Capitulo 14

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                                                                                              Ethan

Al salir de la habitación del monstruo, me encuentro con la señora Razzini, lo que me da la oportunidad de devolverle el pequeño botiquín de primeros auxilios.

-Gracias. – Dice la ancianita limpiando una lagrima que amenazaba con rodar por su mejilla. – Haber podido ver a mi niña fuera de la mansión. – Agrega sujetando mis manos amablemente.

-No tiene porqué agradecerme. – Respondo. – Todo ha sido posible porque la señorita Percy así lo ha querido. - Le aseguro.

-De todas maneras. – Intenta proseguir la señora Razzini antes de ser interrumpida por mí.

-Necesito pedirle un favor muy importante. – Le digo bajando la voz. – ¿Es posible que durante los paseos de la señorita Percy, usted mantenga alejada al resto de la servidumbre de esta área? – Pregunto, ciertamente no quiero que la mirada indiscreta de alguna de las sirvientas que deambulan por los pasillos cohíba al monstruo de salir de su mazmorra, al menos por un tiempo, hasta que sea capaz de soportarlo.

-Por supuesto. – Responde con una sonrisa. – Mantendré a esas haraganas lo más apartadas posibles de esta parte de la mansión.

Luego de despedirme de la señora Razzini y de Hector, el guardia se seguridad de la casilla, cuyo nombre ahora sé por atreverme a quitarle 2 minutos de su tiempo para preguntárselo y estrecharle la mano, emprendo mi camino de regreso al mundo real, el cual está a unos 20 minutos de aquí si nada se me cruza en el camino.

Ya llegando al consultorio, no encuentro a Agatha en su escritorio, cosa que no me sorprende, tiende a escapar de su puesto de trabajo para ir a intercambiar chismes con el resto de secretarías, asistentes y personal de limpieza, los cuales escuchan y ven todo, pero de alguna manera son invisibles a los ojos de los demás, lo que los convierte en los espías perfectos, si en las guerras se dieran cuenta de ese detalle; seguramente terminarían más rápido al poder hacerse con el santo y seña del enemigo.

-Ya estás aquí. – Exclama Agatha sobresaltada, como si la hubiese descubierto en algo, aunque en realidad solo intenta deshacer un poco el caos de mi oficina. – Tu cita de las 2 aviso que se retrasara 30 minutos. – Dice mirándome al fin, en sus enrojecidos ojos soy capaz de ver que ha estado llorando.

- ¿Estás bien? – Pregunto tomando asiento tras mi escritorio, ciertamente puedo inferir que le ocurre, pero prefiero que sea ella misma la que me cuente.

-El Dr Williams... - Empezó con la voz entrecortada. – Me dejo. – Prosiguió en medio de los sollozos. – Se atrevió a decirme que todo iba muy rápido. – Termino al fin dejándose llevar por la tristeza.

-Ya veo. – Digo ofreciéndole la caja con pañuelos que ella misma coloco en mi escritorio para ocasiones como estas, de alguna manera Agatha se las arreglaba para ser la perfecta ayudante sin necesidad de esforzarse mucho, o al menos eso creía yo. – Él se lo pierde.

-No puedo creer que me haya hecho esto. – Dice intentando limpiar sus lágrimas cuidadosamente, para no arruinar su maquillaje. – ¡A mí! – Chilla señalándose a si misma con los dedos. - ¿Me has visto? – Agrega poniéndose de pie, es imposible negar la belleza de Agatha, es como una reina de belleza o una de esas chicas muy bellas que solo ves en revistas de moda, con su altura y su pelo perfectamente arreglado, claro, no es tan hermosa como el monstruo, o así me parece a mí.

-No entiendo que te preocupa. – Empiezo a decir para consolarla. – El Dr Williams es más bajo que tú, una incipiente calvicie ha empezado a coronar su cabeza y ya está bastante cerca de los 40. – Digo antes de ser interrumpido por el estruendo que hace su nariz al soplarla en un pañuelo. – Podrías conseguir algo mejor, ¿no crees? – Termino al fin.

Un Paso Hacia La LuzHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora