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Capítulo 31 / Fernando

Aparentemente, Fernando no ha sufrido lo suficiente o no ha aprendido nada aún, porque la vida le sigue dando lecciones. No tiene un momento de descanso, ni un solo día entre una turbulencia y otra, porque haga lo que haga, así siempre será su camino.

Son las dos de la mañana, luego de la mejor noche de su existencia, que dejó de serlo en cuestión de segundos, y Fernando intenta dormir aunque la angustia y la rabia que siente lo tienen inquieto y hacen que sude en la cama, las sábanas pegándose a su piel desnuda. La casa está mortalmente silenciosa, solo se escucha el sonido de las llantas de los carros sobre la acera fuera de la ventana y su respiración frustrada contra el viento caliente que invade el cuarto. Las imágenes de lo que pasó hace menos de seis horas se pasan por su mente, una y otra vez, reventando y volviendo a inventar el nudo que tiene en el estómago desde que salió del estudio detrás de Clara.

La llamaba por su nombre, insistentemente, sin ella voltear una sola vez, cuando Félix apareció al otro lado de la cuadra, bajando del auto con Silvio, Rodrigo y Carlos, todos riendo y gritando, jubilosos del éxtasis del baile de graduación y de la última noche como estudiantes de colegio. Costó de segundos para que Félix la viera, cruzando la calle, pero aunque la intentara agarrar de los brazos para que se detuviera y hablara con él, Clara le pasó por el lado y se montó al asiento del copiloto, cerrando la puerta tras ella. Félix volvió a mirarlo entonces, y caminó a paso rápido hasta llegar a su lado, con una mirada consternada y una línea recta en vez de una boca.

"Nando, hermano, ¿qué pasó?"

Fernando estuvo mudo mientras lo miraba, incapaz de decir lo mucho que lo sentía y lo mucho que la había cagado. No tenía palabras para convencer a su mejor amigo que no era quien él creía que era, y que no había manera de que se mereciera a un amigo como él o una vida como la que pensó que podía tener. Por encima de todo, no sabía cómo decirle que había lastimado a su hermana de la peor manera aunque todo lo que quería era mantenerla en sus brazos, escondida del mundo, y solo para él.

Clara tocó la bocina dos veces, atrayendo la atención de Félix, que volteó con las manos levantadas en un afán por tranquilizarla. Pudo haber sido el rostro de Clara que vio por la ventana, o la realización de que su amigo era un pedazo de mierda, pero cuando Félix lo volvió a mirar lo hizo con un brillo conocedor en sus ojos negros, un brillo que hizo saber que él también entendía que Fernando no valía la pena.

"Tenemos que hablar", fue lo último que dijo antes de trotar hacia el auto. Se montó en el asiento del piloto, arrancando a los segundos. Fernando se quedó mirando el lugar por el que desaparecieron, y luego caminó hacia el bar, pasando por el lado de sus amigos que lo siguieron hacia el interior oscuro del lugar. Llegó a la barra y pidió un trago y luego otro, y así hasta que perdió la cuenta pero no el conocimiento y se aburrió porque ni siquiera el estar tomando por primera vez en meses hizo que se olvidara de lo que acababa de pasar con Clara. Caminó tambaleando hasta su casa, asegurándose de no caer al suelo porque sabia que no se levantaría.

Se levanta frustrado de la cama y se pone un boxer antes de salir del cuarto. Su madre ronca suavemente con la puerta abierta del cuarto, y Fernando se asoma para verla dormir sola. Se puede imaginar la pelea que tuvo con Eric cuando él se fue, lo suficientemente grande para que su madre faltara al turno de la noche. Cierra un poco la puerta y luego camina hacia la cocina a buscar un vaso de agua.

Un ruido que intenta ser suave lo hace brincar en la cocina, y se escucha estruendoso contra el silencio que reina en la casa. Eric aparece en la puerta, asomando la cabeza por la delgada ranura que se forma mientras abre, e inserta su cuerpo sigilosamente, tan sigiloso que los vellos de la piel de Fernando se levantan ante la imagen. Está intentando pasar desapercibido. Camina hasta el salón y se arrodilla en el suelo para sacar un maletín marrón debajo del sofá, que parece pesado por como lo inclina cuando se incorpora otra vez. Fernando camina igual de silencioso, dejando el vaso en la mesa un segundo antes de hablar.

De antes, para siempreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora