Capitulo 36

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                                                                                             Ethan

Llevamos unas cuantas horas en el río. Los chicos hablan entre ellos mientras pescan, Charly hace que Archie libere cada pez que atrapa con la excusa de que es demasiado pequeño para ser comido aún. El monstruo sigue sentado bajo la sombra del árbol, sin cambiar de página desde hace casi una hora, con la mirada perdida. Me preocupa lo que sea que se esté cocinando en esa cabeza, y espero que no tenga que ver conmigo ésta vez.

Al cerrar los ojos y concentrarme en los elementos que me rodean; la risa de los chicos, el sonido del agua fluir y el rumor del viento al acariciando la copa de los árboles, no puedo evitar divagar y ser arrastrado atrás en el tiempo, justo al día en que murieron mis padres y todo lo que aconteció después. Todo sucedió una nevada mañana de navidad, mis padres no estaban en casa, ya llevaban una semana fuera e iban a regresar para la pequeña fiesta con los vecinos que organizaba la abuela. Yo me había quedado con ella porque ciertamente me parecía mejor opción quedarme con la abuela haciendo galletas a ir a una estúpida conferencia, ahora que soy mayor supongo que aprovecharon su pequeño viaje como una pequeña escapada romántica.

- ¡Ethan! – Gritó mi abuela desde su sala repleta de pequeñas figuras de porcelana. – Tu mamá quiere hablar contigo.

- ¿Ya vienen? – Le pregunte a mi abuela que aun sostiene el auricular.

-Pregúntale tú, mi amor. – Respondió entregándomelo y yendo hacia la cocina a ver lo que sea que éste en el horno.

- ¿Hola? – Digo al acercar el aparato a mi oreja. - ¿Ya vienen?

-Nos extrañas, ¿eh? – Pregunta mamá un poco divertida. – Pensé que estarías de lo más contento por toda el azúcar que te da Maggy.

-Un poco. – Confieso. – ¿Pero están en camino?

-Está cayendo mucha nieve, cariño. – Responde. – No creo que podamos ir aún.

-Pero prometieron que vendrían para navidad. – Dije ya enojándome un poco. Me habían prometido un obsequió extra al llegar y en serio lo quería. – Lo prometiste, ma. – Grite colgando el teléfono de un golpe. Yo no sabía que esa sería la última vez que escucharía la voz de mi madre. Aun me arrepiento de no haber querido hablar con ella la segunda vez que llamo, pude haberle dicho que la amaba, pude haberle dicho que mejor esperasen a que el camino fuese seguro, pero era tan egoísta como todos los niños de 8 años.

-Ve a vestirte, Ethan. – Me dijo la abuela mientras sacaba del horno otro lote de galletas de jengibre y canela. – Nuestros invitados llegarán pronto y no pueden encontrarnos así.

- ¿Vendrá Matt? – Pregunte frunciendo el ceño. Matt era el hijo menor de los vecinos de en frente, era un par años mayor que yo, pero era mi boleto para jugar con el resto de niños del barrio.

-Seguramente. – Contesto la abuela moviendo las galletas que ya estaban frías a una fuente de cristal. – Ahora ve a darte un baño. – Me ordenó con una sonrisa.

Al oscurecer, las personas empezaron a llegar. Eran pocas, contando a los niños unas 15. Matt, yo y los otros 3 niños nos escapamos de la casa y fuimos a la calle a jugar, la idea me pareció fantástica, ya que sería el primero en ver a mis padres cuando llegasen. Luego de un par de horas de correr por todo el barrió, el hambre nos venció y decidimos regresar a la casa a asaltar la mesa de los dulces, yo solo pensaba en el regaño que me iba a llevar de la abuela por estar afuera tan tarde, bajo la nieve y sin gorro. Pero no me importaba, era navidad y por ley debía ser indulgente, más si mis padres no iban a llegar esa noche.

Un Paso Hacia La LuzHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora