Agatha(Narrador)
Agatha ya tenía algunas semanas saliendo con Gus. Gus era encantador y era minucioso en agasajarla con cada detalle. La llevo en helicóptero por la ciudad, dieron un tour por los restaurantes más exóticos, costosos e insólitos. Agatha estaba maravillada con Gus, no dejaba de preguntarse cuando su sapo que se convirtió en príncipe pondría un diamante en su dedo. Ella sabía que era muy pronto para que aquello sucediese, pero era algo que había esperado por tanto tiempo que la ansiedad la cocía lentamente desde dentro.
Luego de que su querido jefe la liberase e incluso le diera un día libre, ella corrió a toda prisa para llegar a su casa y prepararse como de costumbre. Había comprado un fabuloso vestido negro cuyo escote fue lo primero en lo que se fijó, Dejaba su espalda expuesta y una hendidura entre sus senos realzaba sus atributos, pero el vuelo del vestido era el punto fuerte de este. Al tomarlo entre sus manos se imaginó bajando del mercedes de Gus con el viento ondulando el vestido tras ella de la forma más novelesca posible.
-Si vuelven a ir a ese restaurante de sushi. – Decía Linda mientras ayudaba a Agatha a hacerse ondas en el pelo. – Tienes que traerme las sobras. Vas a todos esos lugares y la mayoría de las veces me traes los chismes y no las sombras.
- ¿Qué quieres que haga? –Dijo Agatha con cara de fastidio. – No puedo decirle al mesero: "¿Cariño, puedes poner esto para llevar?", es que tengo una perra hambrienta en casa.
- ¡Eres una bruja! – Chillo linda antes de soltar una carcajada.
Luego de que linda terminase con su cabello y sacará sus dotes artísticos a la hora de aplicarle capa tras capa de maquillaje, Agatha se colocó el vestido negro y salió a la sala para que linda le diera su mordaz opinión.
-Si el exgordo no te pide matrimonio llevando eso puesto. – Dijo Linda tapándose la boca en lo que Agatha apareció y dio un giro para mostrarle el mítico vuelo del vestido. – Yo iré allá y lo obligaré a arrodillarse.
-Deséame suerte. – Dijo Agatha al escuchar el claxon de Gus.
-Iré a poner a San Antonio de cabeza. – Rio Linda. – Mamá dice que no falla.
Agatha camino apresuradamente hacia el auto, Gus le sostenía la puerta como de costumbre y su boca se abrió de par en par como cada noche, porque para él, Agatha no dejaba de superarse a sí misma y seguramente así sería durante toda la vida.
- ¿Y a dónde vamos? – Pregunto Agatha ya sentada en el asiento del copiloto.
-Vamos a mi departamento. – Dijo Gus sonriéndole. – Te tengo una sorpresa.
Aquello no emociono mucho a Agatha, porque sabía que significaba ese "te tengo una sorpresa", pero se mantuvo serena para que no se reflejase la decepción en su semblante. El Departamento de Gus quedaba al este de la ciudad, vivía en uno de esos escandalosamente lujosos y costosos edificios de cristal, cuya cima no puedes ver desde el suelo donde habitamos el resto de los mortales.
-Vamos. – Dijo Gus ofreciéndole la mano para ayudarla a bajar del auto.
Al entrar, la vista de Agatha se dirigió al enorme candelabro de cristal que colgaba en el vestíbulo, Gus la llevo de la mano al ascensor, saco su teléfono celular, lo paso por un escáner en el tablero del ascensor y éste empezó a moverse. Agatha estaba sorprendida por tanto lujo, pero Gus se mostraba indiferente hacia todo lo que le rodeaba, solo veía a Agatha. Para él esa noche no existía nada más que Agatha, su vestido negro y el suave sonido de su voz.
- ¿Algún famoso vive aquí? – Pregunto Agatha en un susurro, como si alguien más a parte de Gus pudiese escucharla.
-No tengo la menor idea. – Contesto Gus con una sonrisa. – Pero seguro que sí.
El ascensor se abrió directamente en el departamento de Gus. El departamento contaba con tres plantas, una pequeña piscina en la terraza, un jardín con árboles, Gimnasio, todas esas chucherías que te imaginas que tiene la gente rica en sus casas.
-Ven, te mostraré la cocina. – La tomo de la mano y la dirigió a su hermosa cocina blanca y plateada. – He estado cocinando todo el día para ti.
-No tenías que molestarte. – Dijo Agatha tímidamente. – Pudimos haber pedido comida china.
-Ni hablar. – Dijo Gus un poco irritado. – Te he preparado los raviolis como me enseño mamá.
Aunque aquel comentario se le hizo tierno y en serio todo lo que Gus le daba a probar a Agatha la deleitaba, ella no podía dejar de pensar en el "Te tengo una sorpresa", Agatha ya había pasado por eso y tenía las esperanzas de que Gus fuese distinto.
-Te noto algo callada. – Dijo Gus mirándola a ella y luego a la mesa que había preparado para agasajar a su amada. - ¿No te ha gustado lo que te he preparado?
-Está todo muy rico. – Contesto Agatha llevándose un bocado a la boca para luego regalarle una sonrisa de labios apretados.
Gus le sirvió algo más de vino y empezó a contarle como había conseguido aquel departamento gracias a un amigo que se había mudado siguiendo a una novia que se mudaría al extranjero. Aunque Agatha aparentaba escucharlo, no dejaba de sentirse triste porque pensaba que esa podría ser de las pocas veces que estuviesen juntos. Ya había pasado, él se aburriría de la novedad y emprendería su búsqueda de una nueva presa.
-Vayamos a la terraza. – Dijo Gus dirigiéndola a su terraza-jardín. – Quiero que veas las luces de la ciudad.
Desde la terraza de Gus era posible ver casi toda la ciudad, las personas se veían como pequeños puntos diambulantes desde esa altura, los edificios eran enormes torres de luz y cristal que emergían del suelo elegantemente y las luces de los autos centellaban rojas y blancas por el mar de asfalto.
-Es hermoso Gus. – Dijo Agatha.
Los ojos de Agatha se enfocaron en un edificio en el que un anuncio apareció de un momento a otro, en este se podía leer en enormes letras: "¿Quieres casarte conmigo?", Agatha estaba encantada, pensaba que en algún lugar de la ciudad una afortunada lo había logrado, había conseguido que su novio le hiciera la pregunta y eso le daba esperanzas a ella y al resto de solteras que buscan el amor.
-Mira, Gus. – Dijo Agatha sin poner los ojos en Gus, señalando el edificio con una enorme sonrisa. – Que encantador.
Gus no respondía.
- ¿Gus? – Dijo Agatha buscándolo con la mirada. Pero Gus se encontraba arrodillado frente a ella sosteniendo una pequeña caja con un enorme diamante en su interior.
-Sigo esperando tu respuesta. – Dijo Gus a una Agatha petrificada por la emoción.
-Yo... Yo... - Empezó a tartamudear Agatha. Ella nunca había llegado tan lejos y de su mente se había borrado que la respuesta afirmativa era un efusivo "¡Sí!". – Ay Gus.
Agatha se derrumbó frente a Gus y lo abrazo, ignorando completamente el anillo. Agatha lloro en su hombro de la emoción. Su sapo que se había convertido en príncipe si era un príncipe, él no la había llevado ahí para usarla y después desecharla.
-Considerare esto como un "Acepto". – Le susurro Gus en el oído antes de estrecharla más contra él para darle un beso.
Luego de estar arrodillados uno en brazos del otro, se dieron la tarea de buscar el anillo que Gus había dejado caer en algún lugar del jardín. Lo encontraron resplandeciendo a los pies de uno de los árboles que conformaban en jardín de la terraza, donde se recostaron a contar las estrellas y a planificar la boda que se llevaría a cabo muy pronto.
Nota: A veces solo hay que creer en los finales felices.
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Un Paso Hacia La Luz
Ficção AdolescenteGeorgina "Gigi", ha sufrido una gran humillación pública, lo que la ha llevado a padecer una terrible fobia al exterior (Agorafobia). Cada segundo de la vida de Gigi está organizado en lo que ella llama "La Agenda del Grinch", la cual (según ella) e...
