San cerró la puerta detrás de él y tiró de Wooyoung en sus brazos. El cuerpo del hombre se sacudió suavemente. No sabía qué decir o hacer, así que San terminó abrazandolo. Tenía la sensación de que el hombre no se quebraba a menudo. Pero después de lo que había pasado, Wooyoung podía hacer lo que demonios quisiera.
No estaban seguros quedándose aquí, entonces San movió a Wooyoung lentamente para volver a la habitación 145. Estaba oscuro dentro. San apretó el botón de la pared antes de cerrar la puerta y la cerradura. Después de todo Wooyoung dejó de llorar, tenía los ojos hinchados y la nariz escurriendo. En opinión de San el hombre necesitaba un buen maldito llanto. A veces, guardar sus problemas sólo hacía que un hombre se vuelva loco. A veces no importa lo que hicieras, la locura igual llegaba. Pero él podía ver en los ojos de Wooyoung que estaría bien, una vez que las pesadillas comenzaran a desvanecerse.
―¿Te sientes mejor? ― San utilizó sus pulgares para limpiar las lágrimas persistentes. El labio inferior de Wooyoung temblaba, pero no dejó caer más lágrimas. Utilizó el dorso de la mano para limpiarse la nariz y asintió con la cabeza antes de entrar en la otra habitación. La puerta del baño fue cerrada y San podía oír el agua corriendo.
¿Él debería quedarse o irse?
Se quedó mirando con incertidumbre alrededor de la habitación. Era común como cualquier otra habitación de un motel. La televisión no era de pantalla plana como la mayoría de hoy en día. Todavía era de aquellas perillas que tenían que ser cambiados manualmente. Los cuadros de la pared parecían de esos de las ventas de garaje y la alfombra, con su impresión verde horrible, había visto días mejores. La habitación tenía un olor desagradablemente extraño.
La puerta del baño se abrió y Wooyoung salió con una sonrisa inestable en su rostro y el azul alrededor de su boca se había ido. Parecía un poco avergonzado de su colapso, pero el chico no tenía nada de lo que avergonzarse.
― Lo hiciste bien ― dijo San.
Wooyoung frunció el ceño. ―¿Qué quieres decir?
San se metió las manos en los bolsillos delanteros, que le daba algo para hacer aparte de colgar en sus costados.
― Tú sobreviviste.
La unidad de aire acondicionado en la pared sonó tres veces como si estuviera luchando para llegar a la vida antes de que los mecanismos empezaran a hacer un zumbido. Wooyoung se encogió de hombros antes de sentarse en la cama.
― Creo que sí.
― No, en serio. ― San se acercó con cautela antes sentarse en la esquina opuesta, manteniendo su distancia, incluso con ganas de tirar del hombre en sus brazos. ― Varias personas serían un desastre y estarían perdidas ahora.
Wooyoung dio una risa hueca.―¿Quién dice que yo no lo estoy?
San sabía que era una mentira. El hombre podría estar herido, pero no estaba roto. Cuando se conocieron, Wooyoung era como un chico con una fuerte personalidad. San dudaba seriamente que el hombre hubiera perdido su esencia, su tenacidad. Estaba apenas enterrado bajo su terrible experiencia, difuso por debajo de su piel. Pero estaba allí.
Los ojos de Wooyoung miraron a San y luego se fueron al suelo.
― Tú mantuviste tu promesa. ― Sus palabras salieron bajas, casi un susurro.
― Dije que lo haría. ― Puso sus manos en su regazo, mirando a un gran conjunto de espejos detrás de la televisión, preguntándose qué más diría. Wooyoung podría ser un luchador, pero estaba frágil ahora por causa de lo que pasó, y San no quería que el hombre saliera herido. ― ¿Quieres que me vaya?
