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Capítulo 5 / Clara

Clara está completamente enojada. Tan enojada que le tiembla la frente, el tic irritante que se desencadenó una tarde en que Félix accidentalmente le rompió una bola de rayos plasma que compró como recuerdo en un viaje. La rabia no fue con él, sino con el hecho de que no iba a conseguirla nuevamente a la vuelta de la esquina. La sien le palpitó hasta el siguiente día.

Mira detenidamente al otro lado de la cafetería, donde Erika y Fernando están coqueteando descaradamente. Y dice descaradamente sabiendo que no lo hacen para ella, sino al contrario; ninguno de los dos parece percatarse de su presencia. Erika es una junior, y es notoriamente más atrevida que Clara. Tiene a Fernando agarrado de un hombro y está sentada sobre la mesa donde está él comiendo, con las piernas a la altura de sus ojos. Fernando le tiene la mirada fija, con una mano en sus piernas cruzadas, sonriendo ante todo lo que ella dice. Ya pasó por esto la semana pasada con Marissa, pero aquello había sido mínimo en comparación a lo que está viviendo. El cabello negro de Erika se ve deslumbrante contra el sol del medio día y los ojos verdes le brillan cada vez que se ríe. Más de una vez hizo halagos a esos ojos y a su buena actuación, porque para rematar es parte del club, pero jamás pensó que estaría en esta situación, sintiéndose amenazada por su existencia.

Con mucha fuerza de voluntad, aparta la mirada y se concentra en la fila de la cafetería. Hoy tiene práctica de Drama y almuerza en el colegio al no llegar a casa hasta las cinco de la tarde. Los profesores están muy atentos a que nadie con bandeja salga del lugar, lo que significa que le toca quedarse en la cafetería y que, sin importar dónde esté, los verá coqueteando. Recibe la comida y se acerca a sus amigas, refunfuñando.

"Solo están hablando," dice Penélope apenas se sienta. "No los he visto besarse ni una vez. No creo que lo hagan."

"Aquí no," responde Clara con un tono amargo. "Pero se están preparando para lo que viene después."

Lo que más le incomoda es que tenga que presenciarlo tan seguido. Solo había pasado una semana desde que se acostaron y ya él buscaba a otras personas. Ella todavía puede recordar con claridad todo, y no puede pensar en alguien más.

Erika ahora juega con el cabello de él. Clara aprieta los ojos y quita la mirada.

"Déjalo ir," escucha a Cristina decir, "amiga, mira a tu alrededor; tienes de donde escoger."

"Además, tu fin era perder la virginidad. Eres libre de hacer con eso lo que quieras," agrega Penélope. Clara agradece todo lo que le dicen, pero no es fácil dejar ir a Fernando cuando lo único que hace es pensar en él.

Jamás se había esperado que su primera vez fuera tan increíble. La experiencia de Cristina, un polvo rápido en un auto demasiado pequeño, fue desastrosa. Y la de Penélope, aunque mejor, con una cena antes pero unos ronquidos inmediatamente después, seguía siendo una línea baja de comparación. La suya, sin esperarlo, había superado las pocas expectativas que tenía y la había sacado del estadio. Para la última clase del día, concluye que dejar a Fernando de lado es prácticamente imposible.

Con la cabeza revuelta y hastiada, empieza a practicar mentalmente las líneas de la escena de esta tarde. Cuando necesita distraerse, encamina sus pensamientos hacia el drama. Su mamá se lo presentó en una de esas tardes de musicales que solían hacer, cuando ella estaba muy chiquita y su mamá aún saludable, y al enterarse que había un club al que podía unirse, no lo había pensado dos veces. Era su lugar seguro, donde se olvidaba del mundo, así fuese por una hora y media cada miércoles.

Se junta con Cristina en la puerta del salón, y juntas caminan a la salida a encontrarse con Penélope. Las tres entrelazan los brazos y empiezan a caminar, saliendo del edificio.

De antes, para siempreHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora