C: 6 - CADA UNO EN SUS ASUNTOS

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Hogwarts-

—El segundo año de Donker era un poco raro para él, lleno de muchísimos aprendizajes. No solo se había quedado solo en el aspecto de sus pláticas con Dumbledore cada final de clases, sino también entendió que no podía confiar en nadie, en especial en quienes idolatraba.

El castaño había visto a Dumbledore como su salvador, como ese amigo importante que le abrió las puertas al Mundo Mágico, a algo sorprendente, a lo que más amaba y deseó por años cuando estaba en el Orfanato, su libertad.

Lo valoró tanto que, el hecho de no haber recibido ni siquiera un saludo por equivocación en esos primeros meses, ninguna nota, ninguna mirada. Eso le había dejado furioso, y más al ver como el hombre de larga barba blanca y lentes de media luna, casi siempre estaba con ese nuevo niño de Gryffindor con lentes circulares; Donker había notado como el viejo solo lo veía a él, a Harry Potter.

Incluso muchos otros estudiantes ajenos al castaño, se habían sorprendido al verlo tan separado del director de Hogwarts, se sorprendieron al ver como Harry Potter ahora tenía la atención del viejo, dejando al Slytherin en las sombras, como aquel juguete roto que cualquier niño cambiaba al recibir uno nuevo y con mejores condiciones.

Algo en Donker se rompió, algo que quebró, y fue su sentido de lealtad, de confianza, de amistad, aunque eso último hubo alguien que aun rescató un poco de aquel sentimiento en el ojimarrón, ese alguien fue Percy Weasley, quien al percatarse de ver al pequeño adolescente, intentaba acercarse cada que podía a él, a pesar de sus T.I.M.Os, a pesar de ser prefecto, a pesar de las clases, de sus amigos, de su novia, el pelirrojo a pesar de todo sus asuntos, siempre se hacía un espacio para su pequeño amigo.

Y eso hacia en ese mismo momento. Percy, junto a Penélope Clearwater, una chica de Revenclaw de cabello rubio largo y rizado, se encontraban afuera del aula de Transformaciones, donde se encontraban los alumnos de segundo año, aun recibiendo las clases de la profesora Minerva Mcgonagall-

Penny: ¿Crees que hoy sí acepte estar con nosotros? -miró a su novio-

Percy: Eso espero. Me preocupa verlo tan solitario.

Penny: ¿Por qué? Tú dices que le gusta ser reservado. -comentó, aún sentada en la banca que estaba frente a las puertas del aula-

Percy: Sí, pero, estas últimas semanas se la ha pasado escribiendo en una especie de libro. Es raro, parece distraído. -la miró- Es como si no fuera completamente él.

Penny: ¿Por qué lo dices? -lo miró sorprendida-

Percy: Porque ni siquiera tiene algo escrito ese libro.

Penny: ¿Cómo? -frunció el ceño- Pero acabas de decir...

Percy: Por eso mismo me preocupa. -interrumpió- Penny, alcancé a ver ese libro por segundos las últimas veces que vi a Donker, pero te lo puedo jurar, lo veía escribir y escribir en la misma página, y en ningún momento encontré algo escrito.

Penny: Bueno... quizá solo es un diario mágico. Uno personal.

Percy: No lo creo, Donker no se ve de ese tipo de adolescentes que escribe en un diario sobre su día.

Penny: Bueno, Amor. Nadie sabe lo que es realmente la vida de otra persona. -se encogió de hombros-

Percy: Pero...

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