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Capítulo 4 / Fernando

Entre las ideas alienígenas que a Fernando le cuesta entender, la obsesión del mundo entero por encontrar el amor y la idea conceptualizada de alguien para toda la vida encabeza la lista. Las personas, y en especial las mujeres, que basan sus quehaceres en las relaciones sentimentales, son un martirio para su cabeza, en especial cuando lo tratan de aplicar con él. Para él, tener sexo es tan fácil como respirar, y no comprende porqué hay que complicarlo. No todas las chicas con las que había estado lo intentaron, pero había tenido roces en más de una ocasión. Recuerda que Marissa le hizo escenas de celos cuando comenzaron a salir. Le había dicho que tenían que ser novios porque todo el mundo lo estaba siendo, y que al ser novios no podía verse con más nadie. Él, que acababa de descubrir lo que era tener sexo, no podía concebir la idea de no poder estar con otra persona. Fernando se esmeró por terminar la relación bien, pues sus madres trabajan juntas, y aunque intentaron regresar un par de veces, al final Marissa decidió que debían ser sólo amigos.

Su madre dice que su denegación se debe a que es joven, pero para él, ella no es la mejor persona para hablar de una relación adulta que valga la pena. Por sus padres tiene claro que mientras creces, las relaciones se tornan complicadas hasta que no vale la pena pasar por ellas. Por ejemplo, con el tema de Eric, pensó que su madre había empezado a aceptar lo mejor que estaban sin él. Fueron meses complicados, los primeros, donde se iba a dormir llorando todos los días. La cuidó con paciencia hasta que llegaron los meses de paz, donde la veía contenta y se ilusionó pensando que quizás, por fin, iban a empezar a vivir una vida diferente. Pero la tranquilidad no duró mucho tiempo y ahora, de a poco, el nombre había empezado a sonar de nuevo. Ésta es la comida favorita de Eric dice de vez en cuando, y Fernando solo responde No lo invoques.

Se le hace difícil comprender cómo no acepta lo dañino que es Eric para sus vidas. Fernando sueña con el día en que llegue a decir que se va de la ciudad, del país, del continente, porque tiene una nueva familia o porque está en líos complicados, y que no piensa regresar nunca más. Sospecha que es la única manera en que realmente se puede deshacer de él, pues a pesar de haber vivido a su lado todo lo que les había hecho, su madre sigue sin dejarlo ir. Dice que se debe a que es su primer amor. Se habían casado tan pronto habían salido del colegio, ambos con tan solo dieciocho años.

A raíz de eso, Fernando había empezado a hablar de la condición tan pronto como se juntaba con una chica. Se anticipa para evitar cualquier problema: nada de novias, nada de relaciones. Está convencido de que la única manera de pasar un buen rato es si no se molestan con los sentimientos. Se lo hace saber a ellas y se lo repite él mismo. Se concentró tanto en convencerse que no iba a estar con Clara que se le había pasado comentarlo a tiempo. Bueno, aquí están las consecuencias. Una escena de celos al día siguiente. Solo se puede culpar a sí mismo.

"¿Estás listo para jugar o vas a seguir pensando en lo que sea que te tiene tan preocupado?" dice Félix a su lado. Se está terminando de amarrar los tacos para comenzar la práctica. Es martes y es la primera práctica del año escolar. El profesor Cortés está entregando chalecos para separar los equipos.

"No estoy preocupado."

"Díselo a tu cara."

Félix imita la expresión de Fernando, juntando las cejas en un amago de dolor. Fernando se acerca para propinarle un golpe en el brazo pero Félix lo esquiva. El profesor se acerca a ellos.

"Déjense de juegos. Están en equipos contrarios hoy."

Le entrega el chaleco naranja a Félix y se aleja. A Fernando le gusta la monotonía de las prácticas. Siempre se maneja el mismo horario: martes, jueves y los sábados por la mañana. Hasta el entrenador sigue siendo el mismo, y la familiaridad los acompaña por ser el mismo equipo de hace dos años.

De antes, para siempreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora