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Hyunjin se quedó atónito cuando vio a Yoon de pie en la sala. ¿Qué infiernos estaba haciendo este hombre aquí? Un sentimiento de inquietud se apoderó de él, pero Hyunjin mantuvo su temperamento bajo control. Yoon era un inversionista y sabía que sacar el culo del imbécil no sería bueno para Chan.

Pero maldición era tentador.

Minho se acercó a Hyunjin y cruzó los brazos sobre el pecho. —¿Desde cuándo entretenemos a los inversionistas en nuestra casa?

Eso es lo que Hyunjin quería saber. —No confío en él —le dijo a Minho—. Hay algo raro en ese hombre.

—Además del hecho de que trata a los hombres como objetos desechables —preguntó Minho. La reputación de Yoon era lo suficientemente grande como para que muchas de las panteras lo supieran, aunque nunca habían conocido al hombre. Pero Minho se había reunido con Yoon en la oficina corporativa y Hyunjin podría decir que Yoon le había desagradado a su amigo al instante.

Chan deslizó sus ojos hacia Hyunjin, una curiosa expresión en su rostro, como si el Alfa estuviera tratando de averiguar por qué Yoon había aparecido.

Infierno si Hyunjin sabía.

—Podemos terminar esta conversación en mi oficina — dijo Chan a Yoon. Hyunjin sabía que su Alfa estaba tratando de sacar a Yoon de la sala. Con Seungmin embarazado, Chan era sobreprotector.

Hyunjin lo sabía. El Alfa estaba tratando de dirigir a Yoon y sus hombres hacia una parte de la casa que no incluyera los dormitorios o el solárium, un lugar en donde a Seungmin le encantaba sentarse mientras hablaba con las diversas plantas.

A Hyunjin no le gustaba el hecho de que Yoon estuviera aquí. Jeongin había estado en la línea de visión de Yoon y dudaba que Yoon hubiera perdido el interés. Si el tipo miraba a Jeongin de una manera equivocada, inversionista o no, Hyunjin iba a golpear al pomposo imbécil.

Con Jeongin embarazado, Hyunjin sentía su lado salvaje salir.

Hyunjin decidió buscar a Jeongin. No sólo para advertirle al humano que Yoon estaba aquí, sino porque quería ver a su pareja. La necesidad de mantener a salvo a Jeongin era una emoción abrumadora.

Hyunjin contuvo un gemido cuando vio a San sentado en el porche con Jeongin. El chico era el más joven de los Centinelas, acaba de salir de sus años juveniles. O eso afirmaba Chan. Por cómo actuaba San la mitad del tiempo, Hyunjin discutiría ese punto.

—¿Por qué no te vas a encontrar a Minho y lo haces enojar —preguntó Hyunjin.

—También te quiero, hermano. —San sacó su teléfono celular—. Hey, Jeongin, mírame enojado.

Jeongin frunció el ceño. —¿Por qué haría eso?

San levantó el teléfono. —Así puedo reemplazar la foto de perfil que tengo de Hyunjin. De esa manera, cuando él llame, puedo reírme en lugar de enojarme que es la sensación que usualmente me deja después de hablar con él.

Para sorpresa de Hyunjin, Jeongin hizo lo que le pidió. Oh dios. Hyunjin no quería que estos dos se volvieran amigos. San era un problema con una P mayúscula.

—Lárgate. —Hyunjin ahuyentó a San—. Ve a acosar a otra persona.

San se reía mientras veía su teléfono. —Sí, ya está funcionando.

Cuando el Centinela se fue, Hyunjin se giró hacia Jeongin. —Yoon está aquí.

Jeongin señaló un BMW brillante. —Lo sé. Intercambiamos bromas.

El vello del cuello de Hyunjin se erizó mientras un estruendo bajo vibraba a través de él. —¿Qué te dijo?

Si el tipo insultó a Jeongin en modo alguno, Hyunjin iba a reventar al bastardo.

—Me preguntó cómo estaba.

Hyunjin frunció el ceño. Eso no sonaba como el Yoon que conocía. —¿No coqueteó contigo?

Jeongin sacudió la cabeza. —No.

Soltando un suspiro, Hyunjin pasó una mano sobre su cabeza mientras se sentaba. —No tengo idea de por qué está aquí, pero no confío en él.

—¿Eso crees? —Replicó Jeongin—. Los hombres como Yoon son cabrones oportunistas. Apostaría mi huevo izquierdo a que tiene un motivo oculto para estar aquí.

Hyunjin se rio. —Tienes habilidad con las palabras.

—¿Yo? —Jeongin movió sus ojos mientras colocaba una mano sobre el pecho—. Yo no soy quien le habló suavemente a un chico para llevarlo a la cama y embarazarlo.

El pene de Hyunjin se endureció al recordar los dos encuentros que había tenido con Jeongin. Quería experimentar una tercera ronda. —Hmm, si no recuerdo mal, fuiste tú quien llamó a la puerta de mi habitación de hotel.

—Semántica —Jeongin respondió con una sonrisa apenas contenida. Hyunjin se preguntó si Jeongin sabía lo sexy que era en ese momento. Esos hoyuelos aparecieron y se llevaron hasta la última gota de la contención que Hyunjin tenía para permanecer en su asiento. Hyunjin sabía que su obsesión por el cuerpo de Jeongin era algo más que lujuria.

Desde que conoció al humano, el sexo estaba al frente de su mente. No podía pensar en nada más que en hundir su pene profundamente en el cuerpo de Jeongin, acariciar al humano hasta que Jeongin ronroneara. Comenzó a jadear cuando pensó en Jeongin de rodillas chupándole el pene.

Jeongin arrugó la nariz mientras miraba a Hyunjin. —¿Por qué te ves como si estuvieras a punto de atacarme?

Poniéndose de pie, Hyunjin jaló a Jeongin en sus brazos y luego saltó sobre el barandal con un suave movimiento. Rodeó la casa, siguiendo el camino de regreso a su dormitorio. Hyunjin no quería encontrarse con Yoon.

Su pantera se paseaba con emoción ante la idea de joder a Jeongin una vez más. Pero esta vez, ya que él y su pantera estaban de acuerdo acerca del humano, se formaría un vínculo inquebrantable entre Jeongin y Hyunjin.

Cuando una pantera decidía tomar una pareja, un enlace, un puente se formaba entre los dos, conectándolos de manera que no se rompería a menos que uno de ellos muriera. Sería como si estuviera uno dentro del otro —según Chan.

Hyunjin estaba más que listo para averiguarlo.

Se detuvo cuando llegó a la esquina y vio a un desconocido de pie en el patio trasero. Hyunjin dejó a Jeongin de pie y luego empujó a su pareja detrás de él. Al mismo tiempo, Minho cayó de un árbol cercano, acercándose de una manera tan depredadora que haría que cualquier humano —y algunos shifters— se orinaran encima.

—¿Tienes deseos de morir? —Hyunjin preguntó cuando el desconocido se giró para ver a la pantera que se acercaba. Reconoció al extraño como uno de los hombres de Yoon. El hombre no debería estar paseándose por la parte de atrás.

—Estoy perdido —respondió el hombre.

Estaba mintiendo.

—Sugiero que te quedes al lado de Yoon. Husmeando conseguirás que te arranquen la garganta —dijo Hyunjin, señalando hacia la puerta de la cocina. Cuando el extraño se dirigió hacia el interior, Hyunjin se preguntó qué había motivado la visita de Yoon. El inversionista estaba tramando algo. Hyunjin podía sentirlo en sus huesos.

Pero no sabía qué era ese algo.

—Dime que no se quedaran mucho tiempo —dijo Jeongin, con los ojos pegados a la puerta de la cocina.

Agarrando la mano de Jeongin, Hyunjin comenzó a caminar de nuevo. —Chan no es un entretenedor. Dudo mucho que Yoon esté aquí mucho más tiempo.

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