Ethan
Como de costumbre, me despierto 10 segundos antes de que el despertador me arranque de mis sueños y me arroje a la realidad al esparcir su horrible repiqueteo en el aire a las 6:30. Como cada una de mis mañanas todo inicia con reconocer mi rostro en el espejo, y ver en él al tipo pálido de ojos oscuros y melancólicos que siempre he sido.
Ya listo para correr, emprendo mi acostumbrado camino por el parque, mirando como los destellos del sol se filtran por entre y a través de las hojas, manchando el suelo bajo ellas con sus brillantes tonalidades de verde. Al regresar a casa el día inicia verdaderamente, vistiéndome para emprender mi camino al consultorio, donde las personas van a contarme sus inquietudes, problemas y más profundos secretos.
En el camino me introduzco en el cardumen de autos, lo que me da unos minutos para mirar por la ventana y preguntarme a donde irán todas las personas que tengo frente a mí, como serán sus vidas y si éstas serán más divertidas que las mía. Fijo mis ojos en una señora envuelta en un pesado abrigo blanco, la cual mantiene una acalorada discusión con alguien al teléfono, un chico delgado y bajo se mantiene junto a ella, evitando que el perro sujeto a la correa huya hacía algún lugar, sus ojos suplicantes y hambrientos de libertad me hace ver que siempre hay alguien o en este caso, algo, con una vida aún más miserable que la que uno cree tener.
Ya en el consultorio, mi secretaría me hace una seña con el dedo para indicarme que hay alguien esperándome dentro, cosa que me extraña, mi cita más próxima es a las 8:40, la señora Adams viene cada segundo miércoles a hablarme de cómo sus hijos la han abandonado como un mueble viejo luego de que su querido Bertie muriera de un paro cardiaco a los 78 años.
-Lamento haberla hecho esperar. - Le digo a la figura femenina sentada en la silla con la mirada perdida en un cuadro ubicado tras mi silla, el cuadro es un bonito paisaje que mi secretaría coloco ahí pensado que sería agradable para mis pacientes. - ¿Señora...? - Le pregunto ya sentado frente a ella, extendiendo mi mano para presentarnos.
-Cordelia. Cordelia Percy.- Dijo la hermosa señora con piel de bronce, cabellos oscuros y rizados, en cuya cara unos hermosos ojos verdes que brillaban de la misma manera que el sol lo hace con las hojas de los árboles del parque.
- ¿En qué puedo ayudarla? - Le pregunto simulando ojear unos papeles sobre mi escritorio.
-Como vera, mi hija padece un trastorno bastante extraño. - Respondió la señora Percy mirándome fijamente, aunque aparentaba estar tranquila, por el monótono y agradable sonido de su voz, yo era capaz de ver lo ansiosa que estaba por la forma con la que jugaba con unos lentes oscuros que seguramente se le tuvieron que haber visto muy bien cuando los llevaba puestos. - He escuchado hablar mucho de usted, así que vine en busca de su ayuda. - Agrego con la mirada clavada en los lentes.
Los coloco sobre mi escritorio y saco de su bolso lo que parecía ser un expediente médico, lo puso frente a mí en silencio y sus ojos permanecieron en el hasta que lo tome para echarle un vistazo.
-¿Agorafobia?.- Pregunte yo a la señora Percy.- ¿Cuánto tiempo ha permanecido recluida en casa la paciente?. - Pregunte antes de que me diera una posible respuesta a la primera pregunta.
La señora Percy me dio todos los detalles adicionales que le eran posible, aquellos detalles que no se encuentran en el expediente médico de cada paciente mental o psiquiátrico, como la rutina del paciente, si tiene deseos de sanar, sus propias impresiones sobre éste.
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Un Paso Hacia La Luz
Teen FictionGeorgina "Gigi", ha sufrido una gran humillación pública, lo que la ha llevado a padecer una terrible fobia al exterior (Agorafobia). Cada segundo de la vida de Gigi está organizado en lo que ella llama "La Agenda del Grinch", la cual (según ella) e...
