada, solo pensaba que es curioso cómo siempre insistes en que te lleve el desayuno a la oficina, pero ahora que estamos aquí, eres perfectamente capaz de servírtelo tú mismo.
Harry la miró con fingida indignación antes de esbozar una sonrisa socarrona.
—No es lo mismo. Me gusta que me malcríes.
—No deberías acostumbrarte —replicó ella, revolviendo su té.
—Demasiado tarde —murmuró antes de besarle la sien.
Aquel gesto, tan natural, la hizo recordar. Lo había visto tantas veces en Kendall, en esos momentos donde la otra mujer parecía ser la única capaz de desarmarlo. El pensamiento amenazó con arraigarse en su mente, pero no tuvo oportunidad. Harry, con su talento innato para evitar cualquier sombra incómoda, la sacó de la oscuridad antes de que pudiera quedarse en ella, guiándola a otra charla.
La conversación derivó hacia el próximo viaje de Harry, algo que ella ya había escuchado mencionar en la oficina y que había organizado, como tantas otras cosas. Él bebió un sorbo de café antes de mirarla con cierta expectación, analizando cada una de sus muecas y movimientos, como si aún no creyera que ella estuviera allí, con su camisa puesta y desayunando, como si aquel acto fuera el más habitual de todos. Quizá lo fuera, en alguna otra historia, en algún otro mundo, pero no allí. No cuando el brillo de su anillo de casada lo perturbaba en su mano.
—Oí que Fiona está muy entusiasmada por compartir el hotel contigo —comentó Rebekah con una sonrisa traviesa.
Harry dejó la taza con un sonido casi cómico, abriendo los ojos como platos.
—¿Fiona? —repitió con incredulidad antes de soltar una risa seca—. No digas tonterías, obviamente vendrás tú.
Rebekah no respondió de inmediato. Sabía que no se trataba solo de un viaje de trabajo. La línea que ambos se esforzaban en trazar se desdibujaba cada vez más, y ella no estaba segura de si quería seguir fingiendo que existía. Aun así, su corazón dio un pequeño vuelco.
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illicit affairs | Harry Styles
FanfictionNo me llames infantil, no me llames bebe. Mira este desastre en el que me haz convertido. Me mostraste colores que sabes no puedo ver con nadie más. No me llames infantil, no me llames bebe. Mira esta maldita idiota en la que me convertiste. Me en...
