C: 11 - PULSERITAS DE CUENCAS

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Mansión Malfoy-

—A tan solo dos días de volver a Hogwarts, Donker debía regresar al Orfanato ya que, después del Yule donde se escapo con Barty hace unos meses, Dumbledore había pedido estrictamente que el chico solo podía viajar hacia la estación de King's Cross, con María, o Claudia, una de dos.

Lamentablemente Barty no podía hacer nada, al él estar muerto para todos, no podía suplantar a Alfred o a Terence siempre, eso sería arriesgado. Lucius por otro lado no podía hacerse responsable, mucho menos Narcissa, quien aunque quisiera tener al adolescente con ella por siempre, había recibido órdenes de no interferir. Ella estaba a punto de negarse, pero Lucius, después de una charla larga con Barty, dijeron que no.

Aun así, esa tarde, antes de regresar al orfanato, Donker escuchó ruidos en la planta baja, quizás de la sala principal, un par de voces más se escucharon, entre ellas, una voz infantil y femenina, un poco chillona para el gusto del joven castaño, pero cinco segundos después, la puerta de la habitación en donde había pasado su estadía en la MansiónMalfoy, había sido tocada tres veces-

Draco: Eh... ¿Donker? -pregunto del otro lado-

Donker: Adelante, Draco. -respondió de inmediato, continuando con su actividad de doblar su ropa-

-en esas vacaciones, Donker no solo vivió en una Mansión increíble y comió comida como si no hubiera un mañana, sino que Narcissa Malfoy se encargó de comprarle nueva ropa, decente, digna de alguien como él. De darle algunos presentes como anillos, un reloj, una colonia. El chico se sintió extremadamente agradecido con la mujer, no la conocía, pero parecía que ella quería hacerse cercana a él, y definitivamente lo había conseguido, no sólo por llenarlo de cosas materiales, sino porque cada noche, antes de dormir, Narcissa llegaba a su habitación y le deseaba las buenas noches.

Algo que nunca nadie hizo por él antes.

Claro, Barty lo hacía, pero le daba un almohadazo o un golpe en la espalda para acostarlo en el colchón.

Donker se refería al trato de Narcissa, como algo maternal, algo que nunca había experimentado, y él fue feliz esos días junto a ella.

Cuando Draco entró a la habitación, se veía presentable, con un suéter negro y un pantalón del mismo tono, aunque su cabello, como siempre, dejaba ver los tres litros de gel que el niño ocupaba, aún así, el rubio, al ver a Donker empacar, sonrió apenado-

Draco: Los Parkinson han llegado para cenar. -informó con una sonrisa-

Donker: ¿Los Parkinson? -lo miró confundido-

Draco: Sí, bueno, solo son el señor Parkinson y Pansy, pero cenaremos con ellos hoy.

Donker: De acuerdo. -respondió aun con confusión-

-el chico no sabía por qué le decía eso, al final de cuentas, la mansión era de él, no suya. Sólo era un invitado más-

Draco: Es una pena que te tengas que ir, me agradaste mucho, ¿sabes? -le sonrió-

Donker: Tú no me resultaste tan desagradable tampoco, Draco Malfoy. -se giró para verlo-

Draco: ¿Eso fue un halago? -lo miró confundido-

Donker: Tómalo como quieras. -le sonrió, girandose para meter su última camisa en su baúl- Dale las gracias a tu madre por el nuevo guardarropas apenas me vaya. -comentó sonriendo- Se ha portado como toda una persona importante... y no me refiero a alguien poderosa o hermosa. -lo miró de reojo- Aunque lo es. -susurró para sí mismo, con una sonrisa- Pero se volvió alguien importante para mí.

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